Ocultismo

estudio de diversos conocimientos y prácticas misteriosas o paranormales From Wikipedia, the free encyclopedia

El ocultismo (también, las ciencias ocultas o las artes ocultas) es el estudio de diversos conocimientos y prácticas misteriosas como la magia, la alquimia (como disciplina espiritual y filosófica), la adivinación, etcétera, que desde la Antigüedad pretenden estudiar los secretos del universo.[1]

Modelo 3D hecho con computador de un “mesa santa” como la usada por John Dee, un matemático y astrólogo frecuentemente relacionada con el ocultismo.

La palabra española «ocultismo» deriva de la voz latina occultus, que significa ‘oculto, clandestino, escondido, secreto’, y que proviene de occulere (‘ocultar’).

Lo oculto es todo aquello que no tiene explicación, cuyo conocimiento no está a disposición de los no iniciados.[2] En el lenguaje común, tanto en inglés como en español, lo oculto se refiere al conocimiento de lo paranormal e inexplicable, en oposición del conocimiento de lo medible y explicable, usualmente referido como ciencia.[3] El término a veces se utiliza para designar el conocimiento que está destinado a ciertas personas y que debe permanecer fuera de la vista de aquellos no iniciados en el tema. Para muchos estudiosos ocultistas, lo oculto es simplemente el estudio de la realidad espiritual subyacente y más profunda que va más allá de la razón pura y de las ciencias del conocimiento de lo sensible y físico.[4] Los términos esotérico[5] y arcano tienen un significado similar y en muchos contextos los tres términos son intercambiables.[6][7]

El ocultismo también se refiere a cierto tipo de organizaciones u órdenes, sus enseñanzas y prácticas y a las corrientes literarias y de filosofía espiritual, presentes e históricas, relacionadas con este tema.

El término ciencias ocultas se utilizaba en la Europa del siglo XVI para referirse a la astrología, la alquimia y la magia natural. El término occultismo surgió en la Francia del siglo XIX,[8] entre figuras como Antoine Court de Gébelin.[9]. Llegó a asociarse con varios grupos esotéricos franceses relacionados con Eliphas Lévi y Papus, y en 1875 el término fue introducido en la lengua inglesa por la esoterista Helena Blavatsky.

Etimología

Lo oculto (del latín occultus; tdl. 'clandestino', 'oculto', 'secreto') se refiere al "conocimiento de lo oculto".[10] En el uso común, ocultismo se refiere al "conocimiento de lo paranormal", en contraposición al "conocimiento de lo mensurable",[11] usualmente referido como ciencia. Los términos esotérico y arcano también pueden utilizarse para describir lo oculto,[12] además de sus significados no relacionados con lo sobrenatural. El término ciencias ocultas se utilizó en el siglo XVI para referirse a la astrología, la alquimia y la magia natural.

En la historia de la filosofía natural occidental, las nociones asociadas a lo “oculto” preceden al uso del término latino y se remontan a la ciencia y filosofía de la Antigüedad griega. Como señala Wouter Hanegraaff, autores antiguos y medievales recurrieron a conceptos como dynamis (δύναμις) y energeia (ἐνέργεια), así como a ideas de simpatía y antipatía, para describir fuerzas y conexiones en la naturaleza cuya operación se infería por sus efectos, aunque no fueran directamente observables.[13] En este contexto, algunas fuentes antiguas recurrieron a la noción de idiotētes arrētoi (ἰδιότητες ἄρρητοι), literalmente “cualidades inexpresables”, para referirse a propiedades naturales cuya eficacia era reconocida, aunque su naturaleza escapara a la formulación discursiva directa. Según la historiografía contemporánea, este tipo de lenguaje influyó en el desarrollo medieval del concepto de qualitates occultae, central en la filosofía natural escolástica.[14]

El primer uso conocido del término ocultismo es en francés, como l'occultisme. En esta forma aparece en el artículo de A. de Lestrange publicado en el Dictionnaire des mots nouveaux ("Diccionario de palabras nuevas") de Jean-Baptiste Richard de Randonvilliers en 1842. Sin embargo, no estaba relacionado, en ese momento, con la noción de Ésotérisme chrétien ("esoterismo cristiano"), como ha afirmado el académico Wouter Hanegraaff,[15] sino para describir un "sistema de ocultismo" político que iba dirigido contra los sacerdotes y los aristócratas. [16]

En 1853, el autor francmasónico Jean-Marie Ragon ya había utilizado el término ocultisme en su popular obra Maçonnerie occulte, relacionándolo con prácticas anteriores que, desde el Renacimiento, se habían denominado "ciencias ocultas" o "filosofía oculta", pero también con las recientes enseñanzas socialistas de Charles Fourier.[17] El esoterista francés Eliphas Lévi utilizó entonces el término en su influyente libro sobre magia ritual Dogme et rituel de la haute magie, publicado por primera vez en 1856.[18] Lévi estaba familiarizado con esa obra y podría haber tomado prestado el término de allí. En cualquier caso, Lévi también afirmaba ser representante de una tradición más antigua de ciencia oculta o filosofía oculta.[19] Fue a partir de su uso del término ocultismo que éste adquirió un uso más amplio;[20] según Faivre, Lévi era "el principal exponente del esoterismo en Europa y Estados Unidos" en aquella época.[21] El término ocultismo surgió en la Francia del siglo XIX, donde llegó a asociarse con diversos grupos esotéricos franceses relacionados con Eliphas Lévi y Papus,

El primer uso del término ocultismo en lengua inglesa aparece en A Few Questions to 'Hiraf', un artículo de 1875 de Helena Blavatsky, una emigrante rusa residente en Estados Unidos que fundó la religión de la Teosofía. El artículo se publicó en la revista espiritista estadounidense Spiritual Scientist.[22]

Varios escritores del siglo XX sobre el tema utilizaron el término ocultismo de diferentes maneras. Algunos escritores, como el filósofo alemán Theodor W. Adorno en sus Tesis contra el ocultismo, emplearon el término como un amplio sinónimo de irracionalidad.[23] En su libro de 1950 L'occultisme, Robert Amadou utilizó el término como sinónimo de esoterismo,[24] un enfoque que el posterior estudioso del esoterismo Marco Pasi sugirió que dejaba el término superfluo.[23] A diferencia de Amadou, otros autores consideraban el ocultismo y el esoterismo fenómenos diferentes, aunque relacionados. En la década de 1970, el sociólogo Edward Tiryakian distinguió entre ocultismo, que utilizó en referencia a prácticas, técnicas y procedimientos, y esoterismo, que definió como los sistemas de creencias religiosas o filosóficas en los que se basan dichas prácticas.[24] Esta división fue adoptada inicialmente por el primer estudioso académico del esoterismo, Antoine Faivre, aunque más tarde la abandonó;[18] más adelante ha sido rechazada por la mayoría de los eruditos que estudian el esoterismo.[23]

En el siglo XXI, el término se empleaba comúnmente -incluidos los estudiosos académicos del esoterismo- para referirse a una serie de corrientes esotéricas que se desarrollaron a mediados del siglo XIX y a sus descendientes. Así, ocultismo se utiliza a menudo para categorizar tradiciones esotéricas como el espiritismo, la teosofía, la antroposofía, la Orden Hermética de la Aurora Dorada y la Nueva Era.

Una división diferente fue utilizada por el autor de la Escuela Tradicionalista René Guénon, que utilizó el término esoterismo para describir lo que él creía que era el tradicionalismo, la enseñanza interna en el corazón de la mayoría de las religiones, mientras que el ocultismo se utiliza peyorativamente para describir las nuevas religiones y movimientos que desaprobaba, como el espiritismo, la teosofía y varias sociedades secretas.[25] El uso de esta terminología por parte de Guénon fue adoptado por escritores posteriores como Serge Hutin y Luc Benoist.[26] Como señala Hanegraaff, el uso que Guénon hace de estos términos está arraigado en sus creencias tradicionalistas y "no puede aceptarse como válido desde el punto de vista académico".[26]

El término ocultismo deriva del término más antiguo oculto, del mismo modo que el término esoterismo deriva del término más antiguo esotérico.[19] Sin embargo, el historiador del esoterismo Wouter Hanegraaff afirmó que era importante distinguir entre los significados del término ocultismo y ocultismo.[27] El ocultismo no es un movimiento homogéneo y es muy diverso.[21]

A lo largo de su historia, el término ocultismo se ha utilizado de diversas maneras.[28] Sin embargo, en los usos contemporáneos, ocultismo se refiere comúnmente a las formas de esoterismo occidental que se desarrollaron en el siglo XIX y sus derivaciones del siglo XX.[26] En un sentido descriptivo, se ha utilizado para describir formas de esoterismo que se desarrollaron en la Francia del siglo XIX, especialmente en el entorno del Neo-Martinismo.[26] Según el historiador del esoterismo Antoine Faivre, es con el esoterista Eliphas Lévi cuando aparece por primera vez "la corriente ocultista propiamente dicha".[21] Otros destacados esoteristas franceses implicados en el desarrollo del ocultismo fueron Papus, Stanislas de Guaita, Joséphin Péladan, Georges-Albert Puyou de Pouvourville y Jean Bricaud.[19]

Cualidades Ocultas

En la historiografía de la filosofía natural y del esoterismo occidental, la expresión cualidades ocultas (qualitates occultae) designa un vocabulario explicativo mediante el cual se describieron fuerzas, conexiones y propiedades naturales cuya operación se reconocía por sus efectos, en un marco donde la causalidad no siempre era susceptible de formulación racional directa, marco que puede rastrearse hasta la Antigüedad griega, en la que nociones como dynamis (δύναμις), energeia (ἐνέργεια), simpatía y antipatía, junto con la idea de idiotētes arrētoi (ἰδιότητες ἄρρητοι, “cualidades inexpresables”), ofrecían recursos conceptuales para hablar de lo no manifiesto dentro de la naturaleza, de modo que la traducción y relectura medieval de ese horizonte contribuyó a la formación de qualitates occultae en un contexto escolástico estrechamente vinculado a la recepción peripatética de la forma sustancial y a su teoría de las propiedades.[13]

En la Baja Edad Media, este léxico se integró en discusiones escolásticas sobre causalidad, naturaleza y licitud, en las que las propiedades ocultas se entendieron como cualidades reales recibidas “bajo el cielo” tanto per naturam como per artem en minerales, vegetales, animales y artefactos, con una atribución frecuente a la influencia astral, con un énfasis sostenido en que su conocimiento resultaba difícil cuando se lo comparaba con las cualidades comunes previsibles por la razón, dado que su acceso se describía en términos de experiencia, marco dentro del cual la propia variedad terminológica (proprietates occulte, vires occulte, virtus occulta, occultae operationes naturae, secreta opera naturae et artis, virtus celestis) formó parte del mismo proceso de fijación doctrinal y de demarcación intelectual.[14]

En ese mismo período, la discusión sobre las cualidades ocultas se articuló con la delimitación entre magia natural y nigromancia, dado que diversos autores y textos buscaron integrar el estudio de propiedades naturales “maravillosas” en un horizonte compatible con teología y filosofía natural, al tiempo que se formularon criterios prácticos de discernimiento centrados en el tipo de recursos empleados como palabras, caracteres, figuras e imágenes, y en la causalidad atribuida a la operación, de modo que la apelación a las propiedades ocultas podía funcionar como fundamento de una “magia natural” concebida como aprovechamiento lícito y provechoso de causas naturales, y al mismo tiempo como punto de fricción con posiciones más restrictivas que interpretaban ciertos dispositivos técnicos como signos de una mediación demoníaca.[14][29]

Proyección renacentista y debates modernos tempranos

Durante los siglos XVI y XVII, la noción de virtus occulta continuó desempeñando un papel significativo en la cultura intelectual europea, en un contexto en el que la tradición aristotélica de la forma sustancial seguía proporcionando el marco ontológico dentro del cual se comprendían las propiedades naturales, de modo que las llamadas “virtudes ocultas” eran concebidas como efectos reales derivados de la constitución formal de los cuerpos y manifestados a través de operaciones cuya eficacia se constataba empíricamente, aunque su mecanismo no fuera reducible a cualidades sensibles ordinarias. En este horizonte, la apelación a una virtud oculta permitía integrar fenómenos médicos, humorales y farmacológicos dentro de una explicación natural ampliada, en la que la interacción entre cuerpos, temperamentos y disposiciones específicas se entendía como expresión de potencias inscritas en la estructura misma de la naturaleza.[30]

En el ámbito de las controversias sobre brujería y acción demoníaca, esta categoría conceptual adquirió una relevancia particular, dado que ofrecía un recurso explicativo mediante el cual ciertos efectos extraordinarios podían atribuirse a causas naturales intensificadas o poco conocidas, lo que contribuía a delimitar el campo de intervención demonológica y a articular criterios de discernimiento entre causalidad natural y agencia espiritual, en un momento en que la medicina, la teología y la filosofía natural compartían un espacio común de discusión sobre los límites de lo explicable.[29] En concreto, durante el siglo XVII la imputación de “cualidades ocultas” desempeñó una función polémica dentro de controversias filosóficas en las que la clasificación de ciertos principios como “ocultos” operaba menos como descripción neutral que como recurso estratégico destinado a delimitar la legitimidad de determinadas formas de explicación, de modo que la categoría adquirió un papel activo en la configuración de fronteras disciplinares y en la definición de criterios de inteligibilidad, circunstancia que sitúa las discusiones de la modernidad temprana dentro de una continuidad argumentativa heredada de disputas escolásticas anteriores.

Es el contexto de la modernidad temprana, que se aprecia la mutación del vocabulario desde las qualitates occultae hacia un lenguaje de causas ocultas o principios activos se aprecia con claridad en los estudios ocultos de Isaac Newton, quien, al comentar el uso aristotélico de “cualidades ocultas” en la Query 31 de Opticks, sitúa en una misma familia explicativa a la gravedad, a las atracciones magnéticas y eléctricas, y a las fermentaciones, en la medida en que todas ellas remiten a causas no manifiestas cuya existencia se infiere por efectos observables.[31] En este marco, el rechazo temprano moderno de las qualitates occultae no implicó la desaparición de toda referencia a causas invisibles, sino que supuso su reformulación dentro de nuevos esquemas epistemológicos en los que la aceptabilidad de un principio dependía de su inserción en un sistema coherente y matemáticamente articulado, proceso mediante el cual la noción de cualidad se desplazó hacia la de causa oculta entendida como fundamento operativo cuya invisibilidad no constituía por sí misma un obstáculo, siempre que pudiera integrarse en una arquitectura explicativa sistemática, circunstancia que explica la persistencia de apelaciones a agencias no observables dentro de marcos conceptuales renovados.

La controversia en torno a la gravitación newtoniana ilustra este desplazamiento conceptual, ya que los críticos de Isaac Newton interpretaron la atracción gravitatoria como una reintroducción de cualidades ocultas bajo una formulación matemática, lectura que se inscribía en una tradición polémica donde la acusación de ocultismo funcionaba como señal de insuficiencia mecánica, mientras que la propia articulación newtoniana presentaba tales principios como causas cuya operatividad podía establecerse mediante regularidades cuantificables sin necesidad de especificar un mecanismo corpuscular subyacente, con lo cual la discusión adquirió la forma de un debate sobre las condiciones de legitimidad explicativa más que sobre la mera invisibilidad del agente causal.[32]

En este mismo contexto, las objeciones de Gottfried Wilhelm Leibniz expresaron la vigencia de una concepción de la explicación natural según la cual la inteligibilidad racional exige que los fenómenos sean reconducidos a principios dinámicos plenamente articulados y fundados en la razón suficiente, exigencia que lo llevó a interpretar la gravitación newtoniana como formulación matemática de una regularidad cuya conexión causal no quedaba integrada en una ontología de fuerzas activas internamente determinadas, de modo que la acusación de “cualidades ocultas” adquirió para él el sentido preciso de señalar una insuficiencia estructural en la mediación explicativa, dado que una fuerza cuya operatividad se establece por sus efectos cuantificables requiere, dentro de su programa filosófico, una fundamentación que explicite su naturaleza y su inserción en el orden racional del universo; así, la controversia entre ambos pensadores reflejó no solo una divergencia metodológica, sino una diferencia profunda acerca de las condiciones bajo las cuales un principio natural puede considerarse plenamente inteligible o en este caso, "oculto".[32]

Ejemplos de ciencias ocultas

Entre los ejemplos más importantes de ciencias ocultas desarrollados en la Antigüedad, se pueden mencionar las siguientes:[33]

La interpretación del ocultismo y sus conceptos puede encontrarse en las estructuras de creencias de ciertas filosofías y religiones como el gnosticismo, el hermetismo, la teosofía, la wicca, el thelema, el satanismo, el neopaganismo o ―en realidad― cualquier religión.[34] El historiador británico Nicholas Goodrick-Clarke ofrece una definición más amplia:

El ocultismo tiene sus bases en una forma religiosa de pensar, cuyas raíces se remontan a la Antigüedad y pueden ser descritas como la tradición esotérica de Occidente. Sus principales ingredientes pueden identificarse como el gnosticismo, los tratados herméticos sobre alquimia y magia, el neoplatonismo y la cábala; todos ellos originarios del área del Mediterráneo oriental durante los primeros siglos de nuestra era.Nicholas Goodrick-Clarke[35]

Desarrollo histórico

La historia del Ocultismo es muy antigua, su origen está vinculado con el pensamiento mitológico y muchas culturas alrededor del mundo tuvieron prácticas misteriosas y esotéricas desde el inicio de la humanidad. Históricamente ha tenido relaciones estrechas con ciertas religiones o doctrinas puesto que su concepto se ha confundido. Los ocultistas divulgan la noción de un solo Dios, un solo poder y energía. Esta energía, Dios, es el dador, el recibidor y el mismo don en sí.[36]

Renacimiento

En el Renacimiento, el filósofo, médico, astrónomo, abogado, teólogo y mago alemán Cornelio Agrippa (1486-1535) realizó una obra ocultista y esotérica con influencias judeocristianas y cabalísticas. En su obra principal, De occulta philosophia libri tres (1531), recogió todo el conocimiento medieval sobre magia, astrología, alquimia, medicina y filosofía natural y lo respaldó teóricamente. Erudito de fama y protegido por distintas casas reinantes o nobles, fue amigo de gran parte de los filósofos y grandes figuras de su tiempo.

También en el ocultismo se ha mencionado a Leonardo Da Vinci,[cita requerida] personaje que se vio involucrado por abrir cuerpos y realizar cosas que en este tiempo no debían ser realizadas.

Siglo XIX

Eliphas Levi

A mediados del siglo XIX el ocultismo tuvo un período de gran apogeo en Francia, de la mano del cabalista Eliphas Lévi, quien produjo una decena de obras esotéricas de importancia, entre las que se destaca Dogma y ritual de alta magia.

Sociedad Teosófica

Poco tiempo después (1875), Helena Blavatsky y Henry Olcott fundan la Sociedad Teosófica en Nueva York para el estudio de los fenómenos inexplicados de la naturaleza y de las religiones comparadas. Tras la publicación de Isis sin velo y La Doctrina Secreta, el ocultismo se difundió rápidamente por todo Occidente, reapareciendo escuelas de la rosacruz, herméticas y de magia, relacionadas con la masonería.

Siglo XX

Tras la muerte de Helena Blavatsky, el movimiento teosófico se fracturó y surgieron varios grupos, de la mano de Annie Besant, William Judge y posteriormente Rudolf Steiner (fundador de la antroposofía) y Alice Bailey.

La Escuela Arcana de Alice Bailey puede ser considerada el más inmediato antepasado del fenómeno de la Nueva Era y la supuesta canalización de entidades que enseñan las doctrinas del nuevo tiempo, como los maestros ascendidos, entre ellos Djwhal Khul. Del tronco teosófico también surgen otras sectas como Nueva Acrópolis.

Rosacruz

Aparecieron grupos de tendencia masónica, como la Fraternidad Rosacruz (de Max Heindel), la Fraternidad Rosacruz Antigua (de Arnold Krumm-Heller) y AMORC (sigla de la Antigua y Mística Orden Rosae Crucis, de Harvey Spencer Lewis).

Magia ritual

El moderno movimiento de la magia ritual se inspiró en las doctrinas del grupo esotérico Orden Hermética de la Aurora Dorada, el cual fue fundado por MacGregor Mathers, quien afirmaba que estaba continuando el legado de una orden rosacruz alemana conocida como Orden de la Rosa Oro Rubí y de la Cruz de Oro. Actualmente la magia ritual pone un particular énfasis en los continuadores del británico Aleister Crowley.

Las ciencias ocultas y la nueva era

Dentro del movimiento denominado nueva era (o new age), se ha desarrollado el interés por el conjunto de diversas creencias y de prácticas que no necesariamente excluye el interés por las anteriores. Las ideas reformuladas por sus partidarios suelen relacionarse con la medicina holística, las medicinas alternativas o tradicionales y el misticismo. También se incluyen numerosas ciencias ocultas y pseudociencias, perspectivas generales sobre historia, religión, espiritualidad, estilos de vida y ciertos tipos de música. Algunos de los temas relacionados son:

Véase también

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

Related Articles

Wikiwand AI