Pepe Gómez
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| José María Gómez | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nombre completo | José María Gómez Castro | |
| Apodo | Pepe Gómez | |
| Nacimiento |
1892 | |
| Fallecimiento |
1 de octubre de 1936 (44 años) | |
| Causa de muerte | Hepatopatía | |
| Nacionalidad | Colombiano | |
| Religión | Catolicismo | |
| Familia | ||
| Padres |
José Laureano Gómez Rincón Dolores Castro Galvis | |
| Cónyuge | Clara Van Arken Mallarino | |
| Familiares |
Manuel Muñoz Borrero (concuñado) Laureano Gómez (hermano) Álvaro Gómez Hurtado (sobrino) Enrique Gómez Hurtado (sobrino) María Hurtado Cajiao (cuñada) | |
| Educación | ||
| Educado en |
Academia de Bellas Artes de Bogotá | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Caricaturista, periodista y columnista | |
| Empleador | El Siglo | |
| Movimiento | Caricatura | |
| Seudónimo |
Lápiz Díaz Roa Roa G. Mora Mora L. Ximénez Buenos Díaz Jack Monkey | |
José María Gómez Castro (Bogotá, 1892-Bogotá, 1 de octubre de 1936), más conocido como "Pepe Gómez" o "Lápiz",[1] fue un caricaturista, grabadista, pintor, periodista crítico y columnista colombiano, miembro del Partido Conservador Colombiano, siendo representante del ala laureanista.
Gómez, quien se educó en la Academia de Bellas Artes de Bogotá con otros artistas de renombre, es considerado junto a Ricardo Rendón, como pionero en la caricatura política del siglo XX,[1][2][3][4] y citado con frecuencia por otros autores como el artista que revivió la prensa gráfica en Colombia, tras la otrora relevancia que tuvo en el siglo XIX Alberto Urdaneta y Papel Periódico Ilustrado.
Gómez trabajó para varios medios de comunicación de corte conservador como El Gráfico, Bogotá Cómico, Semana Cómica, La Guillotina, Anacleto, El País, La Razón y El Siglo, este último periódico propiedad de su hermano, Laureano Gómez, y principal medio de difusión del conservatismo en Colombia.
Gómez, quien era católico practicante y conservador convencido, fue un feroz crítico del liberalismo y la masonería[5] a través de sus mordaces caricaturas, y cuando el Partido Liberal recuperó el poder en 1930, Gómez se convirtió en crítico permanente de sus gobiernos.[6] Pese a ello, fue también crítico del presidente conservador Marco Fidel Suárez, quien renunció a la presidencia en 1921, en medio de una escandalosa impopularidad, y del presidente Miguel Abadía Méndez.
También fue antimperialista y atacó con firmeza la política expansionista de los Estados Unidos desde los sucesos de la pérdida de Panamá. Falleció prematuramente, dejando un legado que si bien quedó ensombrecido por su hermano y sobrino, ha recobrado fuerza en los últimos años gracias a la revisión y valoración de su obra gráfica y política.

José María Gómez Castro nació en Bogotá en 1892, en el seno de una familia de clase media proveniente de Ocaña, Norte de Santander.[2] Se graduó del colegio de la élite bogotana, Colegio Mayor San Bartolomé, en 1908, con 16 años de edad.[1]
En 1909 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, fundada por Alberto Urdaneta Urdaneta en 1886. Allí recibió clases del paisajista Roberto Páramo Tirado. Años después estudiaría allí Carolina Cárdenas Núñez, bajo la enseñanza de su primo Roberto Pizano.
Se vinculó al periódico conservador Sansón Carrasco, en homenaje al personaje homónimo del libro El Quijote de la Mancha, del español Miguel de Cervantes Saavedra. En dicha publicación, Gómez firmaba con su nombre propio y apareció desde la edición 11 del 21 de mayo. En sus dibujos comenzó a criticar el imperialismo estadounidense (en especial por los sucesos recientes de la pérdida de Panamá) y la masonería liberal.[1] Una de sus víctimas más concurridas era el joven abogado Alberto Lleras Camargo, a quien retrataba con faldas al estilo Shirley Temple, como burla por los delantales que usaban los iniciados.[7]
En 1912 empezó a trabajar en la revista El Gráfico, y en 1914 se graduó de la Escuela de Bellas Artes, a la par que comenzó a trabajar en la sección de telégrafos del Ministerio de Correos y Telégrafos, en el gobierno de José Vicente Concha. En 1917 se vincula a la revista Semana Cómica como director artístico, y comienza a caricaturizar a los miembros del gobierno, pese a que él mismo era miembro del Partido Conservador (al igual que su hermano y sobrino), y comenzó a firmar con el seudónimo de "Lápiz".[1]

En 1923, viajó a Buenos Aires, donde su hermano servía como embajador en Argentina, y allí trabajó como paisajista y retratista. Regresando a Colombia, en 1926, expuso su obra pictórica en la Academia de la Lengua, y comenzó a trabajar en la revista Fantoches de Víctor Martínez Rivas, que inicialmente se llamaba Sal y Pimienta, donde abandonó el costumbrismo para dedicarse de lleno a la crítica política, y usó sus otros sobrenombres: Buenos Díaz y Ximénez. En 1934 colaboró con el periódico La Guillotina.
A partir de 1935, en plena república liberal, comenzó a criticar al gobierno de Alfonso López Pumarejo a través de la revista humorística conservadora Anacleto, en la que firmaba con un garabato de Mickey Mouse.
Pese a sus ataques contra los liberales, también se mostró hostil con los estadounidenses, en especial con Franklin Delano Roosevelt y con Anastasio Somoza García en Nicaragua, antes de su ascenso a la presidencia de ese país, así como la descolonización en África.
En 1936 comenzó a usar el seudónimo de Jack Monkey, para el periódico El Siglo, fundado el 1 de febrero de ese año por su hermano Laureano. Su primera caricatura para este periódico se muestra así mismo como un mono que dibuja a López Pumarejo. Otras de sus caricaturas aparecieron en primera plana en El Siglo y colaboró con El País, Salud y Sanidad, y el periódico liberal La Razón, de Juan Lozano y Lozano. Falleció el jueves 1 de octubre de 1936, a los 44 años, víctima de una afección hepática.
Legado
Su prematura muerte truncó su estilo crítico mordaz y sus influyentes caricaturas. Las publicaciones El Siglo y Anacleto publicaron póstumamente sus últimas caricaturas. El Banco de la República es actualmente quien conserva su obra completa en la hemeroteca de la Biblioteca Luis Ángel Arango.
Su lucha antimasónica tomó un segundo aire de la mano de su hermano Laureano, quien se convirtió en uno de los principales enemigos de la masonería colombiana, calificando a la "conspiración judeo-masónica internacional" de causar los problemas sociales de su país. Su pensamiento se nutrió también de la influencia que ejerció Francisco Franco en el pensamiento de Gómez, quien además suavizó su discurso antimperialista contra los Estados Unidos.
En 1987, su sobrino Álvaro Gómez y varios colaboradores y ex colegas de Pepe lanzaron la publicación "Pepe Gómez: La caricatura en la historia", en la que narran su corta biografía y compilan su obra gráfica, publicación que ha sido base para este artículo.


