Play fue, en su mayoría, aclamada por la crítica. La película mantiene un 81/100 de promedio en Metacritic,[3] mientras que en Rotten Tomatoes registra un 80% de votos positivos, con una calificación media de 7/10 basada en 15 reseñas.[4]
La película despertó controversia en los medios de comunicación suecos, en los que se vieron, sobre todo, reacciones indignadas por parte del espectro político de la izquierda. El debate se inició cuando el autor Jonas Hassen Khemiri publicó una lista en el diario Dagens Nyheter, con el título "47 razones por las que lloré cuando vi la película de Play de Ruben Östlund".[5]Entre las razones de Hassen Khemiri destacan la sexta, "porque pensé que era racista", y la vigesimoséptima, "porque el público se rió cuando los ladrones negros llamaron mono al chico blanco".[6]
Åsa Linderborg, jefa de la sección cultural del tabloide Aftonbladet, escribió una columna sobre ella. Describió su encuentro con un hombre negro poco después de haber visto Play: "En un nanosegundo, mi cerebro programado involuntariamente proyectó el mismo confundido tráiler que veo cada vez que me encuentro con una persona de color: barcos de esclavos, Tintín en el Congo, las plantaciones de algodón, Ruanda, ANC, Muhammad Ali, The Cosby Show, Yo tengo un Sueño, negerbollar, Malcolm X, niños con moscas en la cara, Obama, el SIDA, Idi Amin... una pandilla de los suburbios robando celulares. Me niego a creer que este cliché es lo que Ruben Östlund quiere plasmar. Pero si no es así ¿qué es lo que pretende, entonces?".[7]
América Vera Zavala respondió a Linderborg en el mismo periódico. Vera Zavala sostuvo que la película no es sobre la raza, sino sobre la clase, y tachó el texto de Linderborg de populista. Expresó su admiración por Östlund definiéndolo como "la estrella largamente ausente en el firmamento cinematográfico sueco. (...) Alguien que se atreve, pese a las previsibles acusaciones de racismo, a describir la brutal sociedad de clases en la que los suecos roban a los suecos".[8]
Lena Andersson de Dagens Nyheter argumentó que tanto la clase com la raza son secundarios en la película, y que la historia se enfoca más en el abuso de poder, algo universalmente humano. Está contado de manera provocadora, pues no permite a la audiencia culpar a alguien externo por la situación, ni sentirse culpable por ella de un modo fácilmente reconocible. Andersson escribió: "Lo incómodo de la película de Östlund es que, a diferencia de otras veces, no levanta un espejo para que los blancos vean reflejada su dominancia, sino para que los oprimidos vean que son capaces también de convertirse en opresores. Así responsabiliza a ambas partes. (...) La percepción de 'el otro' sigue los mismos mecanismos sea cual sea el nombre del grupo, y no mejora porque dicho grupo sea o haya sido víctima del sufrimiento".[9]