Or Adonai
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| Or Adonai | ||
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| de Hasdai Crescas | ||
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| Género | Ensayo y literatura rabínica | |
| Tema(s) | Filosofía judía | |
| Idioma | Hebreo | |
| Título original | אור אדני | |
| Fecha de publicación | 1400 | |
Or Adonai (en hebreo: אור אדני, en español: "La Luz del Señor") es la obra principal del rabino Hasdai Crescas (1340 - 1410), un filósofo judío. Algunos judíos prefieren usar el respetuoso título Adonai (Señor) solamente durante la oración, el libro es llamado a veces Or HaShem (en hebreo: אור השם) para evitar mencionar la palabra Adonai para referirse a Dios.[1][2]
A comienzos de la Edad Media, algunos filósofos racionalistas judíos tenían la tendencia de re-interpretar la teología judía clásica a la luz de la filosofía de aquella época, específicamente del racionalismo neo-aristotélico. Este fue el ideario de los filósofos racionalistas judíos como Saadia Gaon, Maimónides (quien fue influenciado a su vez por Avicena) y Gersónides (quien fue influenciado por Averroes). En opinión de Crescas, este punto de vista a menudo conducía a conclusiones erróneas y amenazaba con borrar el carácter distintivo de la religión judía. Sintió que este programa reducía los contenidos doctrinales del judaísmo a un sustituto de los conceptos aristotélicos.
Crescas no oculta su propósito de reivindicar el pensamiento judío clásico contra el racionalismo de Maimónides y Guersónides. De estos dos, los primeros se habían esforzado especialmente por armonizar la revelación y la fe con la filosofía. Si bien, en aquellos casos en los que no se pudo establecer esta armonía, Maimónides se negó a seguir a Aristóteles y excluir a Moisés, sus sucesores parecían empeñados en seguir el camino opuesto. Para ellos el racionalismo filosófico era superior al pensamiento religioso clásico.
Crescas conoció a los racionalistas medievales como un filósofo que reconoció el derecho de la especulación filosófica. No estaba de acuerdo con aquellos teólogos cristianos y musulmanes que en sus especulaciones eran defensores de una doble verdad, una para el teólogo y otra para el filósofo, la primera no reconocible por el hombre natural, porque es sobrenatural e irracional, la segunda abierta a la inteligencia del hombre natural.
Crescas intentó demostrar que el racionalismo aristotélico estaba lejos de ser infalible. En esto, es un precursor de Baruj Spinoza. Crescas deplora el hecho de que Maimónides, cuya erudición y honestidad él admira, pareciera hacer de la filosofía griega la base de la doctrina judía.
Después de intentar demostrar la insostenibilidad de las proposiciones aristotélicas, Crescas intentó establecer las raíces y las piedras angulares sobre las cuales se apoya la Torá y la religión judía.
Crescas no denuncia a los herejes, sino que expone la debilidad del terreno sobre el que descansan aquellos puntos de vista que él considera heterodoxos. Él desea exponer los contenidos del judaísmo y las limitaciones con respecto al alcance de la filosofía. Su libro comprende cuatro divisiones principales, subdivididas en capítulos llamados ("perakim"): el primer tratamiento del fundamento de toda creencia: la existencia de Dios; la segunda, de las doctrinas fundamentales de la fe; la tercera, de otras doctrinas que, aunque no son fundamentales, son vinculantes para todos los adherentes al judaísmo; la cuarta, de doctrinas que, aunque tradicionales, carecen de carácter obligatorio, y están abiertas a la construcción filosófica.
La primera causa
La primera división principal se abre con una crítica completa de las 25 proposiciones aristotélicas ("hakdamot") que Maimónides acepta como axiomáticas, y con las cuales construye su idea de Dios.
En la primera sección presenta todas las demostraciones de estos teoremas, especialmente las aducidas por Tabrizi, en la segunda, muestra la insuficiencia de muchas de esas proposiciones ontológicas y físicas, y por lo tanto destruye las pruebas de Maimónides sobre su concepto de Dios. Crescas, admitiendo que la existencia de una primera causa es susceptible de una prueba filosófica, pero solo por contingencia (rechaza la suposición aristotélica de que una cadena infinita de causas es impensable; es decir, la primera causa de todo lo que debe considerarse como existente), sostiene que la filosofía es incompetente para probar la unidad absoluta de Dios, como lo hace Ghazzali.
La primera causa puede interpretarse filosóficamente como simple, ya que si fuera compuesta, habría que suponer otra para la composición. Aun así, esto no requeriría la posición de la unidad de Dios. Otras deidades podrían tener otras funciones, incluso si se pensara que nuestro Dios es omnipotente. Por lo tanto, solo la revelación es competente para establecer la unidad de Dios. Sin la oración del Shemá Israel ("Oye, oh Israel"), la filosofía no puede ser una guía confiable.
Crescas introduce un nuevo elemento en su idea de Dios. Sus predecesores sostuvieron que la felicidad más alta de Dios, la esencia divina, era el propio conocimiento de Dios. Crescas rechaza esto como inadecuado y postula, en cambio, el amor de Dios, siempre intentando comunicarse y hacer el bien. Argumenta contra Maimónides por la admisibilidad de los atributos divinos. Desde el punto de vista subjetivo humano, los atributos pueden aparentar diferencias en Dios; pero esto no significa que lo hagan objetivamente en Dios. En Dios, en lo absolutamente bueno, se fusionan como una unidad idéntica. Los predicados, especialmente de importancia sólo lógica o conceptual, son incompetentes para causar una multiplicidad o una composición real.