La Pequeña edad de hielo en Guipúzcoa (País Vasco, España) fue un período de enfriamiento climático que se extendió por todo el hemisferio norte entre los siglos XIV y XIX.[1]
Mazorca de maíz en un caserío guipuzcoano
No se trató de una glaciación en sentido estricto, sino de una fase de variabilidad climática marcada por descensos térmicos regionales y fluctuaciones extremas con inviernos más largos, veranos más cortos y mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos adversos.
En Guipúzcoa , este fenómeno no solo se manifestó en un descenso de las temperaturas, sino en una extrema irregularidad meteorológica que alteró profundamente la estructura económica, social y el paisaje agrario del territorio.[2]
Las causas de estas perturbaciones climáticas se achacan a varios factores como la menor actividad solar causada por la disminución significativa de manchas solares y a la actividad vulcanológica mundial que expulsaba a la atmósfera gases y material que opacaba la luz solar.[3]
En Guipúzcoa, los registros históricos (actas municipales y crónicas parroquiales) sitúan dos periodos de mayor impacto: entre 1560 y 1650 y la segunda entre 1645 y 1715 denominada Mínimo de Maunder.
Los fenómenos atmosféricos consistieron en un enfriamiento de la temperatura de aproximadamente un grado de media respecto a la actualidad que conllevaba un aumento de las nevadas a nivel del mar con heladas persistentes y un incremento de las lluvias con sus consiguientes inundaciones de las cuencas de los rios Oria, Urola y Deba.[4]
Repercusión humana
Rebaño de ovejas en Guipúzcoa
Al impacto cotidiano que supuso el cambio climático más desfavorable, se unió el impacto económico y de subsistencia al verse afectada gran parte de la actividad económica de la región.
La cosecha de cereal se vio muy mermada así como los cultivos leñosos. Los desbordamientos frecuentes de los rios afectaron a las infraestructuras hidráulicas como molinos y ferrerías, muy frecuentes en Guipúzcoa.[4]
El cambio más importante en las costumbres y paisajes de la provincia fue la implantación y expansión del maíz, y en menor medida de la alubia, a partir del siglo XVII como elemento de subsistencia, también para el ganado, en sustitución del trigo y la cebada con peor adaptación a las nuevas condiciones climáticas.[5]
La irrupción del maíz tuvo un efecto colateral en la ganadería de la región. Al estabularse el ganado vacuno alimentado con maíz, se liberaron prados y montes que fueron ocupados por ganado ovino hasta la actualidad.[1]
Los viñedos (precursores del actual txakoli) sufrieron un retroceso hacia zonas más costeras y protegidas y el manzano de sidra mantuvo su importancia en el entorno de San Sebastián y Pasajes, aunque con producciones muy irregulares según el rigor del invierno.
La sociedad guipuzcoana de la época, incapaz de comprender el fenómeno desde la meteorología científica, recurrió a rogativas religiosas y procesiones pro pluvia o pro serenitate ante la pérdida de cosechas, promovidas por instituciones locales (Ayuntamientos y Juntas Generales).[6]