En el teatro musical, las letras de los números de las canciones individuales se integran en la narrativa del libreto. Ya en 1917, el estadounidense Jerome Kern escribía: "los números musicales deben continuar la acción de la obra y deben ser representativos de las personalidades de los personajes que los cantan".[2] El libretista Oscar Hammerstein, otro defensor de este punto de vista, incluso se negó a enumerar los números en su musical Rose-Marie porque pensaba que le restaría valor a lo que él veía como una estrecha integración entre el libreto y la letra. Sin embargo, tanto David Horn como Scott McMillin han propuesto que la integración total no es posible completamente. Para McMillin, el comienzo de un número musical crea una "sensación" notablemente diferente donde el cantante se convierte en un "intérprete" y no simplemente un personaje.[3] Para Horn, los números individuales pueden servir no solo para hacer avanzar la narrativa, sino también para dirigirse directamente a la audiencia e involucrarla en una experiencia que se destaca del contexto dramático de la obra, y esta última función tiene sus raíces en los vodeviles.[4]
En las revistas, un tipo de entretenimiento teatral popular de varios actos que combina música, danza y sketchs, no hay una narrativa general, sino más bien una secuencia de números musicales no relacionados (a menudo lujosos). Sin embargo, como señala Rick Altman, algunos de los números en este tipo de espectáculos como 'This Heart of Mine' en la película Ziegfeld Follies pueden ser narrativas en miniatura. Ese número, según Altman, "no es sólo musical, su danza onírica surge de la narrativa mímica de Bremer / Astaire que abre la selección".[5]