Las relaciones entre la Santa Sede y Persia tienen antecedentes documentados desde la Edad Moderna, fortaleciéndose especialmente a partir del siglo XIX con el establecimiento de misiones católicas latinas y armenias en el país.[2]
En 1939 se creó la Delegación Apostólica para Persia, que actuó como representación pontificia sin rango diplomático pleno.[3] Tras la Segunda Guerra Mundial se intensificaron los contactos oficiales y en 1953, mediante decreto de la Santa Sede, la delegación fue elevada al rango de Nunciatura Apostólica en Irán.[4]
Las relaciones diplomáticas continuaron sin interrupción tras la Revolución Islámica de 1979. Aunque numerosos Estados occidentales modificaron su presencia diplomática, la Santa Sede mantuvo su misión en Teherán, conservando canales de diálogo con el nuevo gobierno. Este hecho ha sido considerado un elemento significativo en las relaciones entre la Iglesia y el Estado iraní.[5]
Durante el pontificado de Juan Pablo II, las relaciones culturales y religiosas se fortalecieron, especialmente en cuestiones relativas al diálogo interreligioso. El 12 de marzo de 1999, el Papa recibió en audiencia al presidente iraní Mohammad Jatamí en el Vaticano, encuentro considerado histórico por su simbolismo en las relaciones entre el cristianismo y el islam chií.[6][7]
El 30 de enero de 2016, el presidente Hasán Rohaní visitó oficialmente al Papa Francisco en Roma, reafirmando la importancia de la presencia diplomática vaticana en Irán y de la nunciatura como puente para el diálogo en Oriente Medio.[8][9]
La misión diplomática también mantiene relación con las comunidades católicas armenias, caldeas y latinas presentes en el país, colaborando con la jerarquía local en temas como libertad de culto, protección patrimonial y asistencia humanitaria.[10]