Padres de la Patria de la República Dominicana
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En la República Dominicana se reconoce como «Padres de la Patria» a los personajes designados en la resolución del Congreso de la República del 11 de abril de 1894 –refrendada por el presidente Ulises Heureaux el 17 de abril del mismo año–. Dicho reconocimiento fue concedido, a título póstumo, a Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, a quienes se les otorgó oficialmente la denominación de Padres de la Patria.

En la República Dominicana, Juan Pablo Duarte es conocido por haber fundado la sociedad secreta La Trinitaria con el firme propósito de lograr la independencia respecto de Haití; Ramón Matías Mella, por efectuar el célebre trabucazo en el momento de la proclamación independentista en Santo Domingo; y Francisco del Rosario Sánchez, por haber izado por primera vez la bandera dominicana.
En otras épocas también se consideró como Padres de la Patria a distintas figuras históricas, entre ellas Cristóbal Colón, descubridor de la isla Española; Juan Sánchez Ramírez, caudillo de la reconquista y primer dominicano en ejercer el cargo de gobernador y capitán general de Santo Domingo; Pedro Santana, primer presidente constitucional de la República y Libertador de la Patria, vencedor en las batallas de Azua y Las Carreras; y Rafael Leónidas Trujillo, proclamado oficialmente «Padre de la Patria Nueva» durante su régimen.
Otras personalidades, como José Núñez de Cáceres y Gregorio Luperón, también han sido objeto de intentos o propuestas para ser reconocidas con ese título.
La tríada de Duarte, Mella y Sánchez
Origen del nombramiento
Poco después del traslado de los restos de Ramón Matías Mella en 1891 a la ciudad de Santo Domingo, el Ayuntamiento, que ya había erigido una estatua a Cristóbal Colón, acordó levantar otra en honor a Juan Pablo Duarte, caudillo de los filorios. Para tal fin, nombró una comisión integrada por el arzobispo de Santo Domingo y primado de Indias, Fernando Arturo de Meriño, Emiliano Tejera, Félix María del Monte y otras personalidades de la burguesía. Con el objetivo de recaudar fondos, la Junta remitió una circular a diversos funcionarios y organismos públicos.
A dicha circular respondió Juan Francisco Sánchez Peña, hijo de Francisco del Rosario Sánchez y ministro del gobierno del presidente Ulises Heureaux. Este se opuso al proyecto por considerarlo contrario a la «justicia distributiva», sosteniendo que «sería más conveniente dejar unidos e igualados en la tumba a los que quisieron ser iguales e inseparables en la vida».
Posteriormente, en otro documento público, Juan Francisco Sánchez insistió en que su padre era el «primero en la gloria y primero en el sacrificio». A partir de esta postura se inició una campaña contra la erección de la estatua a Duarte, realizada de forma anónima mediante artículos publicados en El Teléfono, órgano periodístico afín al gobierno de Heureaux. La campaña culminó con la negativa del Congreso a conceder el permiso para erigir la estatua.

Ante esta situación, el presidente Heureaux —entonces jefe y amo del Partido Azul— intervino con una jugada política destinada a satisfacer a los distintos sectores adheridos a su dictadura. Se decidió, por vía legislativa, determinar quiénes serían los Padres de la Patria, algo hasta entonces inédito en el mundo.
Heureaux trajo a colación a Duarte, con lo cual complacía a los filorios nostálgicos y a los azules vinculados a los herederos del sietejulismo. Duarte era símbolo limpio de la independencia.
En cuanto a Francisco Sánchez, aunque había sido filorio, llegó a militar en el baecismo —corriente que ya no contaba con Buenaventura Báez, pero cuyos antiguos seguidores habían sido incorporados al gobierno azul— y murió identificado con esa tendencia.
En la discusión se incluyó también a Ramón Matías Mella, quien, aunque inicialmente filorio, fue por más tiempo santanista. Todavía existían antiguos partidarios de Pedro Santana dentro del Partido Azul, lo que hacía políticamente conveniente su inclusión. Resulta significativo que Ramón Mella no hubiese formado parte central de la polémica inicial.
Elevar de forma conjunta a Duarte, Sánchez y Mella se trató de un hecho sin precedentes en la historia dominicana —incluso a escala mundial—: la elevación oficial por parte del Estado.
Más tarde, mediante la resolución n.º 3392 del 11 de abril de 1894, el Congreso dispuso galardonar póstumamente a Duarte, Sánchez y Mella con el título de Padres de la Patria:
“Mella, Duarte y Sánchez merecen, por virtud de la principal participación que tuvieron en la propaganda y realización de la idea redentora, pasar a la posteridad, conservando en ella la personificación del ideal patriótico que confundió a los tres próceres en una aspiración común y única: la de la emancipación política de la familia dominicana, representando también en el cielo de la inmortalidad, no a tres personalidades indivisibles, a imagen de la estrecha unidad de miras y sacrificios que los confundió en la práctica de una misma virtud cívica.”
La resolución fue autorizada por Heureaux el 17 de abril del mismo año. Días después, el 25 de abril, el Congreso dictó una nueva resolución por la cual se concedía a la iniciativa individual la facultad de erigir estatuas a Duarte y a Sánchez —sin mencionarse a Mella—, aclarando que dicha autorización no establecía primacía entre ellos: «conceder a la iniciativa individual la facultad de erigir estatuas a los próceres Juan Pablo Duarte y Francisco del Rosario Sánchez, sin que esa autorización determine primacía entre ellos... conceder igual facultad para que puedan realizarse análogas apoteosis en honor de todos los próceres de la Independencia Nacional».
No obstante, aunque esta última resolución colocaba en un mismo plano a Duarte y Sánchez, dejó fuera a Mella en lo relativo a las estatuas. El propósito de erigir una estatua a Duarte quedó estancado hasta principios de 1916, durante la presidencia de Juan Isidro Jimenes.[1]
Controversia de la tríada

Durante la Primera República no existe rastro alguno de la tríada. Transcurrieron 20 años sin que aparezca la tríada, hasta que en 1867, en plena Segunda República y durante la presidencia de José María Cabral, se mencionó una fórmula ampliada que incluía, además de Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, a Pedro Alejandro Pina y Juan Isidro Pérez. Desde entonces comenzaron a celebrarse durante varios años, diversos actos en los cuales aparecía el binomio de Duarte-Sánchez. Incluso en la Gaceta Oficial se publicaron trabajos con motivo del 27 de febrero de 1844 titulados Duarte y Sánchez, y a veces como Sánchez y Duarte. Manuel Rodríguez Objío llegó a afirmar, en una especie de diario histórico, que el verdadero Padre de la Patria era Sánchez.[2]
En 1884 fueron trasladados desde Caracas los restos de Duarte a Santo Domingo. Desde ese momento cobró mayor fuerza la propaganda a favor del binomio Duarte-Sánchez, sin incluir a Mella.
Desde un principio, algunos intelectuales e historiadores se opusieron a la tríada. La última gran polémica pública sobre el tema tuvo lugar en 1969, en la revista de izquierda ¡Ahora!, entre los historiadores Juan Isidro Jimenes Grullón, Carlos Sánchez y Sánchez y Ramón Lugo Lovatón, entre otros.
El historiador José Gabriel García propugnó por Duarte, Pedro Santana, Juan Sánchez Ramírez, José Núñez de Cáceres y Ulises Espaillat como Padres de la Patria. Manuel de Jesús Galván propuso a Santana. Por su parte, Alcides García Lluberes, hijo de Gabriel García, sostuvo que debían ser Duarte, Santana y Tomás Bobadilla.
Rafael Augusto Sánchez planteó que los verdaderos Padres de la Patria tendrían que ser Sánchez y Santana. El historiador Emilio Rodríguez Demorizi consideraba que la tríada sería reducida por la crítica histórica al binomio Duarte y Santana, postura con la que coincidía Manuel Arturo Peña Batlle.[3] Isidro Jimenes Grullón sostenía que debían ser Duarte y Gregorio Luperón. El historiador Juan Daniel Balcácer ha opinado que deben ser Duarte, Pina y Pérez.[4]
Previamente reconocidos Padres de la Patria
Rafael Leónidas Trujillo


Nació en la ciudad de San Cristóbal el 24 de octubre de 1891. En febrero de 1930 se produjo el Movimiento Cívico, liderado por el licenciado Rafael Estrella Ureña, simpatizante del régimen de Mussolini, que exigió la renuncia del presidente Horacio Vásquez. El general Rafael Leónidas Trujillo Molina, que era jefe del Ejército Nacional desde 1925, no defendió al gobierno y ayudó a los rebeldes cívicos. La renuncia se logró sin violencia.
Poco después, Rafael Leónidas Trujillo fue candidato único en las elecciones del 16 de mayo de 1930, debido a que la oposición optó por el retraimiento tras episodios de violencia política protagonizados por el Ejército dominicano, y ganó la presidencia. Rápidamente transformó al país en una dictadura de partido único con el Partido Dominicano. Dentro de este operaba el Partido Trujillista y recibió apoyo externo de la Acción Feminista Dominicana.
No adoptó las ideas propugnadas por otros regímenes de partido único, como el comunista y el fascista, doctrinas que el presidente consideraba ajenas al ambiente dominicano. Su gobierno autoritario y desarrollista se caracterizó por un marcado culto a la personalidad.
En 1933 recibió el título de Benefactor de la Patria, y en 1940 el de Restaurador de la Independencia Financiera. Ese personalismo también se reflejó en la geografía dominicana. En 1936, Santo Domingo —nombre que tenía desde el siglo XVI— pasó a llamarse Ciudad Trujillo, por propuesta del senador por la provincia de Santiago, Mario Fermín Cabral y Báez.
En 1932 se creó la provincia San Cristóbal, pero en 1934 su nombre fue cambiado a provincia Trujillo. Tras el asesinato de Rafael Trujillo, el 29 de noviembre de 1961, recuperó su nombre original. Esta provincia recibió importantes privilegios durante su régimen.
En 1938 se fundó la provincia Benefactor, nombre que aludía a uno de sus títulos. El 25 de noviembre de 1961 pasó a llamarse provincia de San Juan, retomando el nombre histórico de su ciudad cabecera, San Juan.
Ese mismo año, 1938, se creó la provincia Libertador, con Dajabón como cabecera, en su honor. No obstante, el título de «Libertador» nunca le fue concedido oficialmente; en el derecho dominicano, solo Pedro Santana ha recibido esa distinción. Desde noviembre de 1961 se le impuso el nombre de provincia de Dajabón.
La actual provincia de Elías Piña se llamó provincia San Rafael cuando fue creada en 1942. Ese nombre se mantuvo incluso después de 1961, hasta el 25 de septiembre de 1965.
También los padres del caudillo dominicano fueron homenajeados: en 1944 se creó la provincia Trujillo Valdez, con Baní como cabecera (hoy provincia de Peravia), y en 1959 la provincia Julia Molina, con sede en Nagua. Después de 1961, esta última adoptó el nombre de provincia de María Trinidad Sánchez.[5]
El 17 de octubre de 1936, en Higüey, tras la inauguración de los puentes General Santana y Juan Sánchez Ramírez, el exarzobispo de Santo Domingo, Adolfo Alejandro Nouel, entregó al generalísimo Trujillo la espada de Santana. Al ponerla en sus manos, le dijo: «Yo le digo a Ud. ¡Salve Padre de la Patria! Conservad esta espada para que mañana, si es necesario- y Dios no lo quiera- podáis defender la patria de nuestros progenitores».
Tras ocho años en el poder, el presidente Trujillo fue sucedido en la presidencia por su amigo Jacinto Peynado. El 16 de agosto de 1938, Peynado le concedió los privilegios propios de presidente de la República. Luego, el 11 de octubre de ese mismo año, promulgó una resolución del Congreso que ordenaba homenajear a Trujillo cada 24 de octubre, día de san Rafael Arcángel.
Más adelante, el presidente trujillista Manuel de Jesús Troncoso, el 7 de noviembre de 1940, dictó una ley que obligaba a colocar en oficinas y escuelas públicas los retratos de Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, junto al retrato de Trujillo.[6]
El 7 de mayo de 1955, año del Benefactor —vigésimo quinto aniversario del inicio de la Era de Trujillo—, durante la presidencia de su hermano Héctor Trujillo, se le concedió el título de Padre de la Patria Nueva. Asimismo, la reforma constitucional de aquel año consagraba a Rafael Trujillo como Padre de la Patria Nueva en el artículo 112:[7]
“Se declara que la Era de Trujillo, que comienza el 16 de mayo de 1930, constituye en la Historia Dominicana el periodo en que se consolida la nacionalidad y realiza el pueblo dominicano sus mas legitimas aspiraciones de paz y bienestar económico y social, como resuItado de la obra de gobierno del Generalísimo Doctor Rafael Leónidas Trujillo Molina a quien se Ie consagra solemnemente en esta Constitución el título de honor de Padre de la Patria Nueva que le ha sido otorgado por voto del Congreso de la Republica, en reconocimiento de los eminentes, servicios prestado a la Patria. Asimismo, se consagran como monumentos nacionales, todas las estatuas, bustos y monumentos que Ia gratitud nacional ha levantado o levantare en el porvenir para honrar al Padre de la Patria Nueva o para conmemorar los hechos que determinan la grandeza de la Era de Trujillo.”