Pinku eiga
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Pinku eiga (ピンク映画, literalmente “película rosa”) es un subgénero del sexploitation japonés, de notable repercusión en los años 60 y 70 del siglo XX. Se caracteriza por su temática erótica y escenarios marginales (crimen, prostitución, etc).
La acuñación del término pinku eiga se suele atribuir al escritor Murai Minoru, quien estableció en 1989 una diferenciación dentro del cine de contenido sexual nipón entre las “películas rosas” y las “películas azules” (ブ ルーフィルム, buru firumu), siendo estas últimas producciones caseras potencialmente pornográficas e ilegales. Sin embargo, hay precedentes del uso de este sintagma en autores anteriores, dado que el color rosa es relacionado habitualmente con lo erótico en Japón, y desde la censura impuesta por la ley contra la prostitución de 1956 era habitual emplear el adjetivo momoiro (“rosa”) para referirse eufemísticamente a asuntos sexuales.[1]
Características
Las pinku eiga surgieron como respuesta al desplome de beneficios de la industria cinematográfica japonesa durante los años 60, provocado por el auge de la televisión. Esto llevó a la mayoría de los estudios a producir este tipo de películas para mantener la cuota de mercado, dado que eran muy rentables: no suponían un alto coste y tenían buena recaudación, al ofrecer al espectador un contenido sexual que era impensable en el ámbito televisivo.
Las características más habituales de estos filmes eran el uso de escenas de sexo simulado, envueltas en una trama narrativa de mayor o menor calidad; los rodajes breves con bajo presupuesto y sonido grabado en postproducción; la alta frecuencia de desnudos, aunque difuminando o tachando los genitales (las propias productoras aplicaban autocensura por motivos económicos), y una clara tendencia hacia temáticas como la prostitución, el sadomasoquismo y otras parafilias, las violaciones y el crimen organizado. Estaban dirigidos idealmente hacia el consumo de un público masculino.[2]
La línea de producciones con contenido violento se incrementó en los años 70, conformando un subgénero llamado pinky violence (ピンキーバイオレンス) en el que destacó el estudio cinematográfico Toei. En ellas las protagonistas solían ser adolescentes empujadas a la marginalidad que se desenvuelven en un mundo patriarcal mediante el sexo y el crimen, permitiendo a los cineastas una crítica social y una representación inhabitual de la sexualidad femenina.[3]