En 864 el gobernante búlgaro Boris I se convirtió al cristianismo y al año siguiente la declaró religión oficial de Bulgaria. Durante 5 años maniobró entre el patriarcado de Constantinopla y el papa de Roma, hasta que en 870 el Concilio de Constantinopla IV concedió a los búlgaros una arquidiócesis autónoma. El arzobispado tenía su sede en la capital búlgara de Pliska y su diócesis abarcaba todo el territorio del Estado búlgaro, quedando bajo la jurisdicción del patriarca de Constantinopla.
En 886 llegaron a Bulgaria los discípulos de los santos Cirilo y Metodio, a quienes Boris I les dio la tarea de instruir a los futuros clérigos búlgaros en el alfabeto glagolítico y la liturgia eslava preparado por Cirilo. La liturgia se basaba en la lengua vernácula de los eslavos macedonios de la región de Salónica, hoy conocida como antiguo eslavo eclesiástico.
En 889 Boris I abdicó, se retiró a un monasterio y fue sucedido por su primogénito, Vladimir, que intento restaurar el tengrianismo, la religión tradicional de los búlgaros. Boris regresó a la corte, depuso a su hijo y en 893 convocó un concilio popular en Preslav para legitimar los cambios, conocido como Concilio de Preslav. En esta asamblea se decidió: que el nuevo gobernante búlgaro fuera Simeón I; sustituir el idioma griego por el antiguo eslavo eclesiástico en la liturgia; expulsar al clero bizantino y remplazarlo por búlgaros; y trasladar la capital de Bulgaria de Pliska a Preslav.
Durante su reinado de Simeón I (893-927) se sustituyó gradualmente al alto clero griego por el búlgaro. Después de dos victorias decisivas de Bulgaria sobre los bizantinos en 917 durante la guerra bizantino-búlgara de 913-927, ocurridas en Aqueloo y Katasyrtai, Simeón I declaró a la arquidiócesis autónoma búlgara como autocéfala y la elevó a la categoría de patriarcado en un concilio nacional y eclesiástico celebrado en el año 919.
Las negociaciones entre el zar Pedro I (927-970) y el emperador bizantino Romano I en 927 condujeron al reconocimiento bizantino del título imperial del gobernante búlgaro y a la elevación canónica del jefe de la Iglesia búlgara a patriarca de Bulgaria. El primer patriarca búlgaro fue Leoncio, y su sede estaba en la nueva capital Preslav. El trono patriarcal fue posteriormente transferido a Drastar. Según historiadores autorizados como Vasil Zlatarski y Georgi Bakalov, durante el reinado del zar Simeón I, en el segundo concilio popular y eclesiástico panbúlgaro de 917 o 918, el arzobispado búlgaro fue elevado a patriarcado para legitimar su título imperial. Esta cuestión está estrechamente relacionada con el reconocimiento del título imperial de Simeón por parte del patriarcado de Constantinopla, que aún no se comprende del todo en la erudición medieval.
En la segunda mitad del siglo X el estado búlgaro se vio sumido en una profunda debilidad política y militar, y partes de sus territorios fueron conquistadas primero por el príncipe Sviatoslav I de Kiev (de la Rus de Kiev) y luego por el emperador bizantino Juan I Tzimisces, que convirtió a la actual Bulgaria en un protectorado bizantino tras el asedio de Dorostolon en 971. Se cree que, tras la caída de Drastar en manos enemigas, el patriarca Damián buscó refugio en Sárdica (actual Sofía), y posteriormente los patriarcas se asentaron en la nueva capital de Bulgaria, Ohrid.[4]
En la segunda mitad del siglo X comenzó el colapso del Primer Imperio búlgaro, cuya parte oriental, correspondiente a la actual Bulgaria, se convirtió en un protectorado bizantino tras el asedio de Dorostolon en 971. En 972 el emperador bizantino Juan I Tzimisces conquistó y capturó Preslav, tomando cautivo al zar de Bulgaria Boris II. El patriarca búlgaro Damián logró escapar a la parte occidental del imperio que permaneció bajo el control del general y futuro zar Samuel, inicialmente a Sredets. En los siguientes años la residencia de los patriarcas de Bulgaria siguió estrechamente vinculada a la evolución de la guerra entre la siguiente dinastía monárquica de Bulgaria, los Cometopulos, y el Imperio bizantino. Por lo tanto, el siguiente patriarca, Germano I, residió consecutivamente en Moglen, Vodena y Prespa. Tras diversas vicisitudes, los patriarcas establecieron su residencia en Ohrid (o Acrida), que se convirtió en la sede de los dos últimos patriarcas, Felipe (circa 1000-1016) y David (1016-1018).
Tras la muerte del zar Iván Vladislav (1014-1018), gran parte de la aristocracia búlgara perdió la fe en la capacidad del reino para sobrevivir a la guerra que duró décadas con Bizancio y se dispuso a someterse al Imperio para preservar sus títulos, propiedades y privilegios. Este grupo también incluía al último patriarca del Primer Imperio Búlgaro, David. Junto con el ichirgu-boil Bogdano, se presentó ante el emperador Basilio II, el "matabúlgaros", en la fortaleza de Strumica y le expresó su obediencia.
David fue sucedido por Juan, quien presenció la derrota final de los búlgaros y su sumisión al Imperio bizantino en 1018. Ese mismo año, el emperador Basilio II disolvió el patriarcado autocéfalo búlgaro y redujo su circunscripción a arquidiócesis, dentro del patriarcado de Constantinopla. Sin embargo, Juan fue confirmado en su sede, y mediante dos decisiones imperiales en 1018 y 1020, Basilio II reconoció a Juan y a sus sucesores la misma jurisdicción y extensión territorial que la de los patriarcas búlgaros, preservando al mismo tiempo la autonomía y cierto grado de autocefalía del arzobispado.[5] Nació así la arquidiócesis de Ohrid, autónoma y subordinada al patriarcado de Constantinopla. Según las cartas de Basilio II, el arzobispo de Ohrid debía ser de origen búlgaro, pero tras la muerte de Juan de Debar (1018-1037), esta norma dejó de observarse.