Cuando uno o ambos miembros de una pareja se niegan a comunicarse, esto puede marcar el paso final en la ruptura de su relación. El psicólogo estadounidense John Gottman caracterizó esta etapa como el «Cuarto jinete» en su «Modelo de cascada de disolución relacional».[4] En sus estudios, la táctica de «bloqueo emocional» era practicada mayoritariamente por hombres, mientras que las mujeres recurrían mayoritariamente a la «crítica».[5] En sus estudios, la fisiología de los hombres alcanzaba un estado de excitación antes del bloqueo emocional, mientras que la mujer mostraba una reacción fisiológica de aumento de la frecuencia cardíaca después de que su pareja la hubiera bloqueado emocionalmente.[5] Gottman profundiza en los «Cuatro jinetes» en su libro «Los siete principios para que un matrimonio funcione».[5]
A medida que el bloqueo emocional persiste en una relación y se convierte en un ciclo continuo, sus efectos negativos superan a los positivos, convirtiéndose así en el principal predictor de divorcio en un matrimonio. Cuando uno o ambos miembros de una pareja se cierran a la comunicación, su capacidad para escucharse mutuamente, comprender las diferencias, preocupaciones, puntos de vista o argumentos del otro disminuye, reduciendo así su capacidad para involucrarse y abordar la situación. Esta actitud puede ser perjudicial para las relaciones, ya que a menudo impide la resolución del conflicto.[6][7]
Cuando se produce esta actitud, tiene un efecto tanto fisiológico como psicológico en la persona que la practica. Fisiológicamente, la persona puede desconectarse por completo, especialmente cuando la utiliza como mecanismo de autocalma.[8] La persona que se cierra a la comunicación puede ser consciente o no de que esto está ocurriendo, debido a un aumento de adrenalina provocado por el estrés, lo que le permite involucrarse o huir de la situación. Dado que la actitud de cierre emocional es una reacción fisiológica, puede considerarse una reacción de lucha o huida. Psicológicamente, es un mecanismo de defensa para preservar la propia identidad y las emociones.[9]
Otras señales de obstrucción son el silencio, los murmullos monótonos, el cambio de tema y el alejamiento físico de la situación (por ejemplo, salir de la habitación).[10]