Parasceva nació cerca de Roma, probablemente durante el gobierno del emperador romano Adriano (117-138 d. C.). Sus padres, Agatón y Politia, eran cristianos de origen griego.
Tras la muerte de sus padres, regaló todas sus posesiones y comenzó a predicar la fe cristiana.[1]
Según su hagiografía, fue arrestada y juzgada en Constantinopla por orden del emperador Antonino Pío. Se le acusaba de blasfemia y se decía que su palabra era la causa de todos los males que recientemente habían sobrevenido al Imperio.[2]
Antonino Pío intentó convencer a Parasceva de que renunciara a su fe, e incluso le propuso matrimonio. Parasceva se negó, y fue golpeada y torturada: le colocaron en la cabeza un casco de acero revestido de clavos y lo apretaron con un torno. Sin embargo, ningún dolor parecía afectarle, y su resistencia llevó a muchos a convertirse al cristianismo.
Finalmente, desesperado, Antonino Pío ordenó que Parasceva fuera sumergida en una gran caldera de aceite y brea, pero también de allí salió ilesa. Cuando la acusaron de usar magia, Parasceva respondió arrojando el líquido al rostro del emperador. Este quedó ciego y, desesperado, le pidió ayuda. Antonino Pío recuperó la vista, y este milagro lo movió a convertirse al cristianismo y a poner en libertad a Parasceva.
Tras la muerte de Antonino Pío, las leyes cambiaron de nuevo bajo el emperador Marco Aurelio. Una peste asoló al pueblo romano, y muchos, incluido Marco Aurelio, consideraron a los cristianos responsables de haber irritado a los dioses.[3]Parasceva fue arrestada otra vez en una ciudad gobernada por un hombre llamado Asclepio, quien la arrojó a un foso con una gran serpiente. Sin embargo, Parasceva hizo la señal de la cruz y la serpiente cayó muerta. Al igual que ocurrió con Antonino Pío, este milagro llevó a Asclepio a convertirse al cristianismo, y la dejó en libertad.
Finalmente, Parasceva fue arrestada por última vez por un funcionario romano llamado Tarasio y llevada al templo de Apolo. Al entrar en el templo, Parasceva hizo la señal de la cruz, y todos los ídolos que había en él quedaron destruidos.
Sin embargo, en lugar de convertir a los presentes al cristianismo, estos se enfurecieron y golpearon a Parasceva. Entonces Tarasio ordenó que fuera decapitada.