Nacionalismo paraguayo

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La figura de Carlos Antonio López (en la imagen) y su hijo Francisco Solano López se utilizan como símbolos centrales en la propagación del nacionalismo paraguayo

El nacionalismo paraguayo es una corriente ideológica, social y política que ha influido en el desarrollo del país desde su independencia en 1811.[1][2] Se caracteriza por una exaltación de la identidad nacional, el culto a figuras históricas emblemáticas y una narrativa que enfatiza la singularidad del Paraguay dentro de América Latina.[3] A lo largo de la historia, esta ideología ha servido tanto para la cohesión nacional como para justificar diversas formas de gobierno, incluyendo regímenes autoritarios.[4][5][6][7]

En el siglo XXI, el nacionalismo paraguayo sigue teniendo una presencia significativa en la política, la educación pública y la cultura popular. Su influencia se observa en discursos oficiales, en la forma en que se enseñan la historia y la identidad nacional en las escuelas, y en la manera en que se perciben las relaciones internacionales. No obstante, sigue siendo un tema de debate académico y político, ya que, mientras algunos lo consideran un factor unificador, otros advierten sobre su potencial para justificar políticas excluyentes y autoritarias.[8][4]

Autonomía paraguaya

Escudo de armas imperial hispano de la ciudad de Asunción otorgado por el Emperador Carlos V (Carlos I de España) del Sacro Imperio Romano Germánico

El origen mismo del nacionalismo paraguayo se puede perseguir incluso desde antes de la formación del estado-nación-pueblo desde la forma de los proto nacionalismos (prototipo de nacionalismo) y el nacionalismo del Imperio español durante la época de la era de la regencia (Imperio británico), era napoleónica (Imperio francés) o incluso antes. Esto debido a que las provincias circundantes a los territorios de la intendencia de Paraguay los consideraban como "la tierra de los paraguayos o tierras guaraníes", debido a estos términos y la creación misma de la provincia, la cultura y el molde de lo que se conocen como «los paraguayos» empezó a ser construida desde siglos antes de la revolución nacionalista que dio la independencia como estado a Paraguay en 1811, entendiéndose así como un inicio de una proto-autonomía con pueblos distintos que empezaron a convivir y mezclarse bajo la tutela de los colonos españoles y los pueblos nativos. Marcando así una raya divisoria y una pequeña distanciación entre diferentes regiones. Aunque estas diferencias son poco notorias en la cuenca del Plata de la propia época, son reconocibles a día de hoy. Vinculadas sobre todo a la tesis del nacionalismo criollo debatida en la comunidad anglófona y ausente en la comunidad americana hispana y portuguesa.[9]

Aunque en la práctica los territorios de Paraguay estaban bajo una cadena de mando desde su reclamación y creación en diferentes contextos de administración territorial del Imperio español, cuando se creó la misma intendencia de Paraguay dentro del virreinato del Río de la Plata la cadena de mando respondía a Buenos Aires que a su vez respondía a Madrid. Para la época la cadena de mando era relativamente muy lenta y tardía en las comunicaciones o la logística, debido a la mediterraneidad de Paraguay, la cadena de mando pasó a ser en buenas ocasiones de la historia de la provincia a ser muy autónoma, pero sin violar la lealtad a la misma corona y otras veces bastante rápida y con total subordinación y lealtad explícita a la corona, estas etapas son especialmente estudiadas durante los periodos de crisis de la provincia como la revolución de los comuneros y las guerras imperiales, donde la provincia actuó de formas contundentes en sucesos críticos sin comunicación directa o semidirecta con Buenos Aires e incluso Madrid al momento de los sucesos.[9]

Las guerras de Europa el catalizador de la emancipación del Paraguay

Revolución comunera de 1721-1735

La revolución comunera de Paraguay de 1721 fue la guerra que más afecto a la provincia directamente, fue una guerra civil de carácter burgués entre asuncenos criollos y colonos a favor de la esclavitud y los jesuitas de las misiones que defendían a los guaraníes y otras tribus. Dicho conflicto dejó bastante agotado a la región al punto que se dio el pleno derecho a los colonos y se ordenó la expulsión de los jesuitas. La cicatriz más notoria de esta guerra es la división de las misiones, una quedando subordinado ante Asunción y la otra misión subordinada a Buenos Aires dentro del mismo imperio, esa división realizada a partir de ese conflicto fue evolucionando con el tiempo y hoy en día, ambas misiones son el Departamento de Misiones de Paraguay y la provincia de Misiones de Argentina. Además, el conflicto influyo directamente al inicio de la guerra guaranítica por factores de la tensión social y belicista.[10]

Guerras guaraníticas y guerra de los Siete Años (1753 - 1763)

Previo a la era crítica de los movimientos independentistas nacionalistas de las Américas, en el contexto de la región del Río de la Plata ocurrió en la década de 1750 principalmente casi al mismo tiempo las guerras guaraníticas en las Misiones y al finalizar esta "guerra secundaria" estalla la guerra de los siete años un conflicto de escala global que en la región del Plata, lo disputaron directamente los imperios portugués y español, en ocasiones el Imperio británico. Este conflicto dejó importantes batallas en la región de la banda oriental como el asedio de Sacramento de 1763 (Uruguay) por tropas del ejército imperial español bajo el mando del virrey Cevallos, lugar que en el pasado ya habían participado soldados de la provincia de Paraguay en la batalla de Sacramento de 1680, también ocurrió ese mismo año el combate naval de San Miguel (frontera costera de Brasil y Uruguay) y la batalla de Río Grande (ciudad de Río Grande). Ambas de estas guerras involucraron indirecta o directamente a la provincia paraguaya en las hostilidades lo que pudo dejar efectos negativos en la población local como el "cansancio de guerra", especialmente la rebelión de los siete pueblos de las misiones jesuíticas fue la que más involucró a la provincia paraguaya por el cumplimiento del tratado de Madrid-Permuta de 1750, mientras que la de los siete años es un completo misterio en materia de involucramiento de la provincia. Poco tiempo después de finalizada la campaña en la banda oriental en 1763 estallaría en el norte de América la revolución de las treces colonias lo que desviaría toda la atención de Portugal y el Imperio británico dando finalizada la campaña por el momento.[11][12]

Guerra hispano-portuguesa en Sudamérica de 1767-1777

Debido a los hechos históricos ocurridos en el año 1763 y los incumplimientos de tratados de ambas partes. El ejército imperial portugués empezó a acumular tropas en la región, triplicando en número a las fuerzas españolas acantonadas en Río Grande, en 1767 inicia la guerra cuando el ejército portugués lanza ataques directos a la fortaleza lo que dio inicio a las escaramuzas por toda la zona y la construcción de fuertes por ambos bandos. En 1974 las fuerzas de Vertíz atacan el fuerte Jesús, María, José de Río Pardo, el mismo fuerte sería el escenario directo del periodo más violento y directo de la guerra con choques más constantes entre ejércitos en 1974, al mismo tiempo de la ofensiva española, se atacan el fuerte Santa Bárbara y Guardia de Piquirí, los portugueses realizan una contraofensiva en la batalla de Tabatingai y en 1975 conquistan el fuerte Guardia de San Martin, en 1976 los portugueses desembarcan en Río Grande y sitian el fuerte de Santa Tecla propiciando una dura derrota al Imperio español.[13]

Ese mismo año bajo el Rey Carlos III, mando nuevamente a su líder militar regional y exgobernador el general Pedro de Cevallos. Disponiendo de todos los recursos posibles para la guerra, otorgándole casi 10mil hombres y más de 100 barcos de guerra y barcos mercantiles. Llamando a la guerra a todas las regiones posibles, incluida Paraguay así como Cuyo, Chile, Tucumán y Río de la Plata. En 1977 la armada de Cevallos ataca la isla Santa Catarina y vuelve a atacar Sacramento, para este momento la guerra ya era total para la región debido a la gran acumulación de tropas y sus armadas de ambos imperios.[13]

Batalla del fuerte Iguatimí, fundación del fuerte concepción y escaramuzas en la zona del Apa

En ese mismo año en Paraguay ocurre la batalla del fuerte de Iguatimí que involucró a más de dos mil soldados del Imperio español, con anterioridad también se mencionan de escaramuzas en el fuerte de San José al norte del Río Apa y la construcción de la Villa real de la Concepción una villa y fuerte militar para la contención de los portugueses, aunque también se mantenía conflictos armados con tribus locales, como los mbaya por las zonas norte demostrando así la plena participación de la provincia en las hostilidades. La guerra terminaría con la firma del tratado de San Ildefonso ese año y se oficializa de facto la creación del virreinato del Río de la Plata.[14][15][16][17]

Para este punto el Imperio español entraría directamente en guerra tras guerra, terminada esta campaña el imperio concentró sus fuerzas para la guerra de Independencia estadounidense contra el Imperio británico que ocurría al mismo tiempo.

Revolución francesa y la Gran Guerra europea (1789-1795)

Tras la firma del tratado de París de 1783 en la que el Imperio británico reconocía su derrota ante lo que eran sus trece colonias ya independientes. El Imperio español vivió una relativa y tensa paz, pero el costo de la guerra ya había mermado sus fuerzas y dejado graves roturas en su capacidad de gobierno. El Imperio francés que también había participado en la guerra de independencia estadounidense también sufrió del desgaste bélico, su sistema de finanzas y economía de la época también habrían quedado mermadas y tambaleantes, sumado a un creciente ambiente civil hostil y descontento que adelantaría una crisis para las monarquías de Europa.[18]

Habían solo pasado 6 años del fin de la guerra y estallaba por diversas causas conjuntas la revolución francesa en 1789, que terminaría con la ejecución del monarca Luis XVI en 1793, antes de eso los borbones de España vieron con total negatividad la revolución, observaban detalladamente como la guerra avanzaba por toda Francia. El Imperio español tomo medidas urgentes de contención, preparación y movilización militar, así como también condeno al nuevo régimen francés. Las tensiones ya habían escalado en los Pirineos con la movilización de los ejércitos, la guerra ya había estallado con la muerte de Luis XVI con los frentes de Bélgica-Holanda contra las monarquías de los Habsburgo y Prusia, también la que hoy es la frontera italiana contra el reino cerdeño-piamontés. La guerra llegaría a los Pirineos con algunas escaramuzas, hasta volverse total con la ofensiva española en Rosellón dando oficializada la primera guerra de coalición y la propia campaña de Rosellón-Pirineos. La guerra terminaría con la firma de la paz de Basilea en 1795. Pero al poco tiempo estallaría otra larga guerra con el Imperio británico en 1796.[19]

Influencia de la guerra en Dr. Francia

José Gaspar tendría entre 20 y 30 años en el momento del inicio de esta guerra universal y la propia revolución en Francia, lo que lo hace probable de ser influenciado por las ideas defendidas en la guerra, en algunos pensamientos mismos de él y los hechos posteriores. Muchos historiadores concuerdan que Gaspar se influenció de la doctrina jacobina, la liberal girondina y las ideas de la ilustración, aunque también se destacó por el absolutismo y la centralización del poder, la autoridad y el uso de milicias leales y la lealtad del catolicismo a la causa como las vistas en la campaña de la Vendée (guerra civil francesa en el mismo periodo) y las monarquías. También se le atribuyen ideales bonapartistas y militaristas, es un debate concurrente entre las izquierdas y derechas paraguayas.[20][21][22][23]

Guerra de las Naranjas de 1801

Mientras se libraba la guerra con el Imperio británico, estalló al mismo tiempo una breve guerra con Portugal que se dio en la península ibérica entre finales del mes mayo e inicios de junio de 1801 por la negativa de Portugal a romper su alianza y comercio naval con los británicos dictada por Napoleón y por una pequeña ofensiva fronteriza de fuerzas españolas y francesas. La guerra solo duro 18 días y la paz se firmó el 6 de junio con el tratado de Badajoz en el que Portugal terminó cumpliendo las demandas de Napoleón y en el que España tuvo que devolver el territorio fronterizo ocupado en esos días.[24]

Guerra de las Naranjas en Sudamérica (junio 1801 - enero 1802)

Debido a los problemas de logística y difusión de la información de la época, las provincias portuguesas de América del sur recibieron la noticia de la declaración de guerra el 15 de junio, poco más de una semana después de la firma de la paz, la información fue verificada con la llegada de otro buque el 22 de junio. Sin haber recibido órdenes del virrey de Brasil, el gobernador de Río Grande Sebastião Xavier da Veiga ordenó a sus generales el inicio de las hostilidades a los españoles, con el ataque al fuerte quilombo el 14 de julio, en los días siguientes se atacarían y capturarían o incendiarían los fuertes San José, Santa Rosa, San Antonio de la Laguna, Batoví, guardia de San Sebastián y guardia de San Rafael. Pese a las hostilidades la guerra fue declarada por el gobernador el 17 de agosto. En los meses siguientes los portugueses capturarían de nuevo los fuertes Santa Tecla, San Borja, Cerro Largo y San Martin, también ocuparían los poblados guaraníes de misiones y los poblados de las zonas San Miguel y Chuy. El 17 de octubre se produjo la batalla de paso de concepción con una derrota española. A mediados de noviembre, el virrey del Río de la Plata, convoco a todas las milicias regionales para la guerra.[25]

Batalla de Coímbra (16-25 de septiembre de 1801)

El fuerte de Coímbra, cercano a Corumbá, fue atacado por una expedición de cuatro escunas y dos canoas con 600 hombres, al mando del gobernador del Paraguay, Lázaro de Ribera. El forte Novo de Coímbra estaba entonces guarnecido con apenas 42 hombres al mando del teniente coronel Ricardo Franco d'Almeida Serra, junto con 60 civiles, que resistieron un cerco de diez días, del 16 al 25 de septiembre de 1801.[26]

La expedición llegó al fuerte el día 16, desde la provincia paraguaya por el Río Paraguay, siendo recibida a cañonazos. Al día siguiente, los españoles intentaron un desembarque en la punta superior del fuerte, pero la artillería portuguesa rechazó a las milicias. El día 19 atacaron por el otro lado infructuosamente, al día siguiente se apoderaron de comestibles, sin consecuencias para los defensores. El 24 de septiembre, con sus fuerzas reorganizadas, los españoles intentaron un último esfuerzo, nuevamente sin éxito, y se retiraron el 25 de septiembre sin poder tomar el fuerte.[26]

Ataque al fuerte San José, río Apa (enero de 1802)

En represalia por el ataque a Nova Coímbra, en enero de 1802 por orden del gobernador del Mato Grosso, Caetano Pinto de Miranda Montenegro, el comandante portugués del fuerte de Miranda, Francisco Rodrigues do Prado, avanzó por el valle del río Mondego con 54 hombres tomó y arrasó el fuerte de San José, ubicado en la margen sur del río Apa, el cual estaba defendido por 100 hombres al mando del capitán Juan Caballero.[27]

En la zona ya existían varios fuertes del Imperio español debido a las tensiones bélicas, como el fuerte borbón y San Carlos del Apa. En esta batalla tuvo su bautismo de fuego el futuro prócer de la independencia paraguaya Fulgencio Yegros.[28]

Invasión británica al Río de la Plata (1806 - 1807)

La guerra contra el Imperio británico seguía, tras un ataque y conquista en cabo de buena esperanza contra un territorio títere colonia neerlandesa de Napoleón llamada República Bátava. Tras la victoria la flota inglesa recibió órdenes de patrullar el océano atlántico sur en busca de alguna armada enemiga, pero debido a tratos de información entre un estadounidense que informo que Buenos Aires estaba escasamente defendida por el Imperio español. Luego de diversas charlas. Una pequeña flota inglesa zarpó con la misión de tantear las defensas de la zona. La flota inglesa fue divisada el 8 de junio de 1806 en el cabo Santa María y desembarco casi 2 mil tropas de infantería el 25 de junio, la ocupación fue prácticamente sencilla, el virrey se replegó a Córdoba y se organizaron algunas milicias que iniciaron la batalla de Buenos Aires el 12 de agosto logrando la rendición británica el día 20, sin embargo la flota imperial permaneció bloqueando la cuenca esperando los refuerzos.

Para octubre llegarían los primeros refuerzos y se producirían los desembarcos en la banda oriental y los bombardeos a la ciudad capital, el sitio de Montevideo inicio en enero de 1807 con una victoria aplastante de los británicos, acumulando en los siguientes meses entre 13 a 20 mil hombres avanzaron y capturaron Colonia Sacramento que caería el 15 de marzo. A inicios de julio la ciudad de Buenos Aires empezó a ser sitiada, tras la batalla y la feroz resistencia de la batalla urbana el comandante británico negocio la rendición tras sufrir grandes bajas, en uno de los puntos también acordó desocupar la banda oriental.

En la campaña del Río de la Plata, Bernardo de Velasco fue el segundo general mayor de la defensa de Buenos Aires, solo por debajo de Liniers, entre sus filas estuvieron los próceres soldados Fulgencio Yegros, Antonio Tomas Yegros (hermano de Fulgencio), José de Espínola y Peña, Fernando de la Mora, Juan Francisco Recalde, Bonifacio Vicente Ramos, Manuel Atanasio Cabañas, Juan Manuel Gamarra, Pedro Mier, Mauricio José Troche, José Fernadez Montiel, entre otros. En toda la guerra se estima que entre 700 y 1600 provincianos y nativos guaraníes de Paraguay y Misiones participaron de las hostilidades.

Durante la guerra, muchos de estos hombres pelearon codo a codo, con los soldados Manuel Belgrano y Gervasio Artigas, lo que puede dar a entender algunos actos amistosos o bondadosos posteriores de ellos en los siguientes años, la mayoría de estos veteranos volvieron a la provincia paraguaya enojados, exhaustos, críticos, traumados y sintiéndose traicionados por la pésima dirección de la defensa de la zona por el virrey del Río de la Plata y por el Imperio en general, en especial por el desastre de la defensa de la banda oriental y la falta de armamento.

Mientras en el otro lado del atlántico, 3 meses después se firmaría el tratado de invasión de Portugal por España y Francia, que en teoría permitía el rey Carlos IV el libre tránsito de las tropas de Napoleón para la conquista de los territorios de Lisboa, la invasión comenzaría en octubre y ese mismo mes la evacuación de la monarquía portuguesa a Brasil, pero las tropas francesas terminarían ocupando a la larga toda España, lo que generaría la crisis definitiva para la caída el Imperio hispano. En enero de 1808, Gaspar fue elegido alcalde de primer voto en el cabildo de Asunción y al año siguiente, su nombre integró la terna para la elección de diputados del Virreinato del Río de la Plata a las cortes españoles, casi al mismo tiempo en España ocurrían el motín de Aranjuez, el levantamiento del 2 de mayo en Madrid, las abdicaciones de Bayona y el propio inicio de la guerra de la Independencia española.

Guerra de independencia paraguaya

Contexto político regional

Guerra de independencia paraguaya
Parte de Guerras de independencia hispanoamericanas
Fecha 30 de agosto de 1810 al 15 de mayo de 1811
Lugar Intendencia del Paraguay
Intendencia de Buenos Aires (Corrientes y Ñeembucú)
Gobierno de las Misiones Guaraníes
Casus belli Primera Junta
Revolución de mayo
Caída de la Junta Suprema Central
Reconocimiento al Consejo de Regencia de Cádiz por Bernardo de Velasco
Resultado Victoria realista paraguaya
Consecuencias Revolución de mayo de 1811
Cambios territoriales La provincia de Paraguay anexiona el norte corrientes y misiones llegando al río Paraná
Beligerantes
Patriotas de la Junta de Buenos Aires Regencia de España
Realistas de la provincia de Paraguay
Comandantes
Manuel Belgrano
José Ildefonso de Machain
Tomás de Rocamora
Gregorio Perdriel
Bernardo de Velasco
Manuel Anatasio Cabañas
Juan Manuel Gamarra
Fulgencio Yegros
Jaime Ferrer
Fuerzas en combate
1000 a 2000 soldados 3000 a 6000 soldados
Bajas
alrededor de 300 prisioneros, 400 desertores y posiblemente unos 100 muertos Alrededor de 100 bajas entre muertos y heridos, cerca de 20 prisioneros

Debido a las diversas circunstancias económicas y sociopolíticas críticas de la dinastía borbónica española que fueron acumulándose con el tiempo y agravándose en los últimos años de 1800 y 1810, el desgaste de las guerras imperiales, la creciente ingobernabilidad y la indefensa de los territorios ante ataques de otras potencias, la economía fuertemente monopólica y proteccionista, se formaron en las Américas 2 frentes tras la invasión napoleónica y las abdicaciones de Bayona, los carlotistas y los fernandistas, que generalmente eran realistas, por su lado contrario estaban los autonomistas y los patriotas, especialmente los patriotas ya vendrían siendo considerados rebeldes por la corona española en esos años. Tras esos sucesos y el estallido de la guerra de Independencia española, se formó la junta suprema central, que terminó disolviéndose en enero de 1810 y transformándose en el Consejo de Regencia de España e Indias.

Mientras tanto en el virreinato de la Plata, ya venían produciéndose amotinamientos, rebeliones, protestas y escaramuzas entre militantes patriotas y realistas principalmente y las más conocidas como la junta de Elío en Montevideo, un movimiento de resistencia contra el virrey Liniers por sospechas de ser francés bonapartista en 1808 que casi derivó en una guerra entre Buenos Aires y Montevideo, la rebelión fernandista de Chuquisaca y la ciudad La Plata (actual Sucre, Bolivia) y la rebelión autonomista en ausencia del rey de la junta tuitiva en La Paz, la junta de Quito todas de carácter pro realista y autónomas, por esos años la zona de Alto Perú ya era una zona de guerra de facto.

Paraguay y Asunción especialmente no formaron una junta y se mantuvieron leales a la corona y al virrey Liniers, con el cual, Bernardo de Velasco había comandado la defensa de Buenos Aires y Montevideo, en 1909 se producía la asonada de Álzalga, un intento fallido de golpe de Estado contra Liniers por los mismos motivos que la junta de Elío en Montevideo, el origen francés de Liniers. Aun así, la provincia paraguaya no se salvo del inicio de las tensiones cívicas que se fueron expandiendo como polvorín por el terreno, aun así juraron lealtad al siguiente virrey platense Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Preguerra

En enero de 1810 la Junta Suprema Central se disuelve y se forma el Consejo de Regencia, noticia que llegaría en mayo de 1810 a Buenos Aires produciendo los eventos de la revolución de mayo, en la cual se formó la junta de mayo "Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII" en el que como dice el nombre es la auto gobernación de los territorios para Fernando VII hasta que se ponga fin a la guerra deponiendo al virrey con milicias de mayoría criolla, poniendo en jaque el sistema de la prioridad de autoridades peninsulares de los territorios de la corona, este acto fue visto por el Consejo de Regencia como una de rebelión y declararon a la ciudad de buenos aires en estado de insurrección por posibles influencias bonapartistas. Iniciando así la guerra civil, las ciudades de Santa Fe y Corrientes declararon lealtad a la causa de Buenos Aires, mientras que Montevideo, Asunción, Córdoba, Concepción, Valdivia, Carmen de Patagones, Chiloé, Potosí, Chuquisaca, La Paz, Salta, Jujuy, Tarija como leales a la corona. La ciudad de Córdoba fue la primera acción militar de la guerra de independencia argentina donde fue ejecutado el ex virrey Liniers.

Entre finales de mayo y junio de 1810, en la zona de villa franca y villa pilar, se produjo una persecución contra el excoronel José de Espínola y Peña, que había jurado lealtad a la junta de buenos aires y desertado tras no seguir las indicaciones de Velasco (que ya conocía sus planes) y por intentar reclutar civiles para crear una milicia y jurar lealtad a Pilar a la junta bonaerense, este hecho provocó la baja de 3 soldados realistas, 2 de ellos muertos.

"Paraguay no derramó sangre por su independencia" - historiografía paraguaya

El evento de José de Espínola y Peña se menciona en la historiografía paraguaya como la primera escaramuza militar de la guerra en la zona siendo un incidente aislado político, aunque también la misma historiografía defiende un mito de como "Paraguay no derramó sangre por su independencia", frase raramente repetida por los paraguayos cada año, aunque es una mitología y realidad a medias, debido a que el argumento se centra más en los eventos de Asunción de mayo de 1811. Pero saltándose los eventos anteriores a este hecho principal. Debido a que la guerra de independencia paraguaya se da como una sub campaña siendo leales a la corona, dentro de la misma guerra entre realistas y patriotas de las guerras de independencia hispanoamericanas siendo esta misma, otra sub campaña dentro de la guerra de Independencia española y el contexto de las guerras napoleónicas, más no termina allí, debido a que el naciente país, aun así colaboró en las campañas indirectamente de esas guerras debido a su cercanía y la simpatía de los civiles.[29][30][31][32]

Dicha frase de "no se derramó sangre por la libertad de los paraguayos", es catalogada por varios historiadores como un argumento populista y un instrumento político que busca distorsionar la historia. Teniéndose en cuenta que muchos de los próceres militares y civiles de Paraguay sufrieron de trastornos psicológicos por esta campaña junto a la campaña defensiva de Buenos Aires y Montevideo en 1806 y 1807 o las campañas posteriores a la revolución de mayo de Asunción. Como el propio miedo, desconfianza a que tropas realistas portuguesas llegasen a Paraguay para iniciar un frente de batalla ya existente contra la junta de Buenos Aires en misiones y corrientes (pensamiento recurrente de José Gaspar). Así como la frustración de Manuel Cabañas por la falta de apoyo del imperio a la defensa del virreinato del Río de la Plata.

Congreso de Asunción del 24 de julio de 1810

Basándose en el principio del consentimiento, como parte esencial del derecho natural o de gentes, y en el de la retroversión de la soberanía a los pueblos, la asamblea –compuesta por 214 personas– en un acto de triple soberanía, determinó:

  1. "Reconocer" al Consejo de Regencia de Cádiz por haberse constatado su legitima instalación.
  2. Suspender todo reconocimiento de superioridad de la junta de Buenos Aires hasta que el Rey, que por ahora no estaba en condiciones de hacerlo, «resuelva lo que es de su soberano agrado».
  3. Mantener, mientras tanto, buenas relaciones con Buenos Aires.

La posición política expresada por el doctor Francia durante el Congreso fue que la provincia del Paraguay no debía obedecer al gobierno español ni a ningún otro y su firma no figuró en el acta final del mismo.

Esta asamblea no perderá su tiempo debatiendo si el cobarde padre o el apocado hijo es el rey de España. Cada uno de ellos ha abdicado dos veces. Los dos han demostrado su débil espíritu y su desleal corazón. Más sea o no sea rey de España uno de ellos, ¿qué nos importa a nosotros? Ninguno de ellos es ya rey del Paraguay. El Paraguay no es patrimonio de España, ni provincia de Buenos Aires. El Paraguay es Independiente y es República. La única cuestión que debe debatirse en esta asamblea y decidirse por mayoría de votos es cómo debemos defender y mantener nuestra independencia contra España, contra Lima, contra Buenos Aires y contra el Brasil; cómo debemos mantener la paz interna; cómo debemos fomentar la pública prosperidad y el bienestar de todos los habitantes del Paraguay
Discurso atribuido al doctor Francia - Congreso General Realista del 24 de julio de 1810, según relato del fray Francisco Javier Bogarín.(Vittone, 1960, p. 13-14)}}

Inicio de la guerra

El 30 de agosto, Velasco y sus fuerzas comandadas por Manuel Cabañas cruzarían el río Tebicuary y llegan a Candelaria para requisar el armamento en preventiva de que insurgentes secesionistas se apoderen de ellas y anexando la localidad departamental al bando realista, en septiembre hizo lo mismo con la localidad de Santiago e Itapúa las zonas ribereñas. [33]

El 15 de septiembre, Velasco orden a las fuerzas realistas al comando de Jaime Ferrer lanzar ataques y ocupar varios fuertes al sur de Villa Pilar incluida la Guardia de Curupayty y Ñeembucú, mientras que una flota de 4 barcos bajo el almirante José Antonio Zavala desembarcó y requisó varios buques en Corrientes ocupándola temporalmente para romper un bloqueo a la provincia, para este punto las fuerzas realistas paraguayas dominaron casi todo el río Paraná, también se ordenó expulsar a todo aquel que no acatara las órdenes y sea "traidor a la madre patria y al Rey".[33]

El 1 de diciembre, el ejército patriota de Manuel Belgrano sería visto en las riberas del Río Paraná, tanteando lugares para cruzar el río. Llegando hasta Candelaria y cruzando el río el 19 de diciembre produciéndose una escaramuza en Campichuelo con una patrulla de reconocimiento y avanzada de la provincia paraguaya.[34]

El 6 de enero de 1811, ya con el ejército de Belgrano cruzando el Tebicuary, se tropiezan con una patrulla de soldados realistas en su retaguardia en el bosque Maracaná, luego de un combate de corta duración toman 2 prisioneros y fusilan a uno de ellos por ser español. Tras esto, Belgrano admitiría más tarde que se dio cuenta tarde de que los realistas estaban realizando tácticas de tierra quemada y guerrilla, acosando y observando su ejército, mientras que los civiles lo veían como conquistador y no un libertador, dificultando aún más la logística, admitiendo que desconocía que en su retaguardia ya habían tropas y buques de los realistas, hasta civiles fungiendo de espías.[33][35]

Óleo de la Batalla de Paraguarí

Batalla de Paraguarí (19 de enero de 1811)

El 15 de enero, patrullas adelantadas de Belgrano, al mando de su ayudante montevideano Manuel Artigas y el veterano de guerra asunceno José Ildefonso de Machain hicieron contacto con una partida paraguaya cerca del arroyo Mba'e y (guaraní: donde esta el agua). Artigas informó que más allá del arroyo, a unos 4 km, se veía "mucha gente". Utilizando una lomada existente en su línea de marcha, Belgrano subió al cerro Mba'e (Cerro Porteño), distante unos 6,5 km de Paraguarí.[36]

El 19 de enero comienza la batalla de Paraguarí, en la que Belgrano envió 2 columnas de infantería a atacar una ciudad desde un llano y un arroyo, teniendo de frente un pueblo, 2 cerros de 300 metros y un arroyo defensivo para las fuerzas de Velasco. En nombre de Fernando VII, portando las banderas del rey y al grito de ¡Viva el Rey!, tanto Velasco como Belgrano decidieron avanzar en la madrugada chocando sus fuerzas en el llano, teniendo una ligera derrota esperada de Velasco, haciendo que las tropas de Belgrano se sientan atraídas a una batería de artillería, atacándolas y ocupando el pueblo de Paraguarí, Machain que ya era veterano de la guerra de Independencia española se dio cuenta de la trampa, Machain ordenó la retirada con Perdriel (otro comandante de Belgrano) tras recibir fuego de artillería y fusilería por sus flancos desde la dirección de los cerros, escuchando el inmenso ruido de los galopes de la caballería paraguaya de Manuel Cabañas y Gamarra por sus flancos empleo la retirada total y desorganizada, dejando atrás a varias decenas de sus fuerzas, que fueron superadas en números, cercadas y aniquiladas o rendidas.[37][36]

¡Viva el Rey!
Bernardo de Velasco - Gobernador de la Provincia del Paraguay Batalla de Paraguarí

Después de la derrota, Belgrano empleo la retirada al observar la desmoralización de sus tropas de nuevo al Río Tacuarí, tiempo después admitiría que fue una completa descabellada atacar así y subestimar a un general que organizó la defensa de Buenos Aires junto a soldados curtidos en esa campaña sería un trabajo fácil. También describió que el hijo de José de Espínola y Peña, Ramón Espínola, cayó prisionero en esa batalla y fue degollado por "traición al rey y la madre patria" usándose su cabeza como demostraciones, negociación y trofeo de guerra ante el.[38]

El 21 de enero, a las riveras de Itapúa se posicionaron varias cañoneras navales de la armada real de Velasco para cortar su logística desde las afueras de candelaria y su posible retirada.

Batalla de Tacuarí (9 de marzo de 1811)

El 5 de marzo, en un oficio a Ángel Fernández Blanco, Belgrano se quejó «del poco patriotismo de los vecinos de Corrientes» que no querían enviar lo solicitado sin antes recibir el pago correspondiente. Esto se debía a que las noticias que llegaban desde Itapúa a Corrientes eran alarmantes. Afirmaban que Belgrano estaba rodeado en Tacuarí y que patrullas paraguayas habían ocupado Trinidad.[cita requerida]

Batalla de Tacuarí

Para marzo de 1811, las tropas realistas habían encontrado el campamento de Belgrano fortificado por ambos ríos, Cabañas que ya conocía el lugar mando a construir un puente 10 kilómetros al norte de la posición del ejército de Belgrano, iniciando la batalla el 9 de marzo atacando por donde Belgrano tenía su punto defensivo más fuerte, por el río Tacuarí, también utilizando algunos barcos cañoneros desde el Paraná. Belgrano a pesar de estar sorprendido por el repentino ataque, vio que las fuerzas realistas estaban atacando por donde anticipó un ataque, pero no contaba que el grueso del ataque real flanqueo su posición y estaban combatiendo cerca del poblado y la iglesia de Tupá-ra'ý, entre el denso bosque. Machain y sus fuerzas intentaron resistir el feroz ataque, pero Belgrano incapaz de reaccionar ante el ataque y viendo su sistema defensivo colapsar por un embolsamiento, decidió mantener la posición, dejando al batallón de Machain solos.[cita requerida]

Incapaz de defender de manera exitosa la zona norte de las defensas, tras un ataque de la caballería realista a la batería de 4 cañones de artillería, Machain se rinde con más de 100 prisioneros. Esta rendición permitió a la caballería de Gamarra cerrar el cerco y avanzar hasta la retaguardia de las tropas de Belgrano lo que provocó la deserción de cerca de 450 soldados de la expedición. Dejando solo un pequeño número de 250 combatientes, aislando a Belgrano de la columna de refuerzos de Rocamora que también quedaron aislados a 40 km en Itapuá y la columna de Perdriel en Candelaria. El golpe final llegó cuando la artillería realista rompió el centro de la última defensa y permitió una ofensiva directa de la caballería, que los empujaron hasta el desfiladero del río Paraná. Después de la arremetida final, Belgrano propone la capitulación y firma la retirada de sus tropas de Paraguay.[cita requerida]

Operaciones navales en Corrientes (marzo - abril de 1811)

Batalla de San Nicolás (2 de marzo de 1811)

La Junta de Buenos Aires preparó otros 600 hombres al mando de José de Moldes, que debían salir de Buenos Aires a comienzos de marzo. Por otro lado envió tres buques para controlar el río Paraná y ayudar a Belgrano, pero esa fuerza naval fue aniquilada por la flota proveniente de Montevideo al mando de Jacinto de Romarate el 2 de marzo, frente a San Nicolás de los Arroyos. Esto complicó además el suministro de soldados y pertrechos que debían cruzar el río Paraná frente a La Bajada.

Batalla y ocupación de Corrientes (7-19 de abril de 1811)

El 7 de abril, una flotilla al mando de Jaime Ferrer, que ya había participado de la liberación de los buques en octubre de 1810, ancló frente a la ciudad de Corrientes. pero los objetivos eran proteger el paso de tres buques con armas que el virrey Elío enviaba desde Montevideo que venían después de la victoria de San Nicolás con Jacinto de Romarate, capturar más buques de la junta en corrientes y si las circunstancias fueran favorables, ocupar la ciudad para mantener abierta esa vía de comunicación en forma permanente con Montevideo.[39]

El 17 de abril, cuando llegaron los barcos más otros tres capturados en el camino, Ferrer exigió mando un ultimátum a Galván (líder patriota local), en el tiempo de dos horas, que se declarase "aliado de la provincia del Paraguay y al imperio, reconociera al Consejo de Regencia, al virrey Elío y al Rey Fernando VII". Ferrer tenía ya diez buques mayores y menores armados, cuatro mercantes más los tres de Montevideo. Sus tropas eran de 300 hombres. Galván intentó resistir en Las Lomas (cerca de la actual Laguna Seca, en Corrientes) pero sus fuerzas, escasas y mal armadas, se dispersaron no bien las fuerzas de Ferrer pudieron conseguir caballos. Galván se retiró hasta La Bajada, donde le dijeron que no tenían recursos para ayudarlo. En Corrientes quedó el regidor del cabildo local Ángel Fernández Blanco para que se entendiera con los paraguayos. El 19 de abril de 1811 el cabildo de Corrientes aceptó el ultimátum y Ferrer ocupó la ciudad como acto de victoria.[40]

Así, terminó lo que fue la campaña de independencia paraguaya. Aunque corta y llena de acción, estas batallas fueron importantes para los desarrollos de la revolución de mayo de 1811 en Asunción. Sin embargo, la guerra no terminó del todo; tuvo brotes de violencia fronteriza esporádicos en los años posteriores, en especial en los sectores de Candelaria, al otro lado del Paraná empezaban las guerras de independencia de Argentina y la movilización de tropas realistas portuguesas para intervenir contra los patriotas secesionistas, soldados como el asunceno Machain y otros nacidos en la provincia de Paraguay y Misiones que habían combatido con Belgrano (entre ellos un tío de Manuel Cabañas) seguirían siendo leales patriotas y combatirían en los frentes de Alto Perú, la Banda Oriental y los Andes. La campaña en si demuestra la cercanía de muchos de los soldados, muchos siendo de la provincia de al lado correntinos o misioneros, familiares y amigos de oficio del imperio que empezaban a ser divididos por fronteras y líneas de frente.

Bernardo de Velasco, Fulgencio Yegros, Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe, Mauricio José Troche, Antonio Tomás Yegros, Manuel Atanasio Cabañas, Juan Manuel Gamarra, Juan Bautista Rivarola entre varias decenas y centenas, todos soldados y oficiales del imperio que habían combatido en esta guerra tendrían una participación importante y variada en la gesta independentista 2 meses después debido al inicio de las guerras.

Revolución de mayo de 1811

14 y 15 de mayo de 1811
Revolución de independencia paraguaya
Parte de Guerras de independencia hispanoamericanas
Contexto del acontecimiento
Sitio Asunción
Impulsores Próceres de la independencia
Motivos Empeoramiento de la guerra en la región
Influencias ideológicas de los impulsores Nacionalismo
Republicanismo
Liberalismo
Bonapartismo
Militarismo
Gobierno previo
Gobernante Bernardo de Velasco
Forma de gobierno Monarquía absoluta virreinal
Gobierno resultante
Gobernante Bernardo de Velasco
Juan Valeriano Cevallos
José Gaspar Rodríguez de Francia
Forma de gobierno Junta central civil y militar
Pérdidas
Detención ~200 personas

El 7 de febrero, Velasco ordenó que todas las armas de fuego capturadas en la batalla de Paraguarí y las demás que estuvieran en poder de la población, fueran entregadas al gobierno. El 12 de marzo el Cabildo de Asunción, en quien Velasco había delegado el mando de la provincia para salir de campaña, dispuso por bando que todas las autoridades civiles y militares colaborase con Agustín María Antúnes, encargado de establecer una fábrica de pólvora. El 13 de marzo se conoció en Asunción la victoria en la Batalla de Tacuarí, por lo que el gobernador partió hacia las Misiones dejando el mando delegado en los cabildantes Bernardo de Haedo, José Carísimo y Francisco Díaz de Bedoya.[41]

Como el ejército al mando de Manuel Belgrano capituló y cruzó el río Paraná, Velasco licenció a las milicias sin efectuarles pagos (muchos de ellos habían servido sin paga durante 8 meses) ni recompensar a los jefes y celebró el triunfo haciéndose tributar honores en el pueblo de Santa María. Al conocimiento de las relaciones que los jefes criollos de sus milicias entablaron con Belgrano, Velasco disolvió el ejército miliciano en las Misiones, enviando a la mayoría de los soldados a sus casas evitando que el ejército entrara en triunfo en Asunción. La capital quedó guarnecida por milicias de San Isidro del Curuguaty. Velasco apartó de las posiciones de mando a los principales jefes criollos responsables de la victoria, considerados héroes por la población: al coronel Juan Manuel Gamarra lo nombró como mayor de plaza en Asunción, sin mando de tropas; Blas José Roxas pasó como teniente gobernador de Corrientes, lejos de Asunción; el coronel Manuel Cabañas fue nombrado subinspector general de armas, sin mando de tropas. Velasco nombró a Fulgencio Yegros como teniente gobernador de Misiones, dejándolo con 200 soldados en Itapúa, alejándolo así de la capital de la Intendencia paraguaya.[41]

Luego de retornar a Asunción, Velasco publicó un bando el 18 de abril instando a los paraguayos a la tranquilidad general. El 27 de abril hizo que las autoridades juraran nuevamente obediencia al rey Fernando VII, ordenando festejos solemnes en toda la provincia para acompañar el juramento. Estableció también un empréstito patriótico, hipotecando las fincas del Estado.[42]

Desautorizando la promesa que Manuel Cabañas hizo a Belgrano respecto de dejar en libertad a los prisioneros capturados al ejército auxiliar, Velasco los hizo conducir a Asunción, en donde los alojó en un barco y los empleó en trabajos forzados. El 9 de abril despachó hacia Montevideo un barco al mando de Francisco Fornell y del sargento mayor Carlos Genovés, con 5 oficiales y 195 soldados prisioneros. Las comunicaciones fluviales con Montevideo habían sido restauradas por el virrey Francisco Javier de Elío.[42]

El resentimiento de los oficiales criollos contra el gobernador Velasco luego de que éste no recompensara a los milicianos por sus victorias, junto con el temor del ingreso de fuerzas portuguesas a la Intendencia del Paraguay, y el accionar propagandístico de Belgrano, llevó a que condensara en torno a Fulgencio Yegros una conspiración para finalizar la dependencia de la Intendencia del Paraguay respecto del virrey Elío y del Consejo de Regencia de España. Como Yegros se hallaba en Itapúa, Gaspar Rodríguez de Francia dirigió la planificación del golpe en la capital. Allí fue decisivo el accionar del capitán Pedro Juan Caballero y del alférez Vicente Ignacio Iturbe, quienes lograron el concurso de los soldados del cuartel de Asunción.[42]

El plan inicial preveía un movimiento sincronizado. En Itapúa se levantaría Fulgencio Yegros, en Corrientes Blas José de Rojas quien destacarían columnas hacia Asunción, a las que se uniría Manuel Atanasio Cabañas en la Cordillera, entrando en la capital el 25 de mayo, primer aniversario de la revolución de Buenos Aires.El 24 de abril de 1811 Iturbe fue llamado a prestar declaración, ya que el abogado Juan de la Cruz Bargas delató la existencia de una conspiración, poniendo en sospechas a las autoridades. Como el viaje de Yegros a Asunción para ponerse al frente de la revolución no podría dejar de ser advertido por Velasco, Caballero decidió no esperarlo y adelantar el golpe ante el peligro de que fueran arrestados. El 13 de mayo el Cabildo aceptó unánimemente el ofrecimiento del ingreso a la Intendencia del Paraguay de tropas realistas portuguesas, pese a la oposición de Velasco. El asesor del gobernador, Pedro Somellera, afirmó que él comunicó a los principales complotados la decisión secreta del Cabildo, alarmado por el peligro de que un ejército realista portugués entre en Paraguay sabiendo los riesgos que eso implicaría. En la mañana del 14 de mayo Iturbe recibió el aviso de su pariente, el síndico procurador del cabildo Juan Antonio Fernández, sobre que Velasco estaba al corriente de sus reuniones subversivas en la casa de Juan Francisco Recalde, transmitiendo la noticia a Caballero.[43]

Antes de que Abreu partiera el día 15 con la comunicación del Cabildo, Caballero hizo replicar inesperadamente las campanas de la catedral a las 10 de la noche del día 14, señal convenida para que los complotados se reunieran en el cuartel general frente a la plaza. Caballero e Iturbe avanzaron hacia el cuartel con 3 compañías de infantería y 3 de artillería, siéndole franqueado el paso por el comandante de la guardia, capitán Mauricio José Troche, lográndose apoderar del parque de artillería y de las armas sin ninguna resistencia. Las fuerzas acantonadas en el cuartel eran: 106 soldados al mando del capitán Juan José Vera, 34 milicianos de San Isidro de Curuguaty al mando de Troche, y una compañía de fusileros al mando de Cuestas. Caballero fue reconocido como comandante del cuartel y comenzó a reunirse parte del pueblo en torno al mismo. Cuando el mayor de plaza Cabrera retornó al cuartel con 8 soldados que realizaban una ronda, fue arrestado por Iturbe. Velasco envió a un sacerdote al cuartel para averiguar qué ocurría, y luego recibió una intimación de Iturbe para que renunciara al gobierno, pero Velasco se negó, además de intimarlo a que no dejara partir a los enviados portugueses. Se le hizo una nueva propuesta para que admitiera a dos personas como adjuntos en los despachos de gobierno hasta la celebración de un congreso provincial que determinará la forma de gobierno, pero el gobernador lo rechazó también.[41]

Soldados criollos negociando con Bernardo de Velasco la creación de una junta

Como el gobernador no cediera, se dispuso de dos cañones y se enviaron patrullas a recorrer las inmediaciones, mientras se convocaba a más adictos para aumentar las fuerzas, repartiéndose armas. En la mañana del 15 de mayo Velasco desestimó los planes del teniente coronel Gamarra para atacar el cuartel y aceptó que para el despacho de gobierno le fueran asociados dos individuos, el criollo Rodríguez de Francia y el español Juan Valeriano de Zeballos. El nuevo gobierno sería provisoria hasta la celebración de un congreso provincial. El asesor de Velasco, el porteño Pedro Somellera propuso enviar un pliego a Buenos Aires relatando lo ocurrido, misión para la cual fue designado José de María, pero al llegar Francia al cuartel disuadió a Caballero para no darles "un alegrón a los porteños". Ese mismo día se integró el gobierno provisional con Velasco al frente, quien emitió un bando prohibiendo la circulación de personal desde las 9 de la noche. El cambio de gobierno se había consumado.[41]

Ya sin necesidad de intervenir en el Paraguay, el 27 de abril Souza comunicó a Velasco que iniciaba con sus tropas «la campaña de Montevideo, actualmente en insurrección e invadida por la junta secesionista bonaerense», dejando en Río Grande escasas fuerzas. Abreu fue retenido en Itapúa por 15 días, hasta que el 29 de abril Yegros lo autorizó a continuar hacia Asunción al día siguiente. El 9 de mayo llegó a Asunción, en donde unas 3000 personas lo escoltaron a la casa del gobernador. Velasco le manifestó «que todo su empeño era ponerse a los pies de la Serenísima Señora Doña Carlota, pues que no reconocía otro sucesor a la Corona y Dominios de España», reconocimiento sin el cual las tropas portuguesas no lo auxiliarían, por orden del conde de Linhares a Souza. El 13 de mayo Velasco convocó al Cabildo y al obispo para considerar el ofrecimiento de Abreu, siendo aceptada unánimemente la proposición. El cabildo entregó una carta a Abreu aceptando la ayuda portuguesa, sin embargo, Velasco se opuso terminantemente al ingreso de tropas portuguesas «que por ahora no necesita esta provincia», pero escribió a Souza el 13 de mayo solicitándole una ayuda de 25 000 pesos.[42]

Primera bandera ondeada el día 15 de mayo de 1811

En Itapúa Yegros arrestó a 115 españoles y se apoderó de los botes que custodiaban el río Paraná. Marchó inmediatamente con sus soldados hacia Asunción, dejando a Vicente Antonio Matiauda como comandante interino de la frontera. En el camino fue alcanzado por un mensajero de su hermano que le comunicaba los sucesos de Asunción. Yegros, partidario de la Junta de Buenos Aires, hizo seguir al mensajero hacia Itapúa para que Matiauda comunicara los acontecimientos a las autoridades fronterizas dependientes de Buenos Aires. El 21 de mayo Yegros entró en Asunción, saludado por una salva de 21 cañonazos. A Jaime Ferrer se le separó del mando de Ñeembucú y de la flota fluvial.

Contrario a la creencia popular, esa madrugada en Asunción se produjo algunos tiroteos con realistas enojados por la sublevación y algunos bandos del ejército en Asunción, que se declaraban realistas, en especial el Cuerpo de Miñones (Policía militar de la época) y estaban movilizados para iniciar el enfrentamiento, Velasco con una frase “que los paraguayos le querían mucho y que por la mañana el lo compondría todo", ordenó a pesar de los tiros, la desmovilización de los amotinados (los realistas) al amanecer ya que la junta creada sería entre criollos, pardos y españoles. Poniendo punto final a una cuestión de identidades, ese mismo día 15 a partir de las 9pm se declara un toque de queda estricto para mantener la calma.[42]

El comandante realista de Corrientes adhirió al movimiento el 16 de mayo y de acuerdo con el regidor Ángel Fernández Blanco apresó a unos 100 españoles de la ciudad, apoderándose de 13 barcos. El 30 de mayo el gobierno de Asunción ordenó que se retiren de corrientes a las posiciones río arriba, para evitar una posible guerra por territorios entre la Junta de Buenos Aires y la reciente Junta de Asunción.

Sin embargo, en la historiografía paraguaya no se menciona la recurrente estrategia de realista criolla paraguaya de "no reconocer otro soberano que Fernando VII y sostener los derechos, libertad, defensa e indemnidad de esta provincia para la corona". Resaltando que Paraguay ya siendo independiente, solo había cambiado de gobierno pero manteniendo su lealtad como junta a la corona y una gran neutralidad para evitar una guerra con los realistas portugueses aliados de los realistas españoles. Tal cual como sucedieron las primeras juntas de Elío en Montevideo y la de Alto Perú en 1808 y 1809. Dándose así un debate interesante si Paraguay era realmente ya un estado independiente en 1811 o era una autonomía que declaró su lealtad a la junta de regencia siendo una de las muchas juntas que ya habían realizado lo mismo. Sentando bases para la ideología panhispánica y el hispanismo.

Evolución y consolidación en los primeros gobiernos

Dr. Francia es considerado como uno de los primeros nacionalistas paraguayos
Doctor Francia, representa el origen del nacionalismo paraguayo, con su defensa radical de la soberanía y el aislamiento como identidad nacional

José Gaspar el dictador y líder supremo

El nacionalismo paraguayo logró la consolidación de la independencia bajo el gobierno de principalmente José Gaspar Rodríguez de Francia (1813-1840).[44] Aunque Rodríguez de Francia se consideraba líder supremo y «padre de la nación», estableció desde el principio —junto a los próceres de la independencia y el naciente ejército paraguayo— un modelo político republicano bajo una junta militar llamado coloquialmente como «Junta Superior Gubernativa» y popularmente como «El Triunvirato», luego se acordó limitar el poder creando 2 cónsules que alternarían el poder, estableciendo así la primera forma y la segunda forma de gobiernos del naciente país. El primer triunvirato se formó desde el primer día de la independencia el 16 de mayo y se extendió a junio de ese mismo año. Luego por diversos sucesos se conforma el segundo triunvirato que se extiende desde junio hasta octubre de 1813. Ambos triunviratos fueron conformados por próceres y militares del Imperio español o del ejército paraguayo, siendo Dr. Francia la única excepción civil.

Primer triunvirato (mayo-junio de 1811)

Segundo triunvirato (junio de 1811- octubre de 1813)

El único consulado (octubre de 1813 - junio de 1814)

Pensamientos y políticas de estado del Dr. Francia

Basado en el aislamiento geopolítico y la autosuficiencia económica, con el objetivo de preservar la soberanía del Paraguay en defensa frente a las potencias regionales y la crisis regional, en particular con la guerra entre las zonas de la banda oriental con Argentina, Brasil y la guerra en las zonas de alto Perú. Durante su gobierno, se promovió una fuerte centralización del poder y se fomentó una identidad nacional en torno a la idea de una nación autónoma y autosuficiente, libre de influencias externas.[45][46][4]

En materia de relaciones exteriores cerró las fronteras y reguló el comercio exterior debido a la guerra y el bloqueo de los ríos Paraná y Paraguay realizado por la junta de Buenos Aires, también rechazó la propuesta de alianza de José Gervasio Artigas para conformar una alianza con la Liga de los Pueblos Libres para evitar volver a ir en armas como en 1811, algunos de los militares paraguayos tras el rechazo de Dr. Francia decidieron unirse a Montevideo para la campaña contra Buenos Aires, a pesar de mantener las fronteras vigiladas estallaron igualmente algunas batallas fronterizas como el bombardeo a Corrientes en junio de 1811 y la Batalla de Candelaria contra las fuerzas de Andresito Guacurarí en 1815 y un poco posterior a la invasión lusa de la banda oriental estallaron combates en la zona de San Ignacio en 1817 que involucró a fuerzas del ejército paraguayo, algo poco estudiado en la historia paraguaya hasta prácticamente casi olvidada, parte de una campaña militar mayor, posterior al colapso de la liga federal y la ocupación de Montevideo por tropas portuguesas, Dr. Francia recibió a Artigas como exiliado en el país tras una marcha militar larga, algo que es percibido en Uruguay como un gesto de fraternidad entre ambos países y recreado por ambas fuerzas armadas como gesto de amistad e historia.[47][48][49][50][51][52]

En materia económica, Francia destacó por ser dirigista e intervencionista, reguló precios, creó una reforma agraria que permitió crear estancias para el estado, llamado "estancias de la patria" que ayudo a Paraguay a evitar cierto peligro de hambruna que existía en la región debido a las guerras. A pesar de acercarlo y compararlo con ideas socialistas, Francia permitió que los civiles posean sus comercios y tierras privadas a cambio de la lealtad a la revolución de 1811, en cambio los que no acataban una lealtad a Paraguay, como los realistas dentro de la Iglesia católica romana le obligó a nacionalizarlos a la fuerza, fomentó cierta industrialización como la de los textiles, ganadería, agricultura, construcción naval y tabaco, amplió el puerto de Itapúa, en 1821 lideró la primera reforma total urbana y arquitectónica de la ciudad de Asunción pasando de ser una ciudad de calles desordenadas, a un sistema de cuadrículas que persisten hasta hoy en día. [53][54]

Francisco Solano López, encarna el sacrificio heroico frente a la intervención extranjera, convertido en mártir del nacionalismo paraguayo.

En materia de política social, incentivó el uso del guaraní para promover una naciente identidad nacional, acabó con el sistema de racial que dividían a la sociedad entre españoles, criollos, indígenas y pardos (negros) que pasaban directamente a ser paraguayos y promoviendo leyes que permitían el casamiento entre ellos de manera obligatoria para aniquilar la división social que permitió acelerar el mestizaje. Los historiadores han revelado que el sistema de esclavitud permaneció activo durante el gobierno del Dr. Francia, promovió la educación obligatoria, desarticuló todo intento de formación de resistencias a favor de la monarquías europeas o a favor del federalismo rioplatense e incluso intentos de quitarlo del poder (caso que motivó al fusilamiento de algunos de sus antiguos aliados y próceres), militarizó la sociedad y reorganizo al ejército lo que le permitió controlar aun más a la población civil y las fronteras. Su legado aún sigue siendo estudiado a día de hoy, al punto que se lo considera un caso de cesarismo en el país en tiempos duros.[55][56]

Carlos Antonio López el diplomático, desarrollista e industrialista

Posteriormente a la muerte de Dr. Francia, el nacionalismo paraguayo se aceleró con el ascenso de Carlos Antonio López (1844-1862). Durante este período, el estado paraguayo impulsó un desarrollo económico basado en la industrialización estatal, una diplomacia quirúrgica de excelencia, la adquisición de tecnología de vanguardia, la construcción de infraestructura masiva y la modernización de las fuerzas armadas. Este crecimiento económico fue destacado como envidiable para el país en la zona para la época.[57]

Francisco Solano López el héroe militar nacional

Sin embargo, la política expansionista y la creciente rivalidad con Argentina, Brasil y Uruguay desembocaron en la guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Este conflicto devastador, que resultó en la ocupación del país y la muerte de un gran porcentaje de la población, consolidó una narrativa nacionalista de resistencia heroica.[8] La guerra se convirtió en un pilar fundamental del discurso patriótico paraguayo, generando una memoria colectiva basada en el sacrificio y la lucha contra la intervención extranjera.[58]

En el siglo XX, el nacionalismo paraguayo fue reinterpretado por diversos movimientos políticos. El Partido Colorado, que se consolidó en el poder a partir de 1947, adoptó una visión nacionalista que combinaba la exaltación de los héroes nacionales con un fuerte militarismo.[59] Durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), el nacionalismo se utilizó como un mecanismo de control ideológico, promoviendo un culto a la patria y una visión histórica que justificaba el autoritarismo como un medio de garantizar la estabilidad y el progreso.[57][60][46][61]

Rafael Franco, caudillo de la Revolución Febrerista, simboliza un nacionalismo popular, reformista y revolucionario, basado en la justicia social y la soberanía económica.

Por otro lado, el febrerismo, corriente política derivada de la Revolución Febrerista de 1936, planteó un nacionalismo más inclusivo y social, enfatizando la importancia del Estado en la protección de los sectores más vulnerables.[62] Inspirado en figuras como Rafael Franco, el febrerismo defendía un nacionalismo económico basado en el fortalecimiento del sector estatal y la soberanía económica frente a las injerencias extranjeras.[57]

José Félix Estigarribia, representa el nacionalismo estratégico y moderno, exaltado como héroe racional y arquitecto de la victoria de la guerra del Chaco.
Juan Natalicio González, sirve como símbolo del nacionalismo intelectual, literario y mestizo, vinculado a la identidad cultural del Paraguay.

En ambos casos, el nacionalismo paraguayo sirvió como un factor unificador, pero también como una herramienta para legitimar diferentes modelos de gobierno, desde regímenes autoritarios hasta propuestas de corte social y popular.[8]

Componentes ideológicos

El nacionalismo paraguayo es una construcción ideológica compleja que combina diversos elementos históricos, culturales y políticos. A lo largo del tiempo, ha servido como un factor de cohesión social y también como una herramienta de legitimación para distintos regímenes.[60]

Historiografía patriótica

Uno de los pilares del nacionalismo paraguayo es la construcción de una memoria histórica centrada en la exaltación de figuras clave como Carlos Antonio López y Francisco Solano López, presentados como líderes visionarios que defendieron la soberanía nacional.[58] La guerra de la Triple Alianza (1864-1870) es el evento más significativo en esta narrativa, interpretado como una agresión externa que buscó aniquilar al Paraguay, reforzando la idea de resistencia heroica.[8] Los lemas «Vencer o morir» y «¡Muero por mi patria!», adoptados por los paraguayos durante este conflicto bélico, han trascendido como símbolos del sacrificio y la lucha por la patria. En la actualidad, este lema se utiliza en diversos contextos, desde movimientos de reafirmación nacionalista hasta en expresiones de resistencia frente a crisis políticas o económicas, representando el compromiso de los paraguayos con su soberanía e identidad frente a cualquier amenaza. Del mismo modo, la guerra del Chaco (1932-1935) contra Bolivia se inscribió en el imaginario nacionalista como una victoria patriótica, consolidando el papel de las Fuerzas Armadas de Paraguay en la defensa del territorio.[57] A través de la educación y los discursos oficiales, estos acontecimientos han sido moldeados para fortalecer un sentido de identidad y orgullo nacional.[4]

Militarismo

El militarismo es otro componente central del nacionalismo paraguayo. Desde el siglo XIX, las Fuerzas Armadas han sido presentadas como garantes de la soberanía nacional, lo que ha justificado su protagonismo en la política.[59] Durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), esta visión se institucionalizó aún más, con la glorificación del ejército y la formación de una cultura cívico-militar en la que se promovía la obediencia y la disciplina como valores fundamentales.[61] Incluso tras el retorno a la democracia, el peso simbólico de las Fuerzas Armadas sigue presente en las conmemoraciones nacionales y en la educación cívica.[8]

Lengua y cultura

El idioma guaraní es un elemento distintivo del nacionalismo paraguayo. A diferencia de otros países latinoamericanos donde las lenguas indígenas fueron marginadas, el Paraguay ha promovido el guaraní como un símbolo de identidad nacional.[62][63] La persistencia del guaraní en la vida cotidiana, junto con su reconocimiento oficial como idioma cooficial junto al español en la Constitución de 1992, refuerza la idea de que Paraguay es una nación con raíces propias y diferenciadas del resto de la región.[57] Además del idioma, otros aspectos de la cultura paraguaya, como la música folclórica y las tradiciones populares, han sido utilizados como elementos de cohesión nacional.[4]

Relación con el autoritarismo

Alfredo Stroessner, encarnó la figura del líder fuerte y paternalista, utilizando el nacionalismo para legitimar un régimen autoritario.

Históricamente, el nacionalismo paraguayo ha estado vinculado a la legitimación de liderazgos fuertes. Desde José Gaspar Rodríguez de Francia hasta Alfredo Stroessner, se ha promovido la idea de que el país necesita un liderazgo firme para garantizar la estabilidad y la continuidad nacional.[59] Esta tendencia ha generado una cultura política en la que la centralización del poder y el autoritarismo son tolerados e incluso respaldados por amplios sectores de la población.[61] A nivel discursivo, se ha asociado la fortaleza del líder con la capacidad de defender la soberanía del país frente a las amenazas externas, un argumento recurrente en la política paraguaya.[8]

Manifestaciones en el siglo XXI

En la actualidad, el nacionalismo paraguayo sigue siendo un componente clave en el discurso político y educativo, influyendo en la percepción de la historia y la identidad nacional.[8] A través de la educación, los medios de comunicación y las conmemoraciones patrióticas, se refuerzan narrativas que exaltan la soberanía nacional y la resistencia histórica del país.[57]

Estrella de 6 puntas, conocida entre los movimientos nacionalistas como la estrella del Dr. Francia.

En el ámbito político, el nacionalismo es utilizado por distintos sectores como un recurso discursivo para movilizar apoyo popular. Partidos como la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) han apelado a símbolos históricos y a la identidad nacional para consolidar su hegemonía, especialmente en momentos de crisis.[61] El coloradismo ha construido una retórica en la que se presenta como el garante de la estabilidad del país, en contraposición a lo que denomina influencias externas o desestabilizadoras.[8] Por otro lado, movimientos de izquierda y centro también han recurrido a un nacionalismo más social, reivindicando la soberanía económica y el fortalecimiento de la identidad popular.[4]

En el ámbito educativo, el nacionalismo se manifiesta en la enseñanza de la historia paraguaya, donde se destacan figuras como los López y se presentan conflictos como la guerra de la Triple Alianza y la guerra del Chaco desde una óptica de resistencia heroica.[58] Aunque en las últimas décadas ha habido intentos de una historiografía más crítica, persisten enfoques que refuerzan una visión patriótica y unitaria de la historia nacional.[57]

A nivel social, el nacionalismo se expresa en la defensa del idioma guaraní como un símbolo identitario.[62] Su promoción en medios de comunicación, en discursos oficiales y en el sistema educativo refuerza la idea de una identidad paraguaya diferenciada dentro de América Latina.[4] Se observa una apropiación del nacionalismo en movimientos religiosos y cívicos, como ocurrió en 2024 cuando la Conferencia Episcopal Paraguaya criticó la «dictadura moderna» y la crisis de seguridad en el país, en un contexto en el que se apela a la soberanía y la identidad nacional como ejes de reivindicación.[7]

Críticas y debates

Referencias

Bibliografía

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