Ojuela

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Ojuela es un poblado abandonado ubicado en Durango, México, que se encuentra enclavado entre dos grandes cerros, donde estuvo ubicada una mina y el lugar de vivienda de los trabajadores de la misma, que fue abandonada posteriormente.

Ojuela se ubica a escasos 15 minutos al este de Mapimí, por un camino empedrado y de terracería, está al extremo norte del estado de Durango, aproximadamente a una hora de Torreón y de Gómez Palacio.

En la mayor parte del municipio predomina un clima semicálido y semiseco, influyendo, en gran forma para ello, el Bolsón de Mapimí, la gran parte desértica que predomina en el municipio.

Historia

El poblado debe su nombre al conquistador español Francisco de Ojuela, quien descubrió la riqueza mineral del lugar. Durante la colonia, se extraían oro, plata, zinc y manganeso. Que dieron gran prosperidad a Ojuela.

Para la segunda mitad del siglo XIX Ojuela fue toda una ciudad, bien trazada y organizada en las cimas de las barrancas, con los servicios y comodidades que requería una población moderna de la época, con sus calles empedradas. La población, de 5,083 habitantes, tendía a rivalizar con la de la villa de Mapirní que era de 8,204.

Lamentablemente, la gran época de bonanza disminuyó y acabó debido a diversos factores que se argumentaron por parte de la minera: el agotamiento de las vetas; la inundación de las minas (se decía que ahí estaba la riqueza pero que era imposible sacarla, que resolver el problema representaba un alto costo para la compañía, porque el bombeo de uno de los tiros más inundados, consistía en sacar 27 metros cúbicos de agua por minuto y en aquel tiempo resultaba muy oneroso). Desde los años veinte empezaron los reajustes de personal, y así, cada año había un reajuste. Muchos trabajadores mineros y sus familias emigraron. El rumor era evidente de que la bonanza había terminado. En efecto, para 1930, el molino estaba desmontado, y el 1 de julio de 1931, fue liquidado el grueso de los trabajadores. Con ello; concluía la explotación en el mineral. Las calles del pueblo de Ojuela, templo, tiendas, casino, canchas de tenis y hasta albercas, quedaron a merced de la erosión y el olvido.

Mina la Ojuela

En 1599, un sacerdote jesuita Servando de Ojuelos, descubrió la famosa mina que después llevaría su nombre "Ojuela" y que daría fama a la minería en la región." Según la versión de Alonso de la Mota y Escobar, viajero que cruzó por esa vasta región, y quien nos dejara un valioso testimonio de la época, para principios del siglo XVII, el mineral de Mapimí ya se encontraba en explotación." y ésta así siguió, siempre a cargo de españoles. El equipo de técnicos y administradores lograría que el mineral de Mapimí y en especial Ojuela constituyeran una de las bonanzas más grandes de México. Ojuela era la reina de las minas en la región, por ser un depósito con una inmensa riqueza en carbonatos de plomo, con oro y plata. La minera Peñoles adquiere la mina para 1891 y desarrolló los trabajos de exploración y explotación a 650 metros de profundidad, y todavía iría mucho más hacia abajo. La organización de la explotación del mineral de Ojuela, en su género, fue única en México.[1]

En el año de 1927 adquiere fama mundial al ser visitada por el mineralogista W.F, Foshag; actualmente en esta mina se han encontrado 117 especímenes minerales entre los que destacan Adamita, Legrandita y Kottigita.

Siendo considerada como una de las más importantes en el Estado de Durango, actualmente se encuentra en explotación a baja escala beneficiando minerales de plata, plomo y zinc.

Puente

Vista sobre el puente La Ojuela.

Para ascender a la mina, el ingeniero alemán Santiago Minhguin construyó, en 1892, el famoso puente colgante de Ojuela, una notable obra de ingeniería que mide 336 m de largo y tiene 1,83 m de ancho; significando un peso de más de 112 toneladas, suspendido sobre la barranca, entre el "Campo Sur" y "Ojuela", separados por un abismo de 180 m de profundidad. El puente se sostiene por inmensas torres de acero forradas de madera y por seis cables también de acero.

Su majestuosa presencia en medio del paisaje árido es el principio de un viaje por los túneles la mina de Santa Rita que desembocan en un balcón natural donde se aprecian las bellas tonalidades desérticas del bolsón de Mapimí, sede de la enigmática Zona del Silencio, que Durango comparte con Chihuahua y Coahuila.

Para 1992, considerado una maravilla de la ingeniería, los programas de rescate cambiarían las torres y demás complementos del Puente.[1]

Diversas instituciones desarrollan proyectos de investigación científica y los pobladores de la región participan en la protección y conservación de esta joya arquitectónica y del medio natural que lo rodea.

Economía

Ferrocarril

Referencias

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