Neolítico en Europa

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Mapa que muestra las expansiones neolíticas desde el VII al V milenio a. C.
Europa hacia 4500 a. C.
Europa hacia 3500 a. C.
Mapa simplificado de las culturas más importantes de la «Europa antigua» a finales del IV milenio a. C.: en verde, la cultura de los vasos de embudo; en azul, la cultura de la cerámica de bandas; en naranja, la cultura de Lengyel; en morado, la cultura de Vinča; en rojo, la cultura de Cucuteni-Trypillia; y en amarillo, la parte occidental de la cultura Yamna.

El Neolítico en Europa corresponde al período comprendido entre la llegada al continente europeo, procedente de Oriente Próximo, de la tecnología neolítica (lit., 'nueva Edad de Piedra') y de las primeras poblaciones agrarias asociadas, alrededor del 7000 a. C. (la época aproximada de las primeras sociedades agrícolas en Grecia), hasta la invención de la metalurgia, hacia 2000-1700 a. C. (el inicio de la Edad del Bronce europea con la Edad del Bronce Nórdica). Durante este período, la agricultura y la ganadería se expandieron mediante migraciones y se difundieron a las diferentes regiones continentales, aunque a ritmos variables, ya que incluso en la Edad del Bronce todavía existían comunidades que vivían exclusivamente de la caza y la recolección en el norte de Europa.[1]

La duración del Neolítico varió según el lugar, y su final estuvo marcado por la introducción de las herramientas de bronce: en el sureste de Europa fue de aproximadamente 4000 años (es decir, ca. 7000-3000 a. C.), mientras que en algunas zonas del noroeste europeo fue de poco menos de 3000 años (ca. 4500-1700 a. C.). En algunas partes, especialmente en los Balcanes, el período posterior a 5000 a. C. se conoce como Calcolítico (Edad del Cobre) debido a la invención de la fundición del cobre y a la prevalencia de herramientas, armas y otros artefactos de cobre. El desarrollo de la metalurgia del cobre en el continente fue tan gradual, y los cambios en los estilos de vida y la organización social fueron tan sutiles, que los términos «Edad del Cobre» o «Calcolítico» tienden a ser reemplazados entre los prehistoriadores por «Neolítico reciente» o «Neolítico tardío (o final)». El Neolítico culminó con la expansión de la metalurgia del bronce, proceso, que comenzó en Grecia y los Balcanes a principios del III milenio a. C., y que se desarrolló durante casi un milenio antes de llegar a la costa atlántica.

El Neolítico europeo fue un mosaico de culturas —generalmente definidas por las formas y decoraciones de las cerámicas que usaron—, caracterizadas por una gran diversidad geográfica y cronológica y que suponen estilos de vida y una organización social que cambiaron considerablemente según el período y la región: algunas comunidades neolíticas en el sudeste de Europa vivían en asentamientos fuertemente fortificados de 3000−4000 personas (por ejemplo, Sesklo en Grecia), mientras que los grupos neolíticos en Gran Bretaña eran pequeños (posiblemente entre 50 y 100 personas) y había muchos pastoreo de ganado con gran movilidad.

Independientemente de la cronología específica, muchos grupos neolíticos europeos compartieron características básicas, como haber vivido en comunidades familiares de pequeña escala, subsistir con plantas domesticadas —cultivo de trigo, cebada y centeno— y animales — cabras, ovejas y bueyes, así como asnos, caballos o renos— complementados con la recolección de alimentos vegetales silvestres y con la caza, y producir cerámica hecha a mano, es decir, cerámica hecha sin torno de alfarero. También empezaron a sedentarizarse, apareciendo los primeros poblados cerca de corrientes de agua. Las hachas de piedra pulida se encuentran en el corazón de la cultura neolítica (piedra nueva), lo que permitió la tala de árboles para obtener madera para la construcción de viviendas, así como de combustible. Se practicó la quema de bosques para obtener tierras de cultivo y pastos se generalizaron, reduciéndose por primera vez la superficie arbolada debido a una causa antrópica. Aunque muchos cultivos se plantaban en huertos inmediatos a las viviendas, el trigo y la cebada solían ser cultivados en pequeños campos cercanos, con lo que el área usada por un solo asentamiento podía tener un radio de unos 5 km. Las comunidades agrarias de la cultura del Danubio estaban en contacto unas con otras e intercambiaban bienes a través de largas distancias, como el ámbar del Báltico, que llegaba hasta el Mediterráneo.

Asociados a este periodo están la invención de la cerámica, del arado, la hoz, el molino de mano para moler cereales, así como los primeros tejidos hechos de lino y lana. La minería del sílex representa la mayor industria de este período, pero también se extraían obsidiana o variscita (minas de Can Tintorer en Gavá). Los útiles de piedra pulimentada sustituyeron en parte (pero no completamente) a los de piedra tallada y las manifestaciones artísticas se redujeron, cambiando su tipología radicalmente.

La expansión del Neolítico precerámico desde Oriente Próximo hasta Europa se estudió cuantitativamente por primera vez en la década de 1970, cuando se dispuso de suficientes dataciones por radiocarbono de los yacimientos del Neolítico temprano.[2] Ammerman y Cavalli-Sforza descubrieron una relación lineal entre la edad de un yacimiento temprano y su distancia desde la fuente convencional en Oriente Próximo (Jericó), demostrando que los cambios culturales neolíticos se extendieron del sureste al noroeste a una velocidad media de aproximadamente 1 km/año,[2] lo que se conoce como la expansión neolítica,[3] y por ello convivieron tanto con el Mesolítico como con la Edad del Bronce ya mencionada. Estudios más recientes recalibraron las dataciones, confirmando en buena parte los resultados y estimando la velocidad en 0,6−1,3 km/año con un nivel de confianza del 95%.[2]

Aunque se sospecha la existencia de un neolítico precerámico europeo, fundamentalmente ganadero, la primera gran civilización mediterránea plenamente neolítica es la de las «cerámicas impresas cardiales». Su fósil director es una serie de cerámicas decoradas con impresiones de conchas de berberecho (Cerastoderma echinatum) que aparecen tanto en la orilla africana como en la europea, desde Dalmacia hasta la península ibérica. En el V milenio a. C. esta civilización fue sustituida en Europa central por otra originada en el Danubio llamada «cultura de la cerámica de bandas», cuya influencia se extendió por el Rin hasta la costa atlántica. Fue entonces cuando se produjo un cambio fundamental en las culturas europeas: formaron grandes comunidades rurales, mantenían ganado, cultivaban cereales y producían una alfarería característica. Desde la península ibérica se extendió a partir del 2900 a. C. el vaso campaniforme,[4] cuyo límite de expansión oriental fue el sudeste de Polonia. Asociados al vaso campaniforme hay una serie de elementos nuevos (como los conocimientos metalúrgicos o los enterramientos individuales) que se difundieron por toda Europa junto a aquel.[5][6]

Megalitismo en Europa

Cerca del 4000 a. C. apareció en el sur de Portugal y otros puntos de la costa atlántica la «civilización de los constructores de megalitos», desde donde, el fenómeno megalítico se difundió por toda Europa occidental, evolucionando hasta el 2500 a. C., ya en el Calcolítico (en una fase que se ha denominado Neo-Eneolítico, por la dificultad de establecer una división clara). Los constructores de megalitos vivían en poblados fortificados, situados en lugares de fácil defensa (como colinas). Un monumento megalítico es una construcción formada por piedras toscamente trabajadas y de tamaño gigantesco (de varias toneladas), de ahí su nombre: megas: gigante y, lithos: piedra. Son varias las clases de monumentos megalíticos:

  • menhir: es una gran piedra puesta de pie que marcaría un lugar simbólico, posiblemente sagrado;
  • alineamiento de piedras: es un conjunto de menhires dispuestos en fila;
  • crómlech: es un conjunto de menhires puestos en círculo. Se supone que el alineamiento y el crómlech eran templos al aire libre, con posibles referencias astronómicas;
  • cairn: amontonamiento de piedras y bloques de diversos tamaños que señalaría un lugar sagrado o de enterramiento;
  • dolmen: Es el monumento más complejo. Se trata de un lugar para enterrar a los muertos de la tribu; constaba de un corredor o pasillo de entrada y de una cámara funeraria, ambos construidos con grandes lajas de piedra, todo ello cubierto por un montículo de tierra y cascotes llamado túmulo. El dolmen es como una pequeña montaña artificial, con una cueva en su interior, también artificial. Todos los difuntos eran depositados en la misma cámara funeraria, ya que se trataba de un lugar de enterramiento colectivo; junto a los difuntos se depositaban ofrendas funerarias (armas, comida, joyas...).

Independientemente de la cronología específica, muchos grupos neolíticos europeos compartieron características básicas, como haber vivido en comunidades familiares de pequeña escala, subsistir con plantas y animales domesticados complementados con la recolección de alimentos vegetales silvestres y con la caza, y producir cerámica hecha a mano, es decir, cerámica hecha sin torno de alfarero. Las hachas de piedra pulida se encuentran en el corazón de la cultura neolítica (piedra nueva), lo que permitió la tala de bosques para la agricultura y la producción de madera para viviendas, así como de combustible.

También hubo muchas diferencias: algunas comunidades neolíticas en el sudeste de Europa vivían en asentamientos fuertemente fortificados de 3000−4000 personas (por ejemplo, Sesklo en Grecia), mientras que los grupos neolíticos en Gran Bretaña eran pequeños (posiblemente entre 50 y 100 personas) y hubo muchos pastores de ganado con gran movilidad.

Los detalles del origen, cronología, organización social, prácticas de subsistencia e ideología de los pueblos de la Europa neolítica se obtienen de la arqueología, y no de registros históricos, ya que estos pueblos no dejaron ninguno. Desde la década de 1970, la genética de poblaciones ha proporcionado datos independientes sobre la historia de la población de la Europa neolítica, incluidos los eventos migratorios y las relaciones genéticas con los pueblos del sur de Asia.

Otra herramienta independiente, la lingüística, ha contribuido con reconstrucciones hipotéticas de las primeras lenguas europeas y árboles genealógicos con estimaciones de datación de divisiones, en particular teorías sobre la relación entre hablantes de lenguas indoeuropeas y pueblos neolíticos. Algunos arqueólogos creen que la expansión de los pueblos neolíticos desde el suroeste de Asia hacia Europa, que marcó el eclipse de la cultura mesolítica, coincidió con la introducción de hablantes indoeuropeos,[8][9] mientras que otros arqueólogos y muchos lingüistas creen que las lenguas indoeuropeas fueron introducidas desde la estepa póntico-caspia durante el período siguiente de la Edad del Bronce.[10]

Conjunto de artefactos neolíticos, que incluye brazaletes, axe heads, chisels y herramientas pulidas
Cerámica griega antigua del Neolítico temprano y medio, 6500-5300 a. C.. Museo Nacional de Arqueología de Atenas

Historia de los estudios

El origen en Oriente Próximo del Neolítico europeo fue propuesto ya en 1925 por el arqueólogo australiano Vere Gordon Childe, en su importante obra The Dawn of European Civilization. Para este investigador, la difusión de la ganadería y la agricultura y de otras técnicas relacionadas con el modo de vida neolítico en Europa estuvieron vinculadas a la migración a través de Anatolia de las poblaciones de Oriente Próximo. Esta hipótesis, que fue ampliamente aceptada, fue apoyada por sucesivos descubrimientos. El desarrollo de la técnica de datación por carbono 14, a partir de la década de 1960, permitió enriquecerla y refinarla. En un artículo de 1971, Ammerman y Cavalli-Sforza sintetizaron la datación de los yacimientos neolíticos más antiguos de toda Europa, e incluso de Oriente Próximo. Los autores mostraron la progresiva difusión del Neolítico desde Oriente Próximo hasta el noroeste de Europa. Según sus cálculos, este proceso habría tenido lugar a ritmos diferentes según fuera la región.[11]

Varias herramientas, entre ellas, en el medio, un cuchillo para cosechar ca. 5000 a. C., (Museo Histórico del Palatinado, Espira)

A partir de la década de 1970, muchos investigadores cuestionaron la idea de una migración masiva de poblaciones del suroeste asiático para explicar la adopción del Neolítico en Europa, y sugirieron, en cambio, que hubo transiciones locales hacia la agricultura y la ganadería, independientes entre sí, en varias regiones europeas. Su argumento se basaba en la crítica a las dataciones de Ammerman y Cavalli-Sforza, que no estaban calibradas y, por lo tanto, «rejuvenecían» artificialmente en varios siglos los yacimientos datados. Tras la calibración de esas dataciones, varios yacimientos parecían ser tan antiguos o incluso más antiguos que los yacimientos de Oriente Próximo de los que supuestamente descendían. Además se presentaron otros argumentos; los investigadores observaron profundas diferencias entre la producción material de los grupos neolíticos de Europa Occidental y los de Oriente Próximo. También observaron que, en muchas regiones europeas, las especies animales y vegetales domesticadas tenían ancestros silvestres, siendo por ello posible una domesticación local. También había regiones en las que la transición del modo de vida mesolítico al neolítico parecía gradual. Por ejemplo, había comunidades que utilizaban cerámica pero que aún vivían exclusivamente de la caza y la recolección.

Sin embargo, la hipótesis del desarrollo independiente del Neolítico en diferentes regiones de Europa ha suscitado escepticismo por parte de la mayoría de los investigadores. En primer lugar, el nomadismo fue inicialmente la norma en la población humana, y la difusión de herramientas de obsidiana muestra intercambios a grandes distancias: las comunidades no vivían aisladas. Además, la multiplicación de la datación por carbono 14 en yacimientos de diferentes regiones y las numerosas investigaciones sobre los yacimientos neolíticos más antiguos de Oriente Próximo demostraron claramente la mayor antigüedad de estos últimos en comparación con los yacimientos europeos. Por otro lado, la supuesta presencia de especies vegetales que podrían corresponder a las especies domesticadas en Europa ha sido parcialmente cuestionada, lo que se confirma mediante análisis genéticos que muestran que las especies animales y vegetales domesticadas de los yacimientos neolíticos más antiguos de Europa se originaron en Oriente Próximo. Como máximo, se podría hablar de hibridación parcial entre especies domesticadas en otros lugares y especies silvestres europeas, por ejemplo, entre los uros y los bovinos. Finalmente, salvo en unas pocas regiones, la transición al Neolítico no fue gradual sino súbita, lo que no es coherente con el desarrollo local, porque el proceso de domesticación de plantas y de animales es necesariamente largo.

Las modalidades de expansión del Neolítico en Europa han sido objeto de numerosas investigaciones. En 2001, Marek Zvelebil[12] propuso varias hipótesis sobre cómo se produjo este proceso:

  • Migración popular (migración comunitaria): es el conjunto de una población ya neolitizada que se desplaza hacia otra región.
  • Difusión démica (migración progresiva): colonización progresiva de una región por episodios sucesivos por pequeños grupos o unas pocas familias.
  • Dominio de las élites (migración de una élite): penetración en una región dada de una élite social que se impone a la población local.
  • Infiltración: penetración gradual en una región de grupos pequeños, generalmente especializados, que llenan un nicho social o económico específico.
  • Colonización por saltos (migración esporádica): o colonización por «saltos de ranas», colonización selectiva de un área por pequeños grupos que forman un enclave entre la población local.
  • Movilidad fronteriza (mezcla fronteriza): movimientos de población a pequeña escala entre los cazadores-recolectores y los agricultores (matrimonios, alianzas, etc.) en la zona de contacto.
  • Contacto: el comercio, los intercambios, las redes regionales o extraregionales permiten la difusión de innovaciones como las prácticas agrícolas en los grupos mesolíticos.

La difusión del Neolítico en Europa

El progreso de la agricultura en Europa desde el 9600 al 3800 a. C.

La agricultura y la ganadería fueron aportadas a Europa por poblaciones llegadas desde Anatolia, que se habrían asentado en Grecia y los Balcanes desde alrededor de 6400 a. C., antes de expandirse gradualmente hacia el oeste. La mayoría de los agricultores presentes en la Europa continental parecen descender de poblaciones que habitaban la cuenca del Egeo y la región oriental del Mármara. Estas poblaciones están ellas mismas claramente emparentadas con los agricultores de Anatolia central.[13] Estos primeros agricultores de Anatolia y Europa surgieron de una mezcla multifásica de una población del suroeste asiático con una población occidental de cazadores-recolectores que había experimentado un grave cuello de botella tras el Último Máximo Glacial. Además, estos ancestros de los primeros agricultores europeos y anatolios habrían atravesado un período de deriva genética extrema durante su expansión hacia el oeste entre 10 900 y 7100 a. C., lo que contribuyó en gran medida a su singularidad genética.[13] Un estudio publicado en 2022 estima que el tamaño efectivo de su población se redujo a unos 620 individuos durante este período relativamente largo de deriva, lo que provocó que divergieran genéticamente no solo de su población ancestral, sino también de otros grupos de agricultores primitivos del Cercano Oriente.[13]

El modelo desarrollado por Jean Guilaine en 2001,[14] basado en las numerosas dataciones por carbono 14, sugiere un desarrollo arrítmico del Neolítico. Habría habido oleadas de progresión relativamente rápidas, seguidas en ciertas regiones por paradas de, a veces, varios siglos antes de nuevas fases de progresión. Estas fases de parada se explican, según este investigador, por una adaptación necesaria de las especies animales y vegetales a los entornos diferentes, antes de poder extenderse a nuevas regiones, por ejemplo, entre el clima y la vegetación mediterráneos y aquellos de la Europa continental.

Expansión neolítica de la cultura de la cerámica cordada y de la cultura de bandas en Europa según la arqueología

Aun a pesar de la extrema complejidad de los métodos de difusión del Neolítico a escala europea, se pueden distinguir dos corrientes principales. La primera afecta a la mayoría de las regiones mediterráneas: es la corriente de la cerámica cardial (también llamada corriente de la cerámica impresa o mediterránea). La segunda, que afecta a la Europa continental, es la corriente de la cerámica de bandas (también llamada corriente LBK, o danubiana o continental).[15]

Ambas corrientes se originaron de una única fuente común que experimentó una mezcla menor con los cazadores-recolectores encontrados en el camino, probablemente en los Balcanes, antes de su separación.[16] Parecen distinguirse por el hecho de que la expansión agrícola en Europa central desde los Balcanes implicó un número significativo de migrantes y una fuerte comunicación anterior durante la expansión del complejo de la cerámica de bandas, con poblaciones que permanecieron relativamente bien conectadas durante todo el período Neolítico. Por el contrario, la colonización neolítica del Mediterráneo occidental desde el este asociada con el complejo cardial probablemente ocurrió a través de asentamientos costeros iterativos a lo largo de la costa norte. Este movimiento de larga distancia fue significativamente más rápido que el observado en Europa central, pero debido a las capacidades limitadas de las embarcaciones marítimas utilizadas en este cabotaje, este modo de difusión aparentemente limitó el número de pioneros y los intercambios posteriores detrás y, en última instancia, resultó en una separación genética entre las poblaciones en los sitios del Mediterráneo occidental y sus poblaciones de origen del Mediterráneo oriental.[17]

En contraste con estos dos movimientos de población, la transición neolítica en la zona de los países bálticos y en Rusia se produjo con una menor contribución de los agricultores de ascendencia anatolia. Por lo tanto, cuanto más al norte y al este se va en Europa, menos pesa la expansión demográfica de los agricultores anatolios en la propagación del Neolítico, lo que significa una adopción en parte local de las técnicas agrícolas a través del intercambio cultural.[18] Los investigadores no pueden decir si los agricultores de ascendencia anatolia no estaban adaptados a los nuevos climas y entornos encontrados en el noreste de Europa o si los cazadores-recolectores pudieron resistir con mayor eficacia en estas regiones del noreste.[18] Esta continuidad genética oriental está en notable congruencia con el registro arqueológico que muestra la persistencia de los grupos de cazadores-recolectores-pescadores que usaban cerámica en esta vasta región y la introducción tardía del cultivo y la ganadería en varios miles de años.[19]

La expansión de la agricultura fue un fenómeno relativamente largo. Así, la alfarería y la ganadería aparecieron unos 1500 años más tarde en las regiones más septentrionales de la Europa atlántica en comparación con las del sur,[20] y en Dinamarca solo alrededor de 3900 a. C.[19]

Un estudio publicado en 2020 sugiere que los factores climáticos pueden haber llevado a una marcada desaceleración en la ola de expansión de los agricultores a latitudes más altas. Los investigadores observan una desaceleración a lo largo de tres ejes al cruzar el mismo umbral climático: así, después de un rápido movimiento de expansión, la llegada de los recién llegados se ralentizó a lo largo de tres rutas: hacia 6200 a. C. en Europa Central, hacia 5400 a. C. hacia Escandinavia y hacia 5700 a. C. en dirección al norte de Europa. En la ruta mediterránea, por otro lado, los agricultores llegaron a la costa atlántica de la península ibérica sin ralentizamiento. Los investigadores señalan que los agricultores se vieron frenados por las bajas temperaturas, en aquellas regiones donde había muy pocos días de crecimiento de plantas por encima de los cinco grados Celsius o en aquellas donde las temperaturas de verano eran demasiado bajas.[21] El ADN de esqueletos en toda Europa ha revelado a los investigadores que los campesinos neolíticos se mezclaron mucho más con los pueblos de cazadores-recolectores locales dondequiera que su progreso se ralentizara. Si su producción de alimentos ya no funcionaba de manera confiable, los propios campesinos probablemente volvieron a la caza y a la recolección. Al intercambiar bienes con los cazadores-recolectores locales, aprendieron a valorar su conocimiento de las circunstancias locales.[21][22]

La corriente mediterránea

Yacimiento neolítico de Nea Nikomedeia, norte de Grecia
Herramientas y armas de piedra de la antigua Grecia neolítica

El movimiento Impressa, o movimiento de la cerámica impresa, debe su nombre a las decoraciones de las cerámicas que consisten en impresiones realizadas por diferentes medios en las vasijas antes de la cocción. La cerámica impresa apareció en Oriente Próximo durante la segunda mitad del VI milenio a. C. Posteriormente, apareció en diferentes partes del mar Egeo, pero permaneció marginal en los yacimientos arqueológicos.[23] Se encuentra en el yacimiento de Sidari, en la isla de Corfú, en Grecia occidental, en 6200 a. C., luego en Italia,[24] en Dalmacia, en el sur de Francia hasta Cataluña en fechas cercanas a 5800 a. C. En todo el Mediterráneo central, esta cerámica aparece en los yacimientos neolíticos más antiguos. De hecho, la agricultura y la ganadería están documentadas en todos los yacimientos en cuestión. La expansión del Neolítico pudo haberse producido, en particular, por vía marítima.

Parece que grupos neolíticos más pequeños que los presentes en la corriente danubiana estuvieron involucrados en la expansión neolítica mediterránea. Este pequeño tamaño de las poblaciones involucradas en estas migraciones y las tasas de endogamia resultantes podrían explicar la identificación dentro de estas comunidades agrícolas tempranas del ejemplo más antiguo de alta consagüineidad en Europa occidental.[25] Los resultados paleogenéticos sugieren diferencias importantes entre las rutas de expansión neolíticas mediterráneas y continentales con respecto a los procesos de migración y de interacción con los grupos de cazadores-recolectores preexistentes. Las altas proporciones de ascendencia de cazadores-recolectores en los grupos neolíticos tempranos y tardíos en el sur de Francia apoyan notablemente los flujos genéticos intergrupales sostenidos.[26]

La diferencia entre las corrientes mediterránea y danubiana podría explicarse por el hecho de que, en el caso de las primeras, los grupos agrícolas en expansión probablemente tuvieron que enfrentarse a diversos desafíos a lo largo de la costa, incluidos los de la navegación (p. ej., capacidad limitada de embarcaciones o la dependencia de las corrientes marinas), lo que podría haber reducido el tamaño inicial de la población y aumentado los efectos fundadores.[26] Durante la segunda mitad del VI milenio a. C., la segunda etapa de la neolitización mediterránea se asocia con la diversificación de las culturas materiales y el aumento del tamaño de las poblaciones.[26]

La corriente danubiana

Cerámica de cinta (Marbourg-Schröck, excavaciones de 1983)

La corriente del Danubio corresponde a la progresiva expansión hacia el oeste de la cultura de la cerámica de bandas. La primera designación está vinculada a la principal extensión geográfica de esta corriente en la cuenca del Danubio. La segunda corresponde a la decoración en cinta de la cerámica, de ahí el término «rubané», en francés, o LinearBandKeramik, abreviado como LBK en alemán (cerámica de bandas lineales). Esta corriente proviene de los Balcanes, en particular del norte de Serbia (yacimiento de Lepenski Vir) ca.6200 a. C.) y Bulgaria, y el sur de Rumanía, alrededor 5800 a. C.. Se encuentran cerámicas de cinta, asociadas a una arquitectura particular, a producciones técnicas distintivas y a la práctica de la agricultura y la ganadería tan lejos como la cuenca de París 5000 a. C.

Las culturas arqueológicas de la cuenca de los Cárpatos han proporcionado la base genética de los primeros agricultores de Europa central que han afectado a las culturas prehistóricas posteriores durante mucho tiempo. Así, la cultura de Starčevo (-6200 a -5600) del Neolítico temprano desempeñó un papel fundamental en la neolitización del sureste europeo.[27]

Los análisis genéticos respaldan una difusión démica de los primeros agricultores en el oeste de Hungría y demuestran la importancia fundamental de esta región como corredor prehistórico de la migración.[27] En cada etapa de su dispersión a lo largo del corredor del Danubio, las primeras comunidades agrícolas incorporaron individuos de poblaciones de cazadores-recolectores.[13]

En Europa del Este

Los estudios paleogenéticos han puesto de relieve una importante distinción este/oeste en el proceso de neolitización a lo largo de una frontera que conecta el mar Negro con el mar Báltico. Al oeste de esta línea, la transición neolítica se fue acompañada de reemplazos a gran escala de las poblaciones locales de cazadores-recolectores por un componente anatolio; al este de esta línea, no se observa ningún reemplazo poblacional significativo hasta alrededor del 3000 a. C.}. Esta continuidad genética concuerda con la documentación arqueológica que muestra la persistencia de la cerámica utilizada por los grupos de cazadores-recolectores-pescadores y el retraso en la introducción de la agricultura y la ganadería en esta región.[28]

Fin del Neolítico y transición a la Edad del Cobre

Esquema de las migraciones indoeuropeas desde ca. 4000 a 1000 a. C. según la hipótesis kurgan, ampliamente aceptada. Se cree que estas migraciones difundieron la ascendencia pastoral esteparia yamna y las lenguas indoeuropeas por amplias zonas de Eurasia.[29]

Con algunas excepciones, los niveles de población aumentaron rápidamente al comienzo del Neolítico hasta alcanzar la capacidad de sustentación.[30] Esto fue seguido por un colapso demográfico de «enorme magnitud» después de 5000 a. C., con niveles que se mantuvieron bajos durante los siguientes 1500 años.[30]

Los artefactos de oro más antiguos del mundo (4600-4200 a. C.) se encuentran en la Necrópolis de Varna , Bulgaria: ofrendas funerarias expuestas en el Museo Arqueológico de Varna.[31][32][33]

Las poblaciones comenzaron a aumentar después del 3500 a. C., con posteriores descensos y ascensos entre el 3000-2500 a. C., variando esas fechas entre las distintas regiones.[30] En esta época se produjo el declive neolítico, cuando las poblaciones se desplomaron en la mayor parte de Europa, posiblemente a causa de las condiciones climáticas, la peste o la migración masiva. Un estudio de doce regiones europeas reveló la mayoría de los patrones de auge y caída, y sugirió una «causa endógena, no climática».[34] Evidencias arqueológicas recientes sugieren la posibilidad de que la peste causara este colapso poblacional, ya que se descubrieron fosas comunes que datan de alrededor del  2900 a. C. que contenían fragmentos de material genético de Yersinia pestis compatibles con la peste neumónica.[35]

El Calcolítico en Europa comenzó alrededor de 3500 a. C., seguido poco después por la Edad del Bronce europea. Este período también se convirtió en un período de auge de la construcción megalítica. A partir del 3500 a. C., el cobre se utilizaba en los Balcanes y en Europa oriental y central. Asimismo, la domesticación del caballo tuvo lugar durante esa época, lo que propició una mayor movilidad cultural.

Acercándose el final del Neolítico, ca. 2500 a. C., un gran número de pueblos esteparios euroasiáticos migraron al sudeste y centro de Europa desde Europa oriental, desde la estepa póntico-caspia al norte del mar Negro.[36][37]

Genética del Neolítico

Modelo simplificado de la historia demográfica de los europeos durante el periodo neolítico con la introducción de la agricultura en la revolución neolítica.[38]

Desde la década de 2000, la genética de poblaciones ha proporcionado respuestas sólidas a muchos debates antiguos.

Los datos genéticos sobre el ADN autosómico antiguo han demostrado que una sola y única población, los EEF (por Early European Farmers), se parecen genéticamente mucho a los sardos actuales,[27] y más ampliamente a los europeos del suroeste actuales,[39][40] pero originarios de Anatolia (cuya población era muy diferente en el Neolítico de lo que es hoy),[41] colonizó la mayor parte de Europa a principios del Neolítico, ya sea a través del Mediterráneo o de la cuenca del Danubio, casi sin mezclarse con las poblaciones indígenas de cazadores-recolectores que simplemente fueron expulsadas (pero estos antiguos cazadores-recolectores que habían sobrevivido en zonas retiradas experimentarán un pequeño resurgimiento y una ligera mezcla con los EEF en el Neolítico medio y tardío). Más tarde, al final del Neolítico, los indoeuropeos llegaron desde las estepas pónticas y se mezclaron en Europa con la población EEF del Neolítico, dando lugar a los europeos actuales.[42][43]

La síntesis de datos [44][45] ha permitido destacar la existencia de una discontinuidad genética significativa entre el Mesolítico y el Neolítico en Europa, interpretada como el efecto de importantes movimientos poblacionales durante la neolitización de Europa, provenientes de una población antigua del Próximo Oriente. Asimismo, estos resultados han puesto de relieve una discontinuidad genética entre la población europea del Neolítico, muy específica, y la población europea actual, lo que sugiere que hubo importantes movimientos poblacionales posteriores en Europa.

Resultados basados en el ADN sexual, los haplogrupos

La agricultura se inventó de forma independiente en una decena de lugares diferentes del mundo, pero no en Europa. Los conocimientos técnicos que llegaron a Europa se originaron en Oriente Próximo, donde la transición desde una economía de depredación a una economía de producción se produjo de forma gradual y lenta entre 12 000 y 7000 a. C. Un estudio genético, publicado en la revista PLoS Biology el 19 de enero de 2010, ha demostrado que, en este punto, existe una diferencia de género. El linaje más común de los cromosomas Y encontrado en la población masculina europea neolítica proviene de una única fuente en Anatolia, que se extendió por el Viejo Continente durante el Neolítico temprano. En contraste, el ADN mitocondrial, transmitido exclusivamente por mujeres, es más diverso y contiene una proporción significativa de genes de cazadores-recolectores mesolíticos. Estos resultados respaldan la hipótesis de que los agricultores varones, a su llegada, monopolizaron a las mujeres de las poblaciones indígenas.[46]

Los estudios genéticos muestran que con la llegada de las primeras comunidades de agricultores a los Balcanes y Europa central, la población efectiva de mujeres era mayor, probablemente debido a los efectos diferenciales de las prácticas sociales y culturales, incluyendo el creciente sedentarismo junto con el cambio a la monogamia y la patrilocalidad en las primeras comunidades agrícolas. La baja diversidad paternal en el Neolítico temprano es bastante notable: G2a es el haplogrupo dominante (65,5%) en el conjunto de datos neolíticos del VI al IV milenio a. C.. La variación limitada de los haplogrupos NRY en comparación con la alta diversidad de los haplogrupos de ADNmt sugiere una población masculina menor que la femenina. Una explicación posible para este fenómeno seria la patrilocalidad (en la que las mujeres se mudan después del matrimonio al lugar de nacimiento de su esposo), mientras que otras posibilidades incluyen la poliginia o una mortalidad adulta con sesgo masculino. Una regla residencial patrilocal probablemente estaba vinculada a un sistema de descendencia a lo largo de la línea paterna (patrilinealidad) en las primeras comunidades agrícolas.[27]

Los datos sobre el haplogrupo Y de las poblaciones antiguas muestran que el haplogrupo R1b-M269, que representa el 60% de los linajes masculinos en Francia, no está asociado con los agricultores neolíticos, sino con indoeuropeos que llegaron de Europa del Este antes de la Edad del Bronce y que reemplazaron a gran parte de la población masculina neolítica existente.[47][48] Estos resultados respaldan una prehistoria europea marcada por dos migraciones importantes. Primero, la llegada de los primeros agricultores a principios del Neolítico desde Anatolia, y segundo, la llegada de pastores a finales del Neolítico desde las estepas.

Las poblaciones celtas se caracterizarían por diferentes subgrupos del haplogrupo R1b-M269 introducido en Europa por estas migraciones indoeuropeas.[49]

Resultados basados en el ADN autosómico

La década de 2010 vio una revolución en los estudios genéticos del ADN antiguo, ya que entonces fue posible secuenciar todo el genoma y comparar los genomas sobre el ADN autosómico, lo que es mucho más confiable e informativo para comparar poblaciones.

Entre 2010 y 2012 finalmente fue secuenciado el genoma de Ötzi, el «Hombre de los hielos» descubierto congelado en un glaciar de los Alpes, de 5300 años de antigüedad, es decir, del final del Neolítico europe.. Ötzi reveló entonces por primera vez la estrecha relación entre la antigua población europea del Neolítico y las poblaciones actuales del suroeste de Europa y, en particular, de Cerdeña, que parece haber permanecido como un refugio actual donde la antigua población del Neolítico europeo ha persistido hasta hoy. Su haplogrupo Y G2a2b también confirma esta relación. Este haplogrupo, ahora relativamente raro en Europa, ya se había encontrado previamente como el más frecuente en el Neolítico europeo; todavía es común hoy en día en Córcega y Cerdeña.[50]

Luego, se secuenciarán poco a poco otros genomas antiguos de varias culturas arqueológicas, de muchas regiones de Europa y de diferentes períodos, lo que permitió tener una visión cada vez más refinada de la historia del poblamiento en Europa. El principal descubrimiento relacionado con el movimiento neolítico fue entonces que todas las muestras de agricultores europeos del Neolítico temprano y medio, ya sea en Hungría (cultura de Starčevo), en Alemania (cultura de la cerámica de bandas), en España (cultura cardial y derivadas) o incluso en Suecia (cultura Funnelbeaker) y en Irlanda, entre otros, parecen ser muy similares genéticamente entre sí y forman una única población genética (grupo) llamada EEF (por Early Europeans Farmers).[51][52] Esta población está muy diferenciada genéticamente de los antiguos cazadores-recolectores del Mesolítico,[53] habiendo persistido estos últimos durante un tiempo junto a ellos.

En 2015, gracias al aumento del número de muestras disponibles que permitieron comparaciones más detalladas, Olalde et al.[16] pudieron determinar que los antiguos agricultores neolíticos europeos eran de hecho una población muy homogénea, y que las dos corrientes principales de neolitización de Europa, la corriente danubiana (cultura Ribbon) y la corriente mediterránea (cultura cardial), son de hecho el trabajo de una única población colonizadora de una única fuente común que conquistó la mayor parte de Europa con poca mezcla con los cazadores-recolectores encontrados en el camino, incluso mucho después de la separación de las dos corrientes y hasta llegar a las costas atlánticas. Por lo tanto, fue posible determinar que, si hubiera habido una mezcla significativa con los antiguos cazadores-recolectores, esta habría tenido lugar más bien en los Balcanes, antes de la separación de las dos corrientes principales, de modo que las dos corrientes derivarían de la misma mezcla genética.

A finales de 2015, se dispuso de las primeras muestras del Neolítico de Oriente Próximo,[54][55] más concretamente de Anatolia. Estas muestran una distancia genética muy significativa con respecto a la población actual de Oriente Próximo, resultado de migraciones y reemplazos poblacionales más recientes en esta región del mundo. Por otro lado, la antigua población neolítica de Anatolia estaba mucho más próxima a la de los europeos actuales y estaba especialmente emparentada con los antiguos agricultores neolíticos europeos (los EEF), muy similares a los sardos actuales.

Al entrar en Europa, estos primeros agricultores experimentaron solo una mezcla limitada (7-11%) con los cazadores-recolectores europeos antes de colonizar y poblar gran parte de Europa. Sin embargo, una publicación de 2020 revela importantes variaciones regionales durante la expansión neolítica. El panorama general que surge de estos estudios sugiere poca mezcla entre los primeros agricultores que llegaron y los cazadores-recolectores indígenas locales en todas las regiones objetivo, seguida de un aumento en la ascendencia de cazadores-recolectores durante una fase tardía del Neolítico. Los objetos ornamentales específicos de las poblaciones de cazadores-recolectores observados en enterramientos en Europa central y occidental sugieren una tradición continua de coexistencia de estas diferentes poblaciones a lo largo del Neolítico medio.[56]

Cambios sociales

Túmulo funerario de Newgrange, la tumba de corredor neolítica más grande de Irlanda, alrededor de 3200 a. C.
Círculo de Goseck, Alemania, 4900 a. C.
Viviendas desenterradas en Skara Brae (Orcadas, Escocia), el poblado neolítico más completo de Europa.
Reconstrucción de un poblado neolítico
Casa larga neolítica, Alemania, 5000 a. C.

Gradualmente, todas las comunidades adoptaron la agricultura, lo que alteró una organización social que hasta entonces había sido bastante horizontal. La transición desde una economía depredadora a una economía de producción requirió planificación del trabajo. Las cosechas debían almacenarse, las reservas gestionarse, redistribuirse, una parte guardarse para la siembra del año siguiente, etc. En otras palabras, se instauró una estructura jerárquica, una forma de administración que acentuaba la interdependencia entre los individuos.[46] La naturaleza y la distribución del poder político en la Europa neolítica siguen siendo poco conocidas. Durante este período, muchas sociedades comenzaron a invertir fuertemente en la construcción de monumentos, lo que sugiere un aumento de la organización social. La importancia y sofisticación de la arquitectura megalítica a lo largo de la costa atlántica, que culminó en los complejos de tumbas de corredor, dejó monumentos impresionantes. Los académicos siguen divididos sobre la forma de organización social que presidía estas construcciones.[57] Se han propuesto formas de cooperación.[58]No obstante, el gasto humano requerido para erigir los monumentos más grandes ha llevado a algunos investigadores a enfatizar los modos jerárquicos de organización.[59][60]

Hoy en día, la llegada de la agricultura se considera un progreso. Pero ¿lo percibían así todos en aquel entonces? Se estima que los cazadores-recolectores trabajaban un promedio de tres a cuatro horas diarias para asegurar su subsistencia. Con el Neolítico, que implicaba el cultivo de la tierra, el cuidado de los animales y la construcción y el mantenimiento de las viviendas, esta duración aumentó considerablemente. Por lo tanto, sin siquiera mencionar un posible apego a un modo de vida ancestral, se puede argumentar que esta evolución no siempre se percibió de forma positiva.[46]

A pesar de los variados contextos funerarios (tumbas monumentales o simples, entierros colectivos o individuales) y, por lo tanto, de las formas de organización social contrastadas , los datos desde el principio hasta el final del Neolítico europeo convergen hacia sistemas patrilineales. Se considera que estas sociedades prehistóricas están organizadas en grupos de filiación/ascendencia (familia, clan o tribu según la escala), en los que los hijos pertenecen al grupo de su padre biológico.[61] La idea, en particular, de que las sepulturas colectivas representan grupos de parentesco patrilineal está confirmada por varios estudios.[62][63][64][65] La prevalencia de los enterramientos colectivos basados en el parentesco se vería interrumpida por la llegada de los pastores esteparios a finales del Neolítico y la Edad del Bronce, lo que llevó al desarrollo de sociedades más individualizadas, como las asociadas con la cultura del vaso campaniforme y la cultura de la cerámica cordada.[62]

Demografía y salud

El Neolítico fue un período de transformación en el que emergió un estilo de vida predominantemente sedentario, la domesticación de plantas y animales, y la consiguiente independencia relativa de la naturaleza, con el recurso a un aprovisionamiento sostenido de alimentos. Una economía manufacturera con buenos rendimientos, excedentes y reservas condujo a un aumento de la fertilidad, con edades de destete más tempranas e intervalos entre los nacimientos más cortos, lo que resultó en un crecimiento exponencial de la población.[66]

En general, se han encontrado niveles bajos de consanguineidad en todos los grupos neolíticos tempranos de Europa central, lo que sugiere que estas primeras poblaciones de agricultores (EEF) vivían en grupos más grandes o en grupos con una extensa red de apareamiento, y provendrían de una población fuente con un gran tamaño de población efectiva.[66]

Sin embargo, los efectos negativos de la neolitización se manifiestan en una mayor prevalencia y transmisión de las enfermedades infecciosas, metabólicas y de carencias nutricionales, favorecidas por los modos de vida sedentarios, las poblaciones crecientes y por el contacto cercano con animales domésticos.[66] Se ha reportado un menor consumo de carne y un aumento de caries dentales indicativo del consumo de cereales en el Neolítico temprano en comparación con períodos posteriores. Además, se ha encontrado una mayor prevalencia de cribra orbitalia y de hiperostosis porótica, que indican un nivel significativo de enfermedades infecciosas, una dieta de mala calidad o una combinación de ambas, en sitios de la cultura de la cerámica de bandas.[66]

Los estudios genéticos parecen mostrar que la llegada de la agricultura y los cambios posteriores en la exposición a patógenos habrían cambiado radicalmente los genes inmunes en los primeros agricultores.[67] Los resultados de los estudios paleogenéticos sugieren que los primeros agricultores neolíticos de Europa central experimentaron una adaptación continua de las funciones metabólicas e inmunes a los estilos de vida neolíticos debido a la mayor carga de enfermedades en grupos más grandes que los de los cazadores-recolectores.[66] También muestran una adaptación a las latitudes más altas en individuos neolíticos en comparación con los cazadores-recolectores, como evidencian los cambios en las frecuencias alélicas de las variantes asociadas con la pigmentación y a la síntesis de folatos.[66]

Características físicas

Un estudio genético ha examinado las características de altura de las poblaciones neolíticas a partir de sus genomas. Muestra que los cazadores-recolectores europeos eran altos y que se produjo una marcada disminución de la altura asociada con la llegada de los primeros agricultores de Anatolia. Durante el Neolítico, la altura de los individuos aumentó gradualmente al mismo tiempo que el porcentaje de la ascendencia cazadora-recolectora crecía de nuevo. Este aumento, influenciado por la llegada de pastores esteparios, también más altos, se incrementó aún más durante la Edad del Bronce.[68]

Guerra

La guerra se desarrolló en el Neolítico, traducida por todo un abanico acciones violentas, a veces ritualizadas.[46] Según Linda Fibiger et al., aunque las hostilidades violentas entre grupos no fueron una innovación neolítica, «la práctica, extensión y prevalencia de la violencia humana parecen haber experimentado cambios dramáticos y duraderos durante este período». [69] La tecnología de armas neolíticas europeas incluye hachas de piedra, azuelas y puntas de flecha, cuchillos de sílex, garrotes de madera y cabeza de piedra, y picos de asta y hondas. Sin embargo, las armas de violencia inequívoca están en gran parte ausentes en toda la Europa neolítica, y los indicadores secundarios de conflicto potencial, como sitios o recintos defensivos, no son omnipresentes.[69] El hecho de que no todas las lesiones dejen huellas en el esqueleto presenta una dificultad significativa para los arqueólogos en su estimación de los niveles de violencia.[69]

La creciente territorialidad relacionada con la agricultura y el pastoreo, la producción excedente variada y estacional, y los inevitables aumentos y variaciones en el tamaño, la organización y la desigualdad económica de los grupos probablemente se encuentren entre los factores que contribuyeron a esta violencia.[69] El elevado número de niños y mujeres entre los muertos de enterramientos en masa y de múltiples tumbas relacionadas con el conflicto demuestra que la pertenencia a un grupo era motivo suficiente para ser asesinado. Esta práctica de sustitución social parece ser una de las principales características de la violencia masiva neolítica.[69]

Transformaciones del paisaje

Un estudio aparecido en 2020 sugiere que los primeros agricultores modificaron poco el paisaje europeo. No fue hasta la Edad del Bronce, varios milenios después de la llegada de los agricultores, que la actividad humana habría provocado cambios significativos en el paisaje del continente. La expansión de las poblaciones de la estepa y de la cultura Yamna se produjo con mayor rapidez y provocó mayores cambios en la vegetación que la expansión anterior de los agricultores neolíticos. El estudio muestra que el declive de los bosques latifoliados y el aumento de los pastos y de la vegetación natural de praderas coincidieron con el declive de la ascendencia cazadora-recolectora y podrían estar asociados con el rápido desplazamiento de los pueblos esteparios durante la Edad del Bronce.[70][71]

Lenguas neolíticas

Las lenguas difundidas en Europa a principios del Neolítico por los agricultores de Anatolia son desconocidas, salvo hipótesis formuladas de vez en cuando por este o aquel investigador.

Las lenguas indoeuropeas llegaron a Europa a finales del Neolítico, por ejemplo, con la cultura de la cerámica cordada, la cultura de los campos de urnas o la cultura del vaso campaniforme. Hans Krahe considera que la hidronimia europea antigua es el vestigio más antiguo de la presencia de indoeuropeos en Europa.

Las teorías sobre las lenguas «preindoeuropeas» se basan en evidencias muy limitadas. El euskera es el mejor candidato para ser descendiente de dicha lengua, pero al ser una lengua aislada, aún no existen pruebas comparativas definitivas sobre las que construir una teoría. No obstante, Theo Vennemann postula una familia vascónica, que asume coexistió con un grupo «atlántico» o «semítico» (es decir, semítico). El vascólogo Michel Morvan señala que los nombres vascos de animales no son indoeuropeos y, por lo tanto, provienen del Neolítico preindoeuropeo. Otra candidata es la familia |tirrénica, que se cree que dio origen al etrusco y al rético en la Edad del Hierro, y quizás también a las lenguas egeas como el minoico o el pelasgo en la Edad del Bronce. La lengua original de los ligures es objeto de un gran debate.

¿Decadencia del Neolítico?

Durante el período conocido como el declive neolítico, los asentamientos construidos en particular por las poblaciones de la Cultura de Cucuteni-Trypillia (c. 4800-3000 a. C.) y que podían albergar entre 10.000 y 20.000 personas dejaron de construirse por razones que aún no se comprenden completamente.[72]

Las culturas neolíticas de toda Europa experimentaron un período de declive poblacional. Las razones de esto son debatidas. Las explicaciones más aceptadas para el colapso de los megaasentamientos son la de la sobreexplotación del medio ambiente, con una disminución o incluso extinción de los bosques y la expansión del entorno estepario y/o un enfrentamiento con las poblaciones esteparias que se alimentaban de ellos. La aparición de enfermedades infecciosas es un tercer factor que probablemente contribuyó al declive. El contacto estrecho entre los humanos y los animales y la acumulación de alimentos probablemente llevaron a peores condiciones sanitarias y a un mayor riesgo de aparición y transmisión de patógenos en los asentamientos humanos neolíticos. La presencia de enfermedades infecciosas podría ser una explicación adecuada para los incendios masivos de casas y el rápido abandono observados en los megaasentamientos.[72]

Sin embargo, un estudio publicado en 2021 especifica que los datos analizados por estos investigadores no respaldan el escenario de una pandemia de peste neumónica prehistórica, como se había sugerido previamente para el declive neolítico. La distribución geográfica y temporal de los pocos casos prehistóricos de Yersinia pestis notificados hasta la fecha se correspondería más con eventos zoonóticos únicos.[73]

Principales culturas neolíticas europeas

Notas y referencias

Bibliografía

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