Pleito de los Delfines

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Escultura de bronce con un delfín en la parte superior. En los laterales del tronco piramidal que forma la base, pueden leerse las siguientes inscripciones: «Año 1624 1982 Carreño y los marinos de Candás valoran como hecho único el «Pleito de los delfines». «1635 el maestro Gil González Dávila cronista de Felipe IV en su libro «teatro» eclesiástico de la iglesia de Oviedo da cuenta del insólito «pleito de los delfines».
Escultura de 1982 a «El Pleito de los delfines» de Vicente Menéndez – Santarúa Prendes

El pleito de los delfines es un juicio, documentado en el registro de la época, en el que pescadores asturianos demandaron a delfines y calderones en Candás el siglo XVII.[1][2]

En 1624, el cura de Candás -parroquia asturiana a 19 kilómetros al Oeste de Gijón- presentó una demanda ante el Obispo de Oviedo. La denuncia venía promovida por las protestas de los pescadores porque los delfines y calderones que poblaban de forma masiva la ría de Perán, rompían sus redes y se comían la pesca.

La Universidad de Oviedo asignó un abogado defensor y un fiscal. En el juicio también participaron un clérigo de la Inquisición, un notario y varios testigos. Los participantes se embarcaron y realizaron el juicio en la zona del mar donde ocurrían los problemas.

El abogado defensor utilizó como argumentos en su defensa que los delfines eran criaturas de Dios, tenían derecho a alimentarse y poblaban la zona antes que los habitantes de Candás. El fiscal defendió que aquella era zona de pesca de los marineros y tenían mayor derecho que los delfines.

El clérigo dictó sentencia y ordenó al notario su lectura en voz alta como notificación a los delfines, ordenándoles acabar con los ataques y abandonar aquellas aguas. Si no cumplían la sentencia, la condena sería el infierno.

Registro histórico

Escultura urbana

Referencias

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