Plaza de Martí y Monsó
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La plaza de Martí y Monsó es una vía urbana de la ciudad de Valladolid, España. Anteriormente fue conocida como «calle Nueva de San Llorente», «calle de las Campanas» y «plazuela del Teatro».
Aparece descrita en Las calles de Valladolid de Juan Agapito y Revilla de la siguiente manera:
En los finales del siglo XVI se llamaba a esta calle «Nueva de San Llorente», por ser paralela, precisamente, a la calle de San Llorente o San Lorenzo. A ella tenía una puerta accesoria el teatro. Y «calle de las Campanas» aparece titulada en el plano de Ventura Seco de 1738. Pero en ese mismo siglo XVIII, hacia 1760, sin poder fijar fecha determinada, el teatro pasó a ser del Ayuntamiento, y poco después se hicieron en el edificio grandes obras de reforma y reparación, que continuaron más tarde como las que el Arquitecto Francisco Álvarez Benavides, Académico de mérito de la Real de San Fernando, realizó, en 1775, y entonces debió hacerse la entrada principal del teatro por esta plazuela, por lo que se la llamó «plazuela del Teatro». Ya dejó de llamarse a este, «corral» y se le decía «patio de comedias». En 1779 volvieron a hacerse por Benavides más obras en el teatro, las cuales informó el también maestro arquitecto Don Juan Rodríguez; en 1785 vuelven a hacerse otras obras por informe del maestro Francisco Pellón, las cuales realiza Gabriel Mozo, quien sigue trabajando en el año siguiente; todo ello como es natural, por empeñarse en hacer un teatro como exigían ya los adelantos del tiempo, teniendo por base un antiguo «corral» sin condiciones de ningún género al efecto.Por esa fecha se logró que el teatro se pusiera a buena altura, como edificio, y el Diario Pinciano, el primero que se publicó en Valladolid, decía de él en el número 1.º correspondiente al 7 de Febrero de 1787: «Valladolid tiene un Teatro de Comedias muy capaz y hermoso con dos órdenes de balcones, o Palcos y un corredor que forma el tercer cuerpo: debaxo de los balcones del primero hay unas gradas espaciosas y cómodas con otro corredor descubierto: la Luneta es de dos órdenes de sillas muy decentes: y en todo el Patio caben hasta 2 U. personas. El foro podía estar más surtido de Bastidores, pero hay los necesarios para representar qualquiera scena, y cada dia se irá mexorando. El Telón principal merecía retocarse pues es una buena pintura, que representa la fábula de Fineo, Rey de Arcadia, en el acto de venir las Harpías a ensuciar los manjares de su mesa, y levantarse a ahuyentarlas Calais y Cetheo, que convidados a ella, quisieron pagar el hospedage a Fineo.—La mitad de los aprovechamientos está destinada para la Real Casa de Misericordia, y la otra mitad es de los arbitrios de la Ciudad.—La Casa de los Niños Expósitos tiene un quarto de cada entrada; y lo restante es para los Actores».
A pesar de ser ya un buen teatro siguieron haciéndose obras, a fin de mejorarle, y en 24 de Enero de 1794 se pidió por un procurador del común, uno de los antiguos procuradores mayores de la ciudad y su tierra, que se restituyera a su primitiva disposición, porque con las obras que se habían ejecutado por orden superior «quedándole con dos cazuelas, y ymitado a los de la Corte y otros de las ziudades prinzipales del reyno», se restaban localidades y había menor aprovechamiento. Pero en ese año, previo reconocimiento del maestro de obras titular de la ciudad Gabriel Mozo, solo se hicieron obras de reparación o conservación en tejados, pisos y paredes.
Más reformas se hicieron en 1798 «para formar los dos Cuvillos... a los lados de la embocadura... e igualmente para ampliar hasta el número de quatro los quartos alojeros y darlos la altura que necesitan sus pisos para que domine el punto de vista de los que los ocupen a todas las gentes del patio», con lo que se quitaban diez asientos de la delantera o corredorcillo y veinticuatro de gradas, haciéndose en su substitución doce de balconcillo y treinta interiores.
Para completar los servicios del teatro se pensó, al año siguiente, en dotarle de un taller «para los Carpinteros y Pintores, como asimismo para custodiar los enseres que se hacen continuamente», dando razones curiosísimas que demuestran la vida activísima que se hacía en el teatro con los ensayos de comedia, de música, servir de taller el patio, recojer todo a las tres de la tarde «porque viene el público, y para barrer dicho patio no hay tiempo».
Sacando todo el partido posible de un edificio que venía de antiguo, aun el Ayuntamiento quiso hacer su teatro más vistoso y suntuoso, y en 1816 realizó obras interiores muy importantes y hasta se reformó la fachada, que hemos llegado a conocer, haciendo tres puertas en su fachada principal a la plazuela flanqueadas con sus cuatro columnas, obra que dirigió el Arquitecto Don Juan Sánchez.
Y el teatro lució espléndidamente y era el punto frecuentado por la aristocracia, por lo que el intruso rey José Bonaparte asistió a la función que en él se dio el 11 de Julio de 1811.
Mas todo tiene su fin en la vida. Los teatros de Lope de Vega y de Calderón de la Barca, nuevos, flamantes, con las comodidades exigidas por los tiempos, achicaron la importancia del Teatro del Ayuntamiento, y éste le enajenó a un particular en Enero de 1867.
Le compró luego otro propietario; se le llamó teatro de la Comedia; se hicieron obras, quitando aquellas típicas puertas y columnas de la fachada; se reformó ésta; se le volvió a dar el pomposo título de Gran teatro; y, al fin, hace muy pocos años, se le desmontó casi en su totalidad, y se le convirtió en el Cinema Coca, dándole por nombre el apellido de su nuevo propietario. Ya había fenecido el célebre teatro, el único, que tuvo Valladolid hasta el siglo XIX.
Con un historial tan brillante como tuvo el «teatro» de Valladolid desde el siglo XVI a nuestros tiempos, edificio memorable que dio nombre a la plazuela, esta cambió de título a poco de fallecer el benemérito Don José Martí y Monsó, y como éste señor había vivido y murió en la última casa de la calle Nueva (la hoy de Calixto Fernández de la Torre), ángulo a la «plazuela del Teatro», el Ayuntamiento acordó variarla de rótulo y ponerla el de «plazuela de Martí y Monsó», en memoria del caballeroso señor y entusiasta vallisoletano de adopción, porque...
Don José Martí y Monsó nació en Valencia el 15 de Enero de 1840, y después de hacer sus estudios artísticos en la Academia de San Fernando, hizo oposición a la clase de Dibujo de Figura, Paisaje y Acuarela de la Escuela de Bellas Artes de Valladolid, y la obtuvo en 1863. Joven vino, pues, a Valladolid; se hizo un vallisoletano más amante de nuestra ciudad que otros muchos que de ello blasonan; aquí casó; pero no tuvo sucesión, lo que no importó para que compusiera una curiosa poesía «A mis nietos», pues era de muy buen humor, a pesar de su presencia seriota y grave. No hay que hacer de Martí biografía. Fué buen dibujante, pintor con algunas obras muy apreciables, algunas premiadas en exposiciones. Mas donde descolló fué en la dirección de la Escuela de Bellas Artes, que desempeñó desde 1871 hasta el día de su fallecimiento sucedido el 14 de Diciembre de 1912. Todo cuanto se diga en su elogio es poco, y por eso no digo nada.
Como amigo particular mío Martí fué de los que han dejado en mi espíritu recuerdo más hondo. Nos conocimos siendo yo muy niño; frecuenté su trato de estudiante y tratábamos a la ligera de cosas de Arte; vuelvo a Valladolid en 1900 y empiezo a publicar en los periódicos cosas de arte e historia, corrigiendo muchos errores, y me busca; publica Martí su monumental libro Estudios histórico-artísticos, y le busco, y nos encontramos en seguida. Inicio la fundación de la «Sociedad Castellana de excursiones» y le hago presidente; ya no nos separamos de la labor; me hacen director del Boletín de la Sociedad y a mi lado tuve siempre a Martí y él fué mi más constante colaborador. Hicimos muchas excursiones juntos, los dos solitos, para estudiar cosas de Valladolid ¡lo que gozábamos entonces! ¡lo que nos preocupaban aquellos verdaderos artistazos de los siglos XVI y XVII! Pero llegó la muerte... y le encontró trabajando en una conferencia que preparaba para el Ateneo de Madrid. Quizá sea extemporáneo todo esto; pero debe permitírseme en memoria del gran amigo, nunca bastante llorado.
De lo que protestará Don José Martí y Monsó, allá, en el seno de la vida eterna, es de que se hayan puesto sus apellidos en los rótulos de una plazuela, él, que había censurado acremente, y siempre y en cuantas ocasiones se le ocurrieran, los cambios de nombres de calles, sobre todo, si decían algo como recuerdo de la historia o del arte de la ciudad.
Referencias
Partes de este artículo incluyen texto de Las calles de Valladolid (1937), una obra de Juan Agapito y Revilla (1867-1944) en dominio público.
- ↑ Agapito y Revilla, 1937, pp. 267-271.
Bibliografía
- Agapito y Revilla, Juan (1937). Las calles de Valladolid: nomenclátor histórico. Valladolid: Casa Martín. Wikidata Q30332367.