Nicolae Milescu
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Nicolae Milescu (primer nombre también Neculai, que firmaba en latín como Nicolao Spadario Moldavo-Lacone, también conocido como Spătarul Milescu-Cârnu, el «canciller chato Milescu»; en ruso: Николай Гаврилович Спафарий, Nikolai Gavrilovich Spathari o 'Николае Гаврилович Милеску, Nikolaye Gavrilovich Milescu) (Vaslui, en la región de Moldavia (hoy Rumania), 1636 – Moscú, 1708) fue un escritor, diplomático y viajero moldavo, recordado por haber dirigido una embajada del Imperio Ruso a China.
Milescu hablaba nueve idiomas: rumano, latín, griego tanto ático como moderno, francés, alemán, turco, sueco y ruso. Uno de sus nietos fue el spătar (canciller) Yuri Stefanovich, que llegó a Rusia a 1711 con el príncipe Dimitrie Cantemir.[1]
Su prosónimo moldavo-lacone[2] (Moldavan-Laconian) se piensa que era una indicación de un posible origen griego.[3] El nombre Milescu fue adoptado por sus padres cuando se establecieron en Milesti.[4] El profesor L. Turdeanu-Cartojan descubrió en Oxford su autobiografía, escrita en griego (Λαζάρου, Lazarou).
Boyardo nacido en Vaslui, Milescu estudió en el Colegio Patriarcado de Estambul y, después de volver a la ciudad de Iaşi, fue nombrado canciller por el príncipe de Moldavia Gheorghe Ştefan. En 1660-1664, se desempeñó como representante de su país con el señor otomano, y luego como enviado a Berlín y Estocolmo. Siguió a Gheorghe Ştefan en su exilio a Estocolmo y Szczecin (1664-67) y visitó en Francia a Luis XIV, en un intento de conseguir que el rey le ayudase en la creación de una alianza anti-otomano.
Exilio
Milescu tenía sus propias ambiciones, y conspiró contra el príncipe Ştefăniţă Lupu (voivoda de Moldavia entre 1659 y 1661). Como castigo, Ştefăniţă ordenó que le cortasen la nariz (la razón de su apodo). Según el relato inverosímil del cronista Ion Neculce:
Después [de ser mutilado], el chato Nicoláshuyó a tierras germanas y allí encontró a un médico que repetidamente hacía sangrar sus mejillas y esculpia su nariz, y así día a día con la sangre coagulada, lo que llevó a su curación.
Milescu regresó de nuevo a Estambul, donde recibió una carta del zar Alejo I de Rusia, quien lo nombró traductor del Ministerio de Relaciones Exteriores en 1671. Milescu llegó a Rusia junto con Dositheus II, el patriarca ortodoxo de Jerusalén. En 1674, se le muestra liderando las negociaciones tanto con Valaquia y Moldavia, tratando de unirlos a los proyectos anti-otomanos liderados por los rusos. En 1695, Milescu participó en las Campañas de Azov de Pedro el Grande.
En China

En 1675, fue nombrado embajador del Imperio Ruso en Pekín, la capital de la dinastía Qing, regresando en 1678. A la cabeza de una expedición de 150 personas que tenía un componente militar (con la intención de defenderse de posibles ataques de una población indígena hostil), Milescu tuvo como principales tareas la liquidación de varios incidentes en la frontera entre Rusia y China, el establecimiento comercial permanente de relaciones con China y la exploración de las recientes tierras rusas incorporadas a lo largo del río Amur. La anterior embajada moscovita a China, dirigido por Fyodor Baykov en 1656-56, no había podido lograr estos objetivos.
A diferencia de los rusos anteriores que habían pasado por Mongolia, Milescu optó por viajar a través de Siberia hasta Nerchinsk, justo al norte de Pekín. Al llegar a Yeniseysk, Milescu envió a uno de sus hombres, Ignatiy Milovanov, a la corte china con el fin de informar al emperador Kangxi sobre el propósito de su embajada. Milovanov fue el primer europeo conocido que cruzó el río Amur, llegando a Pekín por la ruta más corta posible. Milescu siguió la misma ruta hasta la frontera con China, y estableció su campamento en el río Nonni, en Manchuria, en espera de noticias de Milovanov. Este último regresó al campamento el 18 de febrero y, teomando un informe de Milescu para el zar, siguió de regreso a Moscú. Milescu, por otro lado, cruzó Manchuria y llegó a Pekín a mediados de mayo, después de haber sido retenido durante dos meses en Kalgan, donde fue capaz de comunicarse en latín con el jesuita Ferdinand Verbiest. Su diplomacia tuvo éxito y volvió a Siberia por la misma ruta en la primavera de 1677.
