Plan Control Territorial

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Plan Control Territorial
Parte de la Guerra contra las Pandillas.
Acciones durante el Plan Control Territorial.
Fases
  • Preparación
  • Oportunidades
  • Modernización
  • Incursión
  • Extracción
  • Integración

El Plan Control Territorial (PCT) es un programa diseñado y ejecutado por el Gobierno de Nayib Bukele para abordar la seguridad pública y combatir las actividades de pandillas. La iniciativa contempla una implementación estructurada en seis fases, con la posibilidad de una séptima fase adicional. Según estimaciones oficiales, el costo total del programa ascendería a 575,2 millones de dólares.[1]

Entre 1979 y 1992, El Salvador experimentó una guerra civil, un conflicto que marcó significativamente la historia del país centroamericano. Durante este período, el conflicto generó una migración masiva de salvadoreños, principalmente hacia los Estados Unidos. Aproximadamente 92,000 salvadoreños emigraron, estableciéndose en gran parte en zonas urbanas de Los Ángeles, donde posteriormente surgirían las principales pandillas de la región: la Mara Salvatrucha y la Mara 18.

Al finalizar la Guerra Civil Salvadoreña, y en el marco del cumplimiento de los Acuerdos de Paz, hubo una reestructuración de las fuerzas de seguridad en El Salvador, creando un vacío de poder en las comunidades más pobres del país, sumando a la falta de oportunidades, falta de empleo, y una gran desigualdad en la sociedad, generó un ambiente perfecto para los pandilleros recién deportados de Estados Unidos, quienes sedujeron a jóvenes y excombatientes a unirse a sus grupos delincuenciales, una gran cantidad de armas usadas en la guerra seguían en manos de excombatientes, que sirvió de arsenal para las pandillas que en ese entonces eran algo nuevo para la sociedad salvadoreña, al comenzar a trazar su control en territorios, comenzó una guerra entre ellas, que terminó desatando un alza en los homicidios, aunque de principio la violencia era entre pandillas, con el tiempo estas sofisticaron su estructura, comenzando los ataques a civiles y a la misma autoridad salvadoreña.[2]

En El Salvador, las pandillas desarrollaron estrategias de intimidación mediante extorsiones, amenazando con violencia a quienes se negaran a pagar lo que denominan "renta". Las consecuencias para los ciudadanos incluían potenciales amenazas o asesinatos, extensivas incluso a familiares de la víctima. Los grupos criminales también dirigieron acciones contra miembros de seguridad pública, periodistas, activistas, vigilantes privados y personas que se resistieran a su reclutamiento. El riesgo de violencia afectaba no solo a los objetivos directos, sino también a sus círculos cercanos, con casos documentados de agresiones a personas sin vinculación directa con conflictos territoriales.[3][4]

Una encuesta de opinión de la Universidad Centroamericana durante la década de 2000 reveló que el 20,8% de los salvadoreños consideraba a las pandillas como el principal problema nacional. En 2015, El Salvador registró niveles críticos de violencia, con 6,656 homicidios.[5][6]

Implementación

Efectos y resultados

Referencias

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