Neoextractivismo

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El neoextractivismo es una modalidad de acumulación que empieza a fraguarse masivamente hace 500 años,[1] cuyos antecedentes se encuentran en el extractivismo convencional; al igual que éste, se orienta hacia las actividades de explotación y extracción de recursos naturales dirigidos principalmente a la exportación, sin embargo, se diferencian por la participación del Estado en dichos procesos.

El extractivismo no es una fase más del capitalismo ni un problema de ciertas economías subdesarrolladas, sino que constituye un rasgo estructural del capitalismo como economía-mundo, siendo el producto histórico-geopolítico de la diferenciación-jerarquización originaria entre territorios coloniales y metrópolis imperiales; los cuales eran pensados como meros espacios de saqueo y expolio para el aprovisionamiento de los otros.[2]

Dicho modelo ha sido herencia directa del colonialismo en el mundo, donde se forzaba a los nuevos territorios a entrar en una economía mundial donde los países colonos tenían el mando. El extractivismo fue un modelo que ocurrió en todo el mundo, con dinámicas de saqueo que se han caracterizado en la relación del sur global con los países del norte global.

Mapa del norte global dominante (azul) y el sur global (rojo)

El neo que significa “nuevo” o “reciente” refiere a que este proceso propio del colonialismo se ha perpetuado por el paso del tiempo pero que se ha ido modificando para caber en las políticas actuales, pero sin cambiar su esencia. En la actualidad el neoextractivismo es consecuencia directa de la implementación de las políticas neoliberales del siglo XX y XXI en apoyo a las repúblicas oligárquicas, es decir, que se han constituido repúblicas que solo han satisfecho y beneficiado a aquellas personas con los medios de producción y quienes se encontraban el poder político.

Ante ello, el neoextractivismo ya no solo se ve ligado al despojo y el saqueo a gran escala de los bienes naturales, sino también a las ventajas comparativas y las oportunidades económicas que emergieron al compás de los diferentes ciclos económicos y del rol del Estado;[3] tomando fuerza y ocultándose en el manto del desarrollo que estas nuevas oportunidades dadas y el papel del Estado se aspira a lograr el desarrollo que el norte global plantea como lo óptimo y deseado.

Sin embargo, ante esta fase de acumulación y depredación de los bienes naturales y territorios, así como la expansión de zonas de interés, se han abierto disputas políticas, sociales y ecológicas generando resistencia, lucha y movimientos sociales y ecológicos, critica a la destrucción de la biodiversidad, el acaparamiento de tierras y destrucción a los territorios, imprevisto por el imaginario desarrollista dominante.

El neoextractivismo es un modelo sociopolítico territorial, es decir, que se puede analizar a diferentes escalas (nacional, regional o local); se caracteriza por basarse en la sobrexplotación de bienes naturales a través de actividades extractivas, como el agronegocio, la minería a gran escala, la explotación de hidrocarburos no convencionales, la industria forestal-pastera y la construcción de megaproyectos de infraestructura (carreteras, gasoductos, termoeléctricas, represas, etc.), la sobreexplotación pesquera o monocultivos forestales.[4]

Otro rasgo refiere al gigantismo o la gran escala, el neoextractivismo busca hacer cualquier proyecto en un “mega”, es decir, que exista una gran inversión de capital, gran flujo de dinero y gran escala de extracción de recursos. Pretende ir por la inversión en megaemprendimientos con capital intensivo con trabajo intensivo; por la intervención de grandes corporaciones transnacionales, creación de megaempresas nacionales y sobre todo destacan los megaproyectos, en donde destacan los empleos temporales sin generar derechos sociales.

Asimismo, el neoextractivismo presenta una determinada dinámica territorial cuya tendencia es la ocupación intensiva del territorio y el acaparamiento de tierras, a través de formas ligadas al monocultivo o monoproducción, una de cuyas consecuencias es el desplazamiento de otras formas de producción (economías locales/regionales), así como de poblaciones.[3]

A diferencia del extractivismo clásico, el neoextractivismo se adapta al contexto global, que recupera herramientas y capacidades institucionales que le brinda el Estado como un actor regulador y de redistribución; no obstante, el Estado no es el megaactor que resuelva los asuntos de fondo, pues en este modelo no se contempla espacios, que hoy en día se dan, pues en una sociedad compleja existen actores de resistencia.[5]

Fases del Neoextractivismo

El neoextractivismo en América Latina

Referencias

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