Papa gordo, papa delgado
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Seguite sempre un papa grasso con sottile (tdl. ‘A un papa gordo le sigue siempre uno delgado’)[1] o Un papa grasso, ne seguiva uno magro (tdl. ‘Un papa gordo, seguido de uno delgado’),[2] también expresado como «Un papa gordo sigue a uno delgado»[3] y abreviado como «Papa gordo, papa delgado»,[4] es un adagio en la Iglesia católica que describe una tendencia percibida de que los cónclaves tienden a contrarrestar al papa precedente con uno que tiene diferentes énfasis ideológicos.
El adagio italiano en torno a los cónclaves papales describe una tendencia percibida por los cardenales electores a elegir un candidato que contrarreste al papa anterior, como si siguieran un movimiento pendular.[1][5] Al elegir un sucesor, los cardenales suelen centrarse en los defectos percibidos del pontífice anterior y seleccionar a un candidato que los remedie.[6] A un papa «combativo» puede sucederle uno más amigable, y a un «político» un «sacerdote».[7][8] Se dice que este fenómeno se observa especialmente en la historia después de papados particularmente largos, cuando la Iglesia está lista para el cambio.[2][4]
Exactitud
El pontificado de Pío IX, que estuvo marcado por una «desconfianza hacia la modernidad», fue seguido por el enfoque de León XIII en una «fe más activista», que a su vez fue seguida por la lucha del papa Pío X contra el modernismo.[9] Al «austero» y «aristocrático» Pío XII le sucedió el «gregario y aparentemente poco sofisticado» Juan XXIII.[2] En la historia reciente, el papa Francisco (2013-2025) fue visto como un pontífice más de izquierda después de Benedicto XVI, quien a su vez fue visto como más de derecha que su predecesor, Juan Pablo II.[1]
Sin embargo, en un artículo para Crux, John L. Allen Jr. cuestionó la exactitud del adagio, afirmando que Pío XI continuó las políticas del papa Benedicto XV, y lo mismo ocurrió con Pablo VI y Juan XXIII.[10] El papado de Benedicto XVI también fue visto por algunos como más de lo mismo, en lugar de un cambio;[11] supuestamente, los obispos de izquierda habían asumido que el sucesor de Juan Pablo II seguiría un movimiento pendular para ser más liberal, y se sorprendieron por la elección de Benedicto XVI.[12]
La frase también se ha utilizado para describir el mismo fenómeno de péndulo que ocurre entre los presidentes de la Universidad Harvard, con los científicos Charles William Eliot y James Bryant Conant flanqueando al humanista A. Lawrence Lowell,[13] y en los estilos ejecutivos presidenciales estadounidenses.[14] Christopher M. Bellitto también señaló que, si bien la frase es metafórica, en ocasiones ha sido literalmente cierta: al corpulento papa Pío IX le sucedió el flaco papa León XIII, y al «alegre y carnoso» papa Juan XXIII le precedió el «demacrado» papa Pío XII y le siguió el «delgado» papa Pablo VI.[9][a]