La mañana del 24 de agosto de 1939, la estación de la Guardia Costera de Estados Unidos ubicada en Cape May, Nueva Jersey, interceptó un alarmante mensaje de SOS: “Cualquier barco en las cercanías con armas a bordo... león suelto...” La señal de alerta provino del buque mercante S.S. Amazone de la Royal Dutch Steamship Line (Koninklijke Nederlandsche Stoomboot Mij NV),[4] que navegaba a 90 millas de la costa con nueve pasajeros, media tonelada de pólvora y unos 14 animales salvajes que eran traslados desde varios zoológicos de Nueva York a un zoológico en Venezuela. El vespertino The Pittsburgh Press reseñó en su edición del 25 de agosto de 1939 que entre los pasajeros se encontraba el director del zoológico venezolano, Pio Lava Boccardo.[5]
El comandante del guardacostas buscó prudentemente el consejo del experto cazador Frank Buck quien estaba en la Feria Mundial de Nueva York y le aconsejó: “Tendrán que dispararle. No se puede atrapar a un león suelto en un barco”.
Después de recibir más consejos del domador de leones Clyde Beatty, el comandante envió a un experto francotirador y seis guardias armados con metralletas y rifles del calibre 30 en un bote de guardia hacia el Amazone para llevar a cabo una cacería en altamar.
Durante ocho horas, el león adulto, que se escapó de su jaula durante la noche anterior, había estado deambulando libremente por las cubiertas del barco. Amontonando muebles, la tripulación de 30 hombres finalmente logró confinarlo en la cubierta delantera.
Para cuando llegaron los cazadores, el león, aburrido y cansado, se había acurrucado detrás de un diván y dormitaba pacíficamente. Sin embargo, no era el momento de las sutilezas de la etiqueta de caza. Cuando el francotirador se preparada para disparar, el capitán del Amazone le recordó nerviosamente que un disparo desafortunado en el polvorín podría enviarlos a todos al otro mundo. Tragándose su orgullo profesional, el francotirador se acercó un poco más y luego disparó.
Pocos minutos después, los pasajeros y la tripulación despidieron solemnemente a la bestia en el mar y navegaron hacia a Venezuela con el resto de la carga intacta.
El capitán del S.S. Amazone envió por radio un mensaje agradecido: "Muchas gracias por su ayuda". [6]