Nearco (pintor)
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Nearco (en griego antiguo: Νέαρχος) fue un alfarero ático y pintor de vasos del estilo de figuras negras, activo en el barrio del Cerámico de Atenas, entre circa 570-555 a. C. Se conservan ocho ejemplares con su firma que indican que fue un ceramógrafo ateniense.

Contemporáneo de Clitias, no obstante su particular tendencia a la minuciosidad y a la precisión en el detalle, Nearco prefería las grandes dimensiones y la monumentalidad del estilo representativo que caracterizó la obra de Exequias en el tercer cuarto del siglo VI a. C. Su actividad prefiguró la de sus hijos Tlesón y Ergoteles, que firmaron sobre todo pequeños kílices en el estilo de las llamadas copas del pequeño maestro, del cual Tlesón fue uno de los máximos exponentes,[1] y como ambos firmaban con el nombre de su padre, Nearcopudo seguir al frente de su taller incluso en su vejez. Esta suposición está respaldada por la dedicación de Nearco de una estatua de mármol (de la cual se encontró un pedestal con la inscripción [2] del famoso escultor Antenor en la Acrópolis en un momento (alrededor del 520 a. C.) en el que ya no podía ser activo como pintor o alfarero.[3][4] Si es cierto que la figura con túnica (koré), de aproximadamente 2,1 metros de altura,[5] también descubierta en la Acrópolis de Atenas, es idéntica a la estatua donada por Nearco, su negocio debe haber sido extremadamente rentable.[2]
Por algunos aspectos estilísticos, especialmente la precisión de su dibujo, se le relaciona con el Pintor de la Acrópolis 606. A diferencia de sus contemporáneos, logró obras con un sorprendente sentido de la dignidad, comparables a las pintadas mucho más tarde por Exequias. También introdujo algunas innovaciones, tales como el intento de hacer que el cuerpo de un caballo resaltara con pintura blanca. No todos sus experimentos pueden considerarse exitosos.
Nearco, alfarero y pintor ateniense del Arcaico Tardío, firmó en siete vasos áticos de figuras negras y una placa de arcilla (pínax), a veces como alfarero y pintor, a veces solo como alfarero. Su importancia como alfarero es difícil de evaluar debido al estado fragmentario de sus vasos. Sus cuatro primeros copas de labios presentan paredes excepcionalmente delgadas, mientras que sus dos cántaros firmados, dedicados a la Acrópolis (Museo Arqueológico Nacional de Atenas, Colección de la Acrópolis 611, 612),[6] eran inusualmente grandes (su altura estimada es de 50 cm). Cinco de las obras firmadas fueron pintadas por él mismo, mientras que las tres restantes tienen tan pocas pinturas que no pueden atribuirse con certeza a su trabajo como pintor.[3]

La fama de Nearco como artista se basa principalmente en fragmentos de un único vaso (Colección de la Acrópolis 611 y AP 67), que también firmó como pintor (NEARCHOSMEGRAFSEN KA[I EPOIESEN] – transliteración: Νεαρχος με γραφσεν κα[ι εποιεσεν] – «Nearco me pintó y me hizo»),[6] un cántaro que representa a Aquiles con su carro. Esta representación no representa ninguna escena específica de la Ilíada. En cambio, Nearco creó su propia imagen del héroe entrando en batalla al vincular dos escenas complementarias que, de otro modo, solo ocurren por separado: las nereidas trayendo las armas de Aquiles y este unciendo los caballos al carro. Los nombres de los caballos y del carro no son los tradicionalmente asociados con Aquiles. Sin embargo, la representación del héroe frenando suavemente a su caballo sugiere una relación íntima entre Aquiles y Janto, el caballo divino que predijo su muerte.(Ilíada, XIX. 400–24). La actitud tranquila (dignificada) de Aquiles y la seriedad general de la escena apuntan al arte de Exequias. Las representaciones están pintadas con la técnica de figuras negras, pero son inusualmente coloridas y dan una idea de las pinturas murales perdidas de este período: uno de los caballos es completamente rojo, el otro blanco con contornos negros, mientras que la decoración ornamental (patrón de "lengua") sobre la escena representada fue pintada originalmente sobre fondo blanco. John Beazley ha afirmado que es el ejemplo ático más antiguo de pintura sobre fondo blanco, un tipo de decoración cerámica que solo adquirió mayor importancia en el período de la cerámica de figuras rojas.[7] Fue el primer artista ático en representar un acoplamiento de carros, un tema que se hizo muy popular en la segunda mitad del siglo VI a. C. y también fue el primero en representar a Heracles y Atlas (dentro de una copa de labios).[8][3][9]
Las dos obras más notables de Nearco son dos cántaros en estado fragmentario exhibidos en Museo de la Acrópolis de Atenas (Museo Nacional. núms. inv. Acr 611 y 612), y el aríbalo globular expuesto en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Metropolitan Museum, n.º inv. 26.49). Este cántaro es especialmente llamativo, probablemente porque fue hecho y pintado por él. Además, los kantharoi eran una de sus formas favoritas, en las que aparece su firma de alfarero y pintor.[10]
El cántaros Acr. 612 muestra una Gigantomaquia, tema común en el segundo cuarto del siglo VI a. C., mientras que el cántaros Acr. 611 representa el primer ejemplo ático de un tema que ser convertiría en recurrente en la segunda mitad del siglo, la representación de Aquiles en su carro de guerra sujetando los caballos con las riendas; tema del que el único antecedente que se conoce es la escena representada en un aríbalo protocorintio que se conserva en Berlín (Museo de Pérgamo, n.º inv. 3319). La novedad del tema, sin embargo, no es la única peculiaridad de esta obra, de hecho, se anticipa en gran medida esa tendencia a evocar una atmósfera emotiva que será plenamente desarrollada por Exequias y que determinará lo característico del arte griego arcaico, con su esquema de patrones y convenciones, constituyendo la apertura al primera período del arte clásico o estilo severo.[11] En los fragmentos del cántaro que se conserva, el nombre de Aquiles, el de dos caballos y la firma de Nearco, se encuentran en el espacio entre la figura de Aquiles y el caballo que tiene bocado: «Nearchosmegraphsen ka[poiesen]».[12] El diseño de la escena fue trazado en marrón, pero también hay trazos de un dibujo preparatorio realizado mediante incisión y que incluye la disposición de las inscripciones.

El vaso, que ejemplifica su maestría artística es un aríbalo de estilo corintio, el aríbalo de Nueva York ( Metropolitan Museum of Art 26.49) [13] con una altura de 7,8 cm, demuestra la capacidad miniaturista de Nearco.[14] El friso solo cubra una fracción de su superficie. Reproduce la escena grotesca de la guerra entre pigmeos (una nación mítica de enanos en la costa occidental de Asia Menor[15] y grullas a lo largo del borde, la misma representada por Clitias en el Vaso François, pero aquí está ejecutada en el friso alrededor de la boca y tiene cerca de 1 cm de alto. decorado con delicadas miniaturas de figuras negras alrededor de la boca y en el asa, lo que también demuestra que era un buen miniaturista.[3] El cuerpo globular del aríbalo está decorado con franjas horizontales de color rojo, alternando el blanco y el negro, lo que acentúa la curvatura de la superficie. Su firma figura solo como alfarero, la pintura se ha atribuido a su estilo. En las asas están representados Perseo y Hermes, en la parte superior están tritones; y en la parte posterior del recipiente (asa) se representan tres sátiros agachados, uno delante y dos a los lados, masturbándose.[16] A los sátiros se les dan nombres que tienen algo que ver con el pene y el placer (sexual): «Psolas» (psolos: pene con el prepucio retraído), «Dofios» (defomai: me masturbo) y «Terpekelos» (terpsis: placer).[14]
Las rayas blancas en el cuerpo globular del aríbalo de Nueva York casi se han perdido, y no son muy legibles las bandas decorativas que están por encima y por debajo de la escena principal del khántaros Acr. 611. De hecho, es uno de los primeros ejemplos de la técnica de fondo blanco, que se extenderá en el período de la cerámica de figuras rojas: las bandas alternantes de rojo y negro estaban pintadas sobre una base blanca que no ha resistido el paso del tiempo, en cambio, el blanco de los caballos sobre un fondo negro deja visible una espesa línea de contorno que realza y separa las figuras. La parte superior de la boca de la vasija está decorada con una banda ornamental que representa "lenguas", alternando negro y rojo. El cuerpo bulboso del vaso está decorado con tres zonas de medialunas, que se arremolinan en direcciones opuestas y pintadas con reserva, con esmalte negro, rojo añadido al esmalte y blanco añadido al esmalte. Aquí el pintor alcanzó los límites de las técnicas pictóricas de su época.[17]