La iniciativa para la construcción de este gran palacio partió de Francisco Mendoza Cortina, nacido en esta localidad en 1815 y fallecido en 1880.[2] Con veinte años emigró a México donde consiguió enriquecerse gracias a actividades agrícolas y comercio. Regresa a España en 1859 instalándose en Madrid, donde además de a los negocios, se dedica a la política. Convertido en un indiano, lleva a cabo varias acciones sociales en su lugar de origen (como la escuela y una nueva torre para la iglesia), a la vez que adquiere los terrenos para construir una casona, acción habitual en los indianos asturianos. Sus bienes pasaron tras su muerte a su sobrino Gabino Mendoza Fernández, quien también hereda el título nobiliario, Condes de Mendoza Cortina, concedido unos años antes por Alfonso XII.[3]
Gabino amplía la casona de su tío y adquiere su aspecto definitivo. Tiempo después pasó a ser conocido como Palacio de Santa Engracia al casarse la hija de Gabino, Fernanda, con el conde de Santa Engracia. Su otro hijo había heredado el título nobiliario. Durante la Guerra Civil fue utilizado como hospital de sangre. Posteriormente sirvió como hospital de tuberculosos, gracias a su amplitud y ventilación. Tras cerrar el hospital, la familia seguía siendo la propietaria del edificio, pero sólo hacía uso del jardín, entrando en un progresivo estado de abandono.