Nicolás Factor
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Pedro Nicolás Factor (Valencia, 29 de junio de 1520-23 de diciembre de 1583), fraile franciscano y pintor español, fue beatificado por Pío VI el 27 de agosto de 1786.
Su biografía la escribió fray Cristóbal Moreno y apareció publicada con el título de Libro de la vida y obras maravillosas del Siervo de Dios, el bienaventurado padre Fray Pedro Nicolás Factor, en Alcalá de Henares, en casa de Juan Gracián, 1586,[1] y de su faceta artística se ocupó brevemente Francisco Pacheco y con alguna mayor extensión Antonio Palomino y Juan Agustín Ceán Bermúdez.
Hijo de un sastre natural de Siracusa, hombre muy devoto de san Nicolás, y de Úrsula Estaña, nacida en Albaida (Valencia), realizó estudios de primeras letras y se inició en el estudio de la gramática antes de tomar el hábito franciscano en el convento de Santa María de Jesús de Patraix, extramuros de la ciudad de Valencia, en 1537, contra la voluntad de su padre, que quería dedicarlo al comercio.[2] Profesó en el mismo convento el 3 de diciembre de 1538 y fue ordenado sacerdote en 1544. Su biógrafo lo describe, tras tomar los hábitos, siempre con la risa en la cara,
benigno, y afable, dispuesto y de buena estatura, muy gentil Latino, grande escribiente de toda manera de letras. Poeta ansi en Latín como en Romance, diestro en toda manera de canto, y aun de tañer tecla algún tanto: tenía muy buena voz y por esto fue Vicario del choro algunas vezes en el convento de santa María de Iesús: muy lindo pintor, no solo en lienzo, y tablas, pero aun, en vasos de vidrio, lo quales dexava a mil maravillas hermosos: y era de sanguínea y delicada condición, y de tan vivo ingenio, que a quantas cosas se aplicava, salía con ellas.[3]
Ya ordenado sacerdote destacó como predicador en los varios conventos por los que pasó. Desarrolló singularmente su actividad pastoral en los conventos de religiosas clarisas que sucesivamente le fueron confiados en Gandía, Játiva y Valencia, donde fue muchos años confesor del monasterio de la Santísima Trinidad. En 1573, llamado por su fundadora, Juana de Austria, fue designado confesor del monasterio madrileño de las Descalzas Reales. Su estancia en él, a juzgar por las cartas que escribió a las monjas de su añorado monasterio de la Santísima Trinidad, le resultó insufriblemente incómoda, por el bullicio de la Corte.[4] En carta fechada el 11 de febrero de 1574 anunciaba a las monjas de la Santísima Trinidad su inmediata partida, por voluntad propia, «porque no me da contento esta tierra», aunque las monjas y toda la Corte, añadía, hacían cuanto podían por retenerlo.[5] Cuenta Moreno y lo recoge Palomino que al salir de Madrid camino de regreso a Valencia pasó por el convento de la Virgen de Atocha para despedirse de su imagen, la cual le reprochó que abandonase así a las monjas descalzas, lo que le dejó lleno de temor, aunque de inmediato la misma imagen le tranquilizó e invitó a ir en paz.[6] La historia está narrada también en una mediocre pintura anónima, fechada en 1759, conservada en la clausura del mismo monasterio de las Descalzas,[7] donde existe el único retrato auténtico que se ha conservado del beato, pintado poco después de su muerte por Juan de Sariñena.
En 1583 salió de Valencia para incorporarse en Cataluña a la reforma capuchina, primero en Tarragona y luego en Barcelona, pero apenas pasado un año se reincorporó a la observancia en su convento de Santa María de Jesús, al que llegó el 13 de diciembre de 1583 para fallecer solo diez días después. En el camino de regreso se detuvo en Tarragona donde el arzobispo Antonio Agustín le hizo retratar, tras verlo elevado en éxtasis en su presencia, y compuso en su honor dos dísticos latinos para acompañar al retrato, repetidos por Sariñena en el pintado por él y conservado en el monasterio de las Descalzas Reales, que podría haber tomado aquel otro por modelo:
Dum gustas Factor pomini dulcissima verba,
Raptus es in coelum, perfruerisque Deo.
Inde redis laetus, caelesti nectare plenus,
Atque doces coelum scandere qua liceat.[8]
Descontadas algunas pocas obras de muy escaso mérito que se le han atribuido, como una Virgen de la leche en los fondos del Museo de Bellas Artes de Valencia,[9] lo único que se puede decir de su pintura es lo que de ella escribieron Pacheco y Palomino. El primero, seguramente por referencias, escribió en su Arte de la pintura que «viviendo en el convento del Valle de Jesús pintó muchas imágenes de la Santísima Virgen, de quien fue grandemente regalado y a las que hallaba pintadas les ponía versos latinos en su alabanza».[10] Palomino, que por haber residido en Valencia pudo llegar a conocer directamente algunas de sus obras, anotaba en el claustro del convento de Santa María de Jesús la pintura de un San Miguel abatiendo a Satanás, pintura mural monocroma de añil, y en la escalera del convento de Chelva un Cristo a la columna, también a la aguada, además de diversos adornos en los libros de coro de su convento de Jesús.[11] Ceán añade, sin poderlo afirmar, que otras dos pinturas con el mismo motivo del Cristo a la columna se encontrarían en la clausura de las Descalzas Reales y en su convento de Santa María de Jesús, donde también existía por entonces una Virgen con el Niño «que la real academia de San Carlos de Valencia dio por asunto para el premio del grabado en el concurso general de 1789».[12]