El Palacio Lapido, conocido también como Palacio de la Tribuna Popular por haber albergado la sede del diario vespertino homónimo, es un edificio histórico ubicado en el Centro de la ciudad de Montevideo.
El Palacio Lapido es considerado una de las primeras obras significativas de la arquitectura moderna en Uruguay. El proyecto fue concebido en 1929 y su diseño se encomendó al arquitecto Juan María Aubriot. Las obras comenzaron en 1930 y finalizaron en 1933, año en que el edificio fue inaugurado.
Ubicado en el centro de la ciudad de Montevideo, el edificio albergó la sede del diario vespertino La Tribuna Popular, uno de los medios de prensa de mayor relevancia política y sindical del país durante buena parte del siglo XX, circunstancia que le otorgó un papel destacado dentro de la vida cultural y social montevideana[3]
Desde el punto de vista arquitectónico, el dificio ntrodujo en su época una estética austera y moderna, caracterizada por una volumetría blanca y compacta y por la repetición rítmica de balcones macizos superpuestos, que constituyen su principal recurso plástico. Esta composición generó un fuerte impacto visual en el paisaje urbano de comienzos de la década de 1930. [4]
El Palacio Lapido en 1936.
El edificio cuenta con más de una docena de pisos y presenta una marcada regularidad en sus niveles inferiores, mientras que en las plantas superiores incorpora retiros y variaciones volumétricas que evitan un remate abrupto contra el cielo y aportan dinamismo a la silueta general. El escalonamiento de las alturas y el equilibrio entre líneas horizontales y verticales refuerzan su carácter moderno.[5]Aubriot optó por soluciones de influencia holandesa, que consideró más sobrias y refinadas frente a la diversidad de corrientes europeas difundidas en las publicaciones especializadas de la época. El edificio constituye así una renovación arquitectónica, al tiempo que una asimilación conceptual que dialoga y enriquece las calidades espaciales de la ciudad existente.
Marca de la memoria
En el plano técnico, se destaca el uso avanzado del hormigón armado y la incorporación de una planta técnica, que articula las plantas inferiores con los niveles residenciales repetitivos. El interior del edificio revela un cuidadoso estudio de los espacios y los detalles constructivos, resueltos con coherencia formal, originalidad y una notable calidad artesanal.[6]
En la actualidad, el inmuebleforma parte del patrimonio urbano y memorial de Montevideo, al contar con marcas de la memoria que recuerdan los episodios de censura y los acontecimientos ocurridos en su interior durante la dictadura cívico-militar (1973–1985), vinculados a la persecución de la prensa y la represión política.