Oración de Manasés
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La Oración de Manasés es una obra corta que consta de quince versos y es aceptada como la oración penitencial del rey Manasés de Judá. Manasés es mencionado en la Biblia como uno de los reyes más idólatras de Judá (2 Reyes 21:1-18, 2 Crónicas 33:1-9). En el libro de Crónicas, pero no en el de los Reyes, se registra que Manasés fue llevado cautivo por los Asirios (2 Crónicas 33:11-13). Mientras estuvo prisionero, Manasés rogó por misericordia y al ser liberado y restaurado en el trono, abandonó sus caminos idólatras (2 Crónicas 33:15-17). Una referencia a la oración, pero no precisamente la misma, se encuentra en 2 Crónicas 33:19, donde se dice que la oración está escrita en las "Palabras de los Videntes".

La oración se considera apócrifa tanto por judíos, como católicos y protestantes. Fue incluida en la Vulgata a finales del siglo IV, inmediatamente después del libro de 2 Crónicas. La oración fue incluida en la Biblia del Oso de 1569 y en la Biblia de Ginebra de 1560, por lo tanto aparece en los libros apócrifos de la King James Version de 1611.
La oración está incluida en algunas versiones de la Septuaginta griega. Por ejemplo, en el siglo V, el Códice Alejandrino, incluye los rezos de las catorce Odas, que aparecen justo después de los Salmos. Se acepta como un libro Deuterocanónico por algunos cristianos ortodoxos, aunque no aparece en las biblias impresas en Grecia. La oración se canta durante el culto católico ortodoxo cristiano y bizantino. También se utilizó como cántico en el Libro de Oración Común, utilizado por la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos.
La oración se encuentra en Siríaco Antiguo, Eslavo Antiguo, Etíope y las traducciones Armenias. En la biblia etíope se encuentra en 2 Crónicas.
Oración
Oh Señor Todopoderoso, Dios de nuestros antepasados, de Abraham, Isaac e Jacob y de sus justos descendientes, tú que hiciste cielo y tierra con todo su orden, que encadenaste el mar con tu palabra de mandato, que confinaste las profundidades y lo sellaste con tu terrible y glorioso nombre, ante quien todas las cosas tiemblan y tiemblan ante tu poder, porque tu glorioso esplendor no puede soportarse, y la ira de tu amenaza a los pecadores es insoportable; sin embargo, inconmensurable e inescrutable es tu misericordia prometida, porque eres el Señor Altísimo, de gran compasión, paciencia y muy misericordiosa, y cedes ante el sufrimiento humano. Oh Señor, según tu gran bondad has prometido arrepentimiento y perdón a quienes han pecado contra ti, y en la multitud de tus misericordias has designado el arrepentimiento para los pecadores, para que sean salvos. Por eso tú, Señor, Dios de los justos, no has designado arrepentimiento para los justos, para Abraham, Isaac y Jacob, que no pecaron contra ti, sino que has designado arrepentimiento para mí, que soy pecador.
Porque los pecados que he cometido son más numerosos que la arena del mar; ¡mis transgresiones se multiplican, oh Señor, se multiplican! No soy digno de mirar hacia arriba y ver la altura del cielo por la multitud de mis iniquidades. Estoy cargado con muchas cadenas de hierro, de modo que soy rechazado por mis pecados, y no tengo alivio, pues he provocado vuestra ira y he hecho lo malvado ante vuestros ojos, preparando abominaciones y multiplicando ofensas.
Y ahora doblego la rodilla, suplicándote tu bondad. He pecado, oh Señor, he pecado, y reconozco mis transgresiones. Te ruego sinceramente, perdóname, oh Señor, ¡perdóneme! ¡No me destruyas con mis transgresiones! No te enfades conmigo para siempre ni acumules maldad por mí; No me condenes a las profundidades de la tierra. Porque tú, Señor, eres el Dios de los que se arrepienten, y en mí manifestarás tu bondad, pues, indigno como soy, me salvarás según tu gran misericordia, y te alabaré continuamente todos los días de mi vida. Porque toda la hueste del cielo canta tu alabanza, y la tuya es la gloria para siempre. Amén. [1]