Paradigma del grupo mínimo
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El paradigma de grupo mínimo es una metodología utilizada en la psicología social.[1] A pesar de poder ser utilizado para diferentes objetivos, es más conocido como un método de investigación de las condiciones mínimas requeridas para la ocurrencia de discriminación entre grupos. Experimentos que han usado este acercamiento revelan que incluso distinciones arbitrarias y virtualmente sin sentido entre los grupos, como son preferencias por ciertas pinturas[2] o el color de la ropa,[3] pueden desencadenar la tendencia del sesgo endogrupal a expensas de los otros.[4][5][6][7]
Aunque existen algunas variaciones, el estudio tradicional del grupo mínimo consiste en dos fases. En la primera fase, los participantes son divididos en dos grupos de manera aleatoria y anónima (Ej., “Grupo A” y “Grupo B”), ostensiblemente sobre la base de criterios triviales (Ej., preferencia por pinturas o el lanzamiento de una moneda). Algunas veces, estos participantes se desconocen entre sí. En la segunda fase, los participantes se involucran en una tarea de distribución de recursos sin relación aparente. Durante esta tarea, distribuyen un recurso valioso (Ej., dinero o puntos) entre los otros participantes que se encuentran identificados por un código numérico y un grupo de pertenencia (Ej., “el participante número 34 del Grupo A”). Al finalizar la tarea, se le dice a los participantes que recibirán la cantidad total del recurso que ha sido asignado a ellos por los otros participantes.
El objetivo principal de estos procedimientos, en el paradigma del grupo mínimo, es excluir las influencias “objetivas” de la situación. En el contexto del favoritismo del endogrupo, el anonimato de las identidades personales de los participantes excluye la influencia de favoritismo interpersonal. La omisión del “yo” como un beneficiario en la tarea de la distribución de recursos descarta la influencia de un auto-favoritismo. La ausencia de cualquier vínculo entre la ganancia total “en grupo” y la ganancia individual excluye la influencia de una competencia real.[8] Finalmente, la omisión de estatus jerárquicos intergrupales, aunado a la trivialidad y el contenido social mínimo de los grupos, excluye la influencia de discriminación consensual o normativa.[9]
Experimentos del paradigma del grupo mínimo tienden a encontrar, que a pesar de la muestra de cierto grado de imparcialidad en la distribución (asignación)[10] de recursos por parte de los participantes, también se muestra una tendencia significativa de asignar más dinero o puntos a miembros del mismo grupo (intergrupal) que a miembros de grupos externos.[11][12]