Pedro Perret
(Amberes, 1555-? c . 1622) Grabador flamenco. Estudió en Amberes con M. de Vos y en Roma con C. Cort. Trabajó para el rey de España: vistas y planos de El Escorial, retratos, portadas de libros, etc. Su hijo Pedro Perret II, que castellanizó su a
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Pieter Perret o Pierre Perret, castellanizado Pedro Perret[1] (Amberes, c. 1549-Madrid, 1625), fue un grabador flamenco establecido en Madrid al servicio de Felipe II.

Biografía
Nacido en Amberes hacia 1549, se inició en el dibujo con su padre, naipero, y, tras una breve estancia en el taller de Marten de Vos, completó su formación en la técnica del grabado con Gerard de Jode y en contacto con la familia Brueghel,[2] como testifica la estampa de Cristo y la mujer adúltera abierta por pintura de Pieter Brueghel el Viejo e impresa en Amberes en 1579.[3] En fecha incierta pasó a Roma donde, según Juan Agustín Ceán Bermúdez, cuyas fuentes de información para la biografía de Perret son escasamente fiables, habría estudiado con Cornelis Cort —fallecido en Roma en 1578— para volver luego a su patria muy adelantado, donde habría sido nombrado grabador del duque de Baviera y del elector de Colonia.[4]
De su estancia en Italia —a la que pudo viajar en más de una ocasión— se conocen algunas estampas fechadas en Roma de 1581 a 1583, de ejecución correcta y escasa personalidad.[5] Entre ellas, varias reproducen mármoles de la Antigüedad (grupo del Laocoonte, estatuas de Diomedes y de Antinoo y fuente de Sileno en el jardín del palacio Cesi), agregadas a la colección facticia Speculum Romanae Magnificentiae, con estampas editadas por Antonio Lafreri a partir de 1575.[6] Además, una Alegoría de la Fe por invención de Federico Zuccaro, José y la mujer de Putifar y Alegoría de la Pintura, ambas por invención del pintor flamenco Hans Speckaert, amigo de Cornelis Cort, de quien dejó un retrato, y una muy manierista Sagrada Familia con santa Ana y san Juan por dibujo de Bernardino Passeri, trabajada al modo de los burilistas italianos a base de un rayado muy fino y una densa red de trazos para obtener nítidos perfiles y sombreados con sutiles matices.[7]


En 1583 viajó a España procedente de Roma, llamado por Juan de Herrera para dar a la estampa las plantas y vistas topográficas del monasterio de El Escorial, sobre las que tenía la exclusiva. Tras algunas pruebas, firmaron en 1584 un contrato por el cual Herrera le debía proporcionar las planchas de cobre ya dibujadas por su mano y Perret se comprometía a cortarlas por 600 ducados, obligándose a no grabar ninguna otra cosa en tanto no tuviese terminadas las doce láminas convenidas.[8] El trabajo, con todo, no estuvo concluido hasta 1589, año en que se comenzaron a vender los grabados junto con las explicaciones de Herrera recogidas en un pequeño libro titulado Sumaria y breve declaración de los diseños y estampas de la fábrica de San Lorenzo del Escorial.[9]
A pesar de la prohibición establecida en el contrato, en 1585 realizó Perret el primero de sus retratos conocidos, el de la emperatriz María de Austria vistiendo el hábito de las Descalzas.[10] Entre finales de 1590 y 1595, de regreso en Amberes donde en 1594 obtuvo el nombramiento de maestro en el gremio de San Lucas, ejecutó algunos grabados alegóricos, entre ellos los célebres homenajes dedicados a Juan de Herrera y Felipe II sobre dibujos proporcionados por Otto van Veen (Venius).[11] Además, por invención de Jacob Savery, firmó una estampa con la leyenda de Acis y Galatea concebida como paisaje con figuras,[12] una serie de historias de la infancia de Cristo y cuatro alegorías (de la fuerza de la Mujer, del Vino, de la Verdad y del Soberano), todas por invención del manierista neerlandés Heyndrick Withouck,[13] y los profetas veterotestamentarios Ezequiel, Daniel, Amós, Abdías, Miqueas, Habacuc, Hageo y Zacarias por dibujos de Nicolas de Hoey para los Icones prophetarum maiorum et minorum, colección publicada en Amberes por Philip Galle en 1594, a la que también contribuyeron Karel van Mallery, Hans Collaert y Johann Hogenberg.[14]
En marzo de 1595 se encontraba de nuevo en Madrid pues consta documentalmente que en ese mes, declarándose «pintor flamenco estante» en la corte, compró por 100 ducados una casa en la calle de la Emperatriz, en la parroquia de San Ginés. El mismo año, el 22 de diciembre, obtuvo el nombramiento de tallador de láminas finas de Su Majestad, con un salario de 100 ducados anuales sin contar las obras que hiciese a tasación.[15]
Establecido definitivamente en Madrid, un «Pedro de Pierres, flamenco, pintor, vecino desta dicha Villa de Madrid», a quien se identifica con el grabador, concertó matrimonio con María Izquierdo, huérfana de un platero y por tal motivo dotada por la cofradía de San Eloy;[16] los esposos celebraron las velaciones el 3 de marzo de 1610 en la iglesia de Santiago. En junio de 1611, sin embargo, su mujer aparece citada con el nombre de Isabel de Faria, natural de Leiría, en Portugal, al otorgar poder a Juan Fernánez, de nación armenio y correo de su Majestad en las Indias portuguesas, para que en su nombre cobrase lo que le correspondía por la muerte en Irmuz de su hermano, Simón Rodríguez de Faria.[15]
Algunos años más tarde, el 7 de enero de 1622, Perret dirigió un memorial al rey Felipe IV en el que afirmaba que había llegado a España desde Roma llamado por Felipe II para grabar los dibujos de la fábrica de El Escorial, lo que hizo a satisfacción del monarca, «y hiço también la [lámina] del alcaçar de Toledo», de la que no se conocen estampas, continuando con la de la descendencia de Felipe III y últimamente por orden de su majestad también los grabados del túmulo alzado a la memoria de su padre en la iglesia de San Jerónimo el Real, trabajos en los que, decía, había «gastado lo poco que tenía y el mejor tiempo de su vida», por lo que siendo ya hombre mayor y pobre, «cargado de mujer e hijos», solicitaba se le concediesen dos raciones diarias para subsistir. Juan Gómez de Mora informó favorablemente tal petición, agregando a los merecimientos expuestos por el grabador que tiene un hijo «a quien ha enseñado su profesión [...] y para que el hijo que tiene continúe con el serbicio de su magd tiniendo en esta corte persona que le sirva». Finalmente le fueron concedidos 200 ducados de ayuda de costa por una vez, con la condición de que sea «con cargo de enseñar su arte con toda perfección a un hijo suyo que ha començado a prenderla pa» que en las ocasiones que se ofrecieren tenga V magd en esta corte q[uien] acuda a su serbicio sin que sea necessario yrle a buscar fuera del Reyno».[15]
El grueso de su obra tras el definitivo establecimiento en Madrid, no obstante, en mayor medida que a dar satisfacción a las necesidades de la corte estuvo destinado al negocio del libro, para el que proporcionará no solo portadas y retratos, sino marcas tipográficas y pequeños ornatos. De esta etapa se conocen no menos de treinta y cuatro libros impresos en Madrid con estampas dadas por él, trece de ellos salidos de la imprenta de Luis Sánchez, con la que mantuvo más estrecha relación, a los que deben agregarse algunos más editados fuera de Madrid y muy especialmente los que salieron en Lisboa, a donde es posible que se trasladase en los primeros años del siglo XVII acompañando a la corte. Algunas de sus obras más destacadas de este momento son retratos, género en el que alcanzó un alto nivel de calidad, figurando entre los mejor conocidos el Retrato de San Ignacio de Loyola en óvalo con cuatro escenas de la vida del santo en las enjutas (1597), retrato ya citado elogiosamente por Francisco Pacheco, que decía haberlo sacado Perret de una mascarilla mortuoria en cera que tenía el padre Pedro de Ribadeneira traída de Roma.[17] Muy notables son también los retratos del teólogo cisterciense Jerónimo Llamas, el de Mateo Alemán publicado con la edición príncipe de la primera parte del Guzmán de Alfarache (Madrid, Várez de Castro, 1599), y el de Ginés Rocamora, recogido en su Sphera del Universo (Madrid, Juan de Herrera, 1599),[18] en la que se incluyó además una alegoría de la Astronomía o musa Urania de aspecto manierista, inspirada en trabajos de Johan Sadeler, que, aunque no firmada, puede razonablemente atribuírsele.[19] Más tardíos y de excelente calidad son los retratos de Vicente Carducho, de edad de treinta y ocho años,[20] el de Fernando de Herrera por dibujo de Francisco Pacheco para la edición de sus Versos aparecida en Sevilla en 1619,[21] y el que podría ser su último trabajo, el retrato de Lope de Vega incluido en la edición de los Triunfos divinos con otras rimas sacras (1625), para el que se sirvió de una pintura de Juan van der Hamen.[22]

Entre 1609 y 1625, fecha probable de su muerte, se hizo cargo de buena parte de las portadas de los libros editados en Madrid, dejando en este apartado del negocio editorial una profunda huella.[23] Pueden citarse, entre ellas, las portadas de La conquista de las Molucas, de Bartolomé Leonardo de Argensola (1609), De la veneración que se debe a los cuerpos de los santos y a sus reliquias, de Sancho Dávila, obispo de Jaén (1611); Compendio de las fiestas que se hicieron en la beatificación de la madre Teresa de Jesús, de Diego de San José (1615); Consejo y consejero de príncipes, de Lorenzo Ramírez de Prado (1617); Filipe Segundo Rey de España, obra de Luis Cabrera de Córdoba (1619), con una imagen de Felipe II como defensor de la religión, «quintaesencia de la iconografía de Felipe II para la posteridad»;[24] y Aparato del túmulo real (...) para celebrar las honras del Rey Don Felipe III, para la que proporcionó además de la portada dos ilustraciones interiores sobre diseños del arquitecto Juan Gómez de Mora. Suya parece ser también la portada de las Eróticas o Amatorias, de Esteban Manuel de Villegas, impresas en Nájera (1618) por Juan de Mongastón, en la que junto a un sol rodeado de estrellas y el escudo de armas de Felipe III se encuentran las figuras de Horacio y Anacreonte, portada que fue suprimida de algunos ejemplares al suscitarse sobre ella una polémica literaria.
Pedro Perret aparece citado ya como difunto el 19 de diciembre de 1625 en una cédula real por la que se otorgaba una ayuda de costas de 300 ducados por una vez a sus hijos Jusepa y Pedro, que castellanizando el apellido continuó el oficio paterno con el nombre de Pedro Perete.[25][26]