Oración ante un crucifijo
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La oración ante un crucifijo es una oración católica a Jesús que se reza de rodillas ante un crucifijo. A menudo es rezada por la católica después de la Comunión o después de la Misa. Para muchos cristianos, la presencia de un crucifijo es un recordatorio constante del gran amor de Dios hacia la humanidad.[1]
Los fieles reciben una indulgencia parcial si rezan la oración después de la Comunión ante un crucifijo. Los viernes de Cuaresma, la indulgencia recibida es indulgencia plenaria.[2]

- Mírame, ¡oh, mi amado y buen Jesús!
- mientras ante tu rostro me arrodillo humildemente y,
- con el alma ardiente,
- te ruego y te suplico
- que fijes en lo más profundo de mi corazón vivos sentimientos
- de fe, esperanza y caridad;
- una verdadera contrición por mis pecados,
- y un firme propósito de enmienda.
- Mientras contemplo,
- con gran amor y tierna piedad,
- Tus cinco preciosísimas llagas,
- reflexionando sobre ellas en mi interior
- y recordando las palabras que David,
- tu profeta, dijo de ti, mi Jesús:
- "Han traspasado mis manos y mis pies,
- han contado todos mis huesos".
Amén.[3]