Panteón de la casa de Alba
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El panteón de la casa de Alba es un monumento construido a principios del siglo XX en el municipio de Loeches (Madrid) por Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba de Tormes y XIII conde-duque de Olivares, para enterrar a sus abuelos, padres, él mismo y su descendencia. Fue construido adosado a la iglesia del monasterio de la Inmaculada Concepción de la orden de dominicas.[1]
El contexto de la idea y construcción del panteón de la casa de Alba se remonta a mediados del siglo XIX cuando falleció en 1860 María Francisca Palafox Portocarrero y KirkPatrick, IX condesa de Montijo y XV duquesa de Alba consorte, ya que se casa con Jacobo Fitz-James Stuart y Ventimiglia. Además, es la hermana de Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia. Cuando fallece, tanto su hermana como su marido viudo comienzan diferentes proyectos paralelos para poder enterrarla de forma digna, pero ninguno acaba llevándose a cabo o nunca terminan las obras.[2]

Es a principios del siglo XX cuando Jacobo, el XVII duque de Alba, retoma la idea de tener un panteón familiar. Para ello, decide utilizar un proyecto que había comenzado su tía abuela Eugenia de Montijo para usarlo como modelo. La emperatriz francesa había encargado dicho proyecto al arquitecto Eugène Viollet-le-Duc,[2] que originalmente era un templo de estilo neogótico con una escultura como protagonista que iba a ser construido en la quinta de Miranda[3] en Carabanchel (Madrid), pero por problemas de espacios, entre otros, nunca se llegó a construir, aunque sí se conservan los planos y dibujos originales del arquitecto.
Se decide construir el panteón familiar en Loeches, donde la casa de Alba tenía en propiedad por herencia familiar un palacio construido por el primer conde-duque de Olivares para su retiro a mediados del siglo XVII, que recorría el lado derecho de la iglesia del monasterio de la Inmaculada Concepción. Se derriba este palacio en desuso para añadir un panteón a modo de capilla a dicha iglesia, creando una conexión única y directa desde ella.[1]
El arquitecto fue Juan Bautista Lázaro, aunque las últimas obras las realiza Narciso Clavería.[4] Se construye un edificio de planta trilobulada donde se disponen los sarcófagos de mármol negro donde reposan los restos de los miembros de la familia. En cuanto a la decoración, Lázaro decide seguir las líneas clásicas barrocas de la iglesia, concediéndole así un aspecto sobrio y solemne. La cúpula crea el espacio necesario para que la iluminación natural acceda a través de las ventanas, aunque también es ayudada por las bóvedas con luz cenital sobre los sarcófagos.
Destaca la verdadera protagonista, la escultura original del proyecto de Viollet-le-Duc realizada en 1865 por el escultor francés Charles-Alphonse-Achille Gumery.[5] La escultura es lo único que se llegó a realizar de ese proyecto. Realizado en dos piezas de mármol, representa a Francisca de Sales y Portocarrero tumbada, donde el lujo del detalle, la expresión y el fino trabajo hace de esta pieza una joya del arte funerario de mediados del siglo XIX que se conserva en España.
Fue inaugurada el 5 de junio de 1909 con la presencia de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, la emperatriz Eugenia de Montijo, amigos y familiares de la nobleza, representación de la casa real y un reportero del periódico ABC,[6] que publicó un artículo sobre la inauguración y realizó fotografías. Este momento se recuerda en una placa situada encima de la verja de hierro de entrada.
En el panteón reposan los restos de las últimas cuatro generaciones de duques/duquesas y sus consortes, además de otros tres miembros de la familia y los restos de sus ascendientes, el conde-duque de Olivares y su mujer Inés de Zúñiga.[2]
Personajes enterrados
| Nombre y títulos | Año de defunción |
| Gaspar de Guzmán y Pimentel, I conde-duque de Olivares | 1645 |
| Inés de Zúñiga y Velasco, I condesa-duquesa de Olivares | 1647 |
| María Francisca Palafox Portocarrero y KirkPatrick, XIII duquesa de Peñaranda de Duero y XV duquesa de Alba consorte | 1860 |
| Jacobo Fitz-James Stuart y Ventimiglia, XVI duque de Alba de Tormes. | 1881 |
| Carlos María Fitz-James Stuart y Palafox, XVI duque de Alba de Tormes. | 1901 |
| María del Rosario Falcó y Osorio, XXI condesa de Siruela y XVI duquesa de Alba consorte | 1904 |
| María del Rosario de Silva y Gurtubay, X marquesa de San Vicente del Barco y XVII duquesa de Alba consorte | 1934 |
| María del Rosario Gurtubay y González de Castejón, XVI duquesa consorte de Híjar. | 1948 |
| Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba de Tormes. | 1953 |
| Eugenia Sol María del Pilar Fitz-James Stuart y Falcó, XIV condesa de Baños. | 1962 |
| Hernando Alfonso Fitz-James Stuart y Saavedra, XVII duque de Peñaranda de Duero. | 1970 |
| Luis Martínez de Irujo y Artázcoz, XVIII duque consorte de Alba de Tormes. | 1972 |
| Jesús Aguirre, XVIII duque consorte de Alba de Tormes. | 2001 |
| Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba de Tormes (mitad de sus cenizas). | 2014 |
Cripta
Debajo del panteón y con dos accesos de entrada independientes, se encuentra la cripta, conocida como del conde-duque de Olivares. Se trata de un espacio que ya existía desde la época del palacio que aquí construyó Olivares, ya que aún se conserva el túnel que conectaba directamente con ella. Se reformó en un estilo más medievalista cuando se construye el panteón en 1909.[4]
En este espacio reposan los restos de los descendientes directos del conde-duque de Olivares. Desde su hija y nieta fallecidas antes que él hasta su sobrino heredero de sus títulos y propiedades, Luis Méndez de Haro, y sus hijos y nietos. Los enterramientos acaban cuando la casa de Olivares y la casa de Alba se unen en matrimonio a finales del siglo XVII.[1]
La cripta es conocida por poseer uno de los mejores ejemplos de dibujos milicianos. Durante la guerra civil española el monasterio de la Inmaculada Concepción fue ocupado por diferentes tropas del bando republicano que dejaron su huella en forma de dibujos en diferentes espacios del complejo,[1] siendo la cripta la que más y mejor conserva, desde el retrato de un miliciano, hasta firmas y otros dibujos. Esto ha hecho que haya una leyenda muy arraigada entre los vecinos que dice que el oro de Moscú pasó por Loeches,[7] dejando el material en la cripta durante unos días hasta proseguir su camino hacia Madrid, y testigo de este hecho serían los dibujos que se hicieron justo durante esas fechas.