Peña folclórica chilena
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Una peña folclórica chilena es un evento social chileno en el que participan diversos cantantes, poetas, cuerpos de baile y orquestas folclóricas que presentan sus obras en recintos pequeños, ante un público sentado en mesas iluminadas por velas, donde frecuentemente se consume vino navegado y empanadas. A veces, personas del público son invitadas a participar espontánea e improvisadamente con algún número artístico. Se asocia generalmente con movimientos contestatarios.
Etimología
Pese a la creencia de que la raíz de la palabra estaría en el mapudungun (peñi, 'hermano') y que los mapuches habrían usado la palabra peñalolén para referirse a una 'reunión entre hermanos',[1] el término «peña» proviene del español, donde se conoce así a las agrupaciones informales de gente formadas para un fin particular.[2]
Desarrollo
Las peñas son frecuentemente llevadas a cabo por organizaciones sociales, políticas, gremiales y estudiantiles para reunir fondos o para solidarizar con alguna causa o persona. Su existencia tiene raíces en las décadas de 1950 y 1960.
Entre algunas de las peñas folclóricas más conocidas se encuentran la Peña de los Parra (1965-1973) fundada por los hermanos Ángel e Isabel Parra en Santiago; la "Peña de Chile ríe y canta", dirigida por el locutor radial René Largo Farías y que gozó de la misma calidad y compromiso social que la anterior; la "Peña Folklórica de la Universidad de Chile" (1965-1973) creada por la Federación de Estudiantes (FECH-V) de la mencionada universidad en Valparaíso, en donde participaron futuras grandes personalidades como Gitano Rodriguez y Horacio Durán; la "Peña del Mar" (1966) y la "Peña Folklórica de Viña del Mar" (1967-1968) en Viña del Mar.[3]
Con la creación de la Peña de los Parra se introducen nuevos aspectos de formato observados por los hermanos Ángel e Isabel Parra en las calles parisinas, iniciando una nueva fase de las peñas folclóricas respecto de las anteriores chinganas, en la medida que se entrelazaron profundamente con el movimiento musical de la Nueva Canción Chilena y posteriormente con los valores de la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende. De manera paralela a las peñas establecidas (aquellas que operaban de manera fija en un local), surgió también un gran entramado de peñas universitarias y peñas poblacionales de carácter esporádico.[4]
Es importante hablar de la labor realizada por el profesor de folclore René Sarzosa en la Escuela experimental de cultura popular Pedro Aguirre Cerda de la comuna de Quinta Normal donde anualmente se recreaba una chingana con danzas y atuendos típicos de aquella época.
Periodo de la dictadura militar
Con el Golpe de Estado y la instauración de la dictadura militar de Augusto Pinochet, las distintas peñas existentes en Chile, incluidas la "Peña de Chile ríe y canta" y la "Peña de los Parra", fueron clausuradas. Las peñas folclóricas que surgen luego del golpe estuvieron dirigidas por simpatizantes de la izquierda chilena, y en ellas se interpretaban canciones prohibidas por el régimen militar, lo que significaba un riesgo para todos los que allí participaban, fueran público o artistas. Sus motivaciones fueron varias, aunque principalmente jugaron un rol clave en la reconstrucción del tejido social postgolpe.
Las peñas significaron también un gran apoyo a las instituciones del pueblo puesto que de las peñas establecidas salían los artistas para trabajar en forma solidaria con las poblaciones. Durante los años 1980, la devaluación de la moneda chilena fue tan fuerte, que las clases populares debieron recurrir a las "ollas comunes" que se organizaron en los diferentes barrios, algunas de ellas dentro de la Iglesia católica, siendo las peñas folclóricas una actividad de financiamiento común para estas "ollas".
Región Metropolitana
En julio de 1975 nació la primera peña después del golpe militar, la "Peña Doña Javiera", dirigida por Nano Acevedo;[5] en donde actuaron grandes personalidades como Margot Loyola, Capri, Ortiga, Los Zunchos, Crismas, Lázaro Salgado, Pedro Yáñez, Trío Orfeo, Chamal, Tradición, Quipaman, Isabel Aldunate, Aquelarre, y una cincuentena de cantores, cantoras y grupos. Las peñas folclóricas, de la “Peña Doña Javiera” en adelante, constituyen una pequeña parte del “movimiento artístico alternativo” que comienza a surgir precisamente a partir de 1975.[6] En abril de 1976 nació otra, llamada "La Fragua", ubicada en el segundo piso del restaurante El Hoyo de Arriba (Merced con San Antonio, en la Galería Santiago), creada por un colectivo y dirigida por Alejandro González, hoy Alejandro Masmar.[7]
Paralelamente, se abrieron otras como "El Yugo", que funcionaba en el subterráneo del restaurante El Fortín (San Isidro con Alameda), dirigida por el cantautor y folclorista René Bravo Torres –quien utilizó el seudónimo "Julián del Valle" como medida de seguridad debido a la gran represión existente–[7] y que recibió a artistas de renombre nacional e internacional como Roberto Parra dúo con Lautaro Parra, Margot Loyola, Gabriela Pizarro, Gala Torres, Tilusa, entre otros. Tras su clausura en agosto de 1978, su director fue al exilio en Europa en donde creó otras tres peñas: "El rincón andino" en Alcalá de Henares, España, en 1980; "Espacio ibero-americano", en Lisboa, Portugal, en 1990; y la peña de la "Asociación de chilenos en España (ACHES)" en 2005.[cita requerida]
Durante los tres primeros años de la década de 1980, el contexto autoritario marca los síntomas de una actividad en decadencia. Por estos años emblemáticas peñas como “El Yugo”, “La Parra” (dirigida por Pancho Caucamán), “Doña Javiera”, “La Fragua”, “Canto Nuevo”, “La Chingana del 900” y “La Picá” desaparecen del mapa. Solo algunas pocas seguirán en pie pasada esta fecha, entre ellas, “Kamarundi” (bajo la dirección artística de Tilusa), “La Casa del Cantor” y “La Casona de San Isidro”.[8]
Región de Valparaíso
De manera paralela a lo ocurrido en la Región Metropolitana, en mayo de 1976 surge en Valparaíso la "Peña del Instituto Chileno-Francés de Cultura", ubicada en calle Esmeralda #1083, a manos del entonces director del Instituto Allan Drouillet y el cantor Carlos Zamora,[9] espacio por el cual pasaron destacados artistas como Barroco Andino, Gabriela Pizarro, Tilusa o Jorge Yáñez.[10] El Instituto, amparado en una cuasi inmunidad diplomática prestó sus dependencias a intérpretes y seguidores del semiclandestino Canto nuevo.
También en 1976, surge como iniciativa de un grupo de estudiantes del Instituto Pedagógico de Valparaíso (Cerro Playa Ancha) la "Peña el Brasero", operando en las quintas de recreo que estaban frente al edificio de la facultad. Entre este grupo fundador se encuentran Víctor Sanhueza, Héctor "Polo" Aravena y Guillermo Scherping.[11] Otras peñas relevantes de la región fueron el "Boliche La Obra" (Avenida Pedro Montt #1881) desde 1977[12] o la "Peña Magisterio" en Villa Alemana desde 1978.[13]
Las peñas establecidas en la región de Valparaíso tuvieron un rol clave en tanto a labores de extensión y solidaridad hacia organizaciones sociales de base. Las peñas folclóricas establecidas acompañaron y apoyaron la formación de peñas poblacionales, y así mismo, cumplieron un rol clave en surtirlas de artistas. Los lugares más recurrentes para la celebración de estas peñas fueron juntas de vecinos, clubes deportivos, centros de madres, y parroquias locales (al alero de curas obreros ligados a la teología de la liberación).[14] Surgieron así varias organizaciones sociales de base que realizaban peñas folclóricas en su quehacer político y cultural. Las peñas poblacionales en Valparaíso solían estar mediadas por las peñas establecidas, mientras que en Viña del Mar se tejieron grandes redes de coordinación y cooperación en los cerros, como fue el caso de la AOJ (Agrupación de Organismos Juveniles), gestionada por militantes de las Juventudes Comunistas, o de la Comisión Juvenil, fundada inicialmente por los exmilitantes del MIR, Hugo Gonzáles y el cura Alfredo Hudson.[15]
Véase también
- Nueva Canción Chilena
- Osvaldo «Gitano» Rodríguez, fundador de la Peña de Valparaíso