Neogibelinismo
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El neogibelinismo es el nombre moderno dado a la teoría política humanista, universalista y cristiana de Mercurino Gattinara, gran canciller del emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico.[1] Tiene su origen en el gibelinismo, el nombre histórico del partidismo italiano renacentista en favor de los sacros emperadores.[2]
Inspirado por Dante Alighieri, Gattinara perseguía no sólo la centralización del poder alemán e italiano bajo el puño de Carlos, sino también convertir a éste en el hegemón supranacional del mundo cristiano, al que todos los demás príncipes estarían subordinados. El resultado sería una cristiandad unida y capaz de extender el humanismo cristiano por todo el globo (dominium mundi), asimilando a musulmanes, paganos y herejes. Gattinara se basó en el concepto político-ideológico de la monarquía universal (monarchia universalis) y el arquetipo cristiano de Jesucristo como pastor de los hombres, haciendo su lema en latín fiet unum ovile et unus pastor (Juan 10:16, "habrá un solo rebaño y un solo pastor").[3]
El programa de Gattinara suscitó expectativas en el Sacro Imperio Romano Germánico y en Italia de neutralizar a la siempre hostil Francia, y de recuperar los territorios imperiales italianos perdidos históricamente a la órbita francesa, como Milán, Génova y la Provenza. Explotó el sentimiento antipapal, generalizado en el sacro imperio desde finales del período de Maximiliano I, y un patriotismo imperial antifrancés.
Basándose en estas corrientes y conceptos, Gattinara logró asegurar el trono del Sacro Imperio Romano Germánico para el rey español como requisito previo para sus ambiciones monárquicas y universales. De manera crucial, en la elección de Carlos, figuras prominentes del capitalismo temprano de la Alta Alemania como los Fugger y los Welser, además de varias casas bancarias italianas, ayudaron a financiar las demandas electorales.
Sin embargo, los planes de Gattinara componían esencialmente una utopía. Con la rebeldía de Francisco I de Francia, la alianza de este con el imperio otomano y la emergencia de la reforma luterana, el sueño no pudo avanzar, y Carlos encontró imposible de unificar y manejar su larga serie de tronos, que repartió entre su hijo Felipe y hermano Fernando.