Parece ser que tiene su origen en Estados Unidos, donde una firma corsetera comercializaba en los años 1960 un sostén inflable mediante una válvula. En la década de 1970 circuló el rumor de que cuando los aviones perdían presión este se inflaba de forma desmesurada hasta explotar. Este rumor fue un caldo de cultivo perfecto para adaptarla a la nueva generación de pechos artificiales como los implantes de silicona que se empezaron a poner en Estados Unidos. Desde este país la leyenda salta a Colombia, a Italia y España, hasta el extremo que en el caso del primero el periódico colombiano El Espectador incluía en una edición de 1985 como noticia que a una azafata le habían explotado los pechos a 15.000 pies de altura. En España muy próximo en el tiempo se tiene el caso de Ana Victoria García Obregón, una de las pioneras en colocarse implantes de silicona, que llenó páginas de revistas, periódicos y programas televisivos con la supuesta noticia. Incluso el dúo humorístico Martes y Trece parodió esta situación en un sketch recreando la escena de Ana en el avión.[1]