Pleito de los Delfines
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El pleito de los delfines es un juicio, documentado en el registro de la época, en el que pescadores asturianos demandaron a delfines y calderones en Candás el siglo XVII.[1][2]
En 1624, el cura de Candás -parroquia asturiana a 19 kilómetros al Oeste de Gijón- presentó una demanda ante el Obispo de Oviedo. La denuncia venía promovida por las protestas de los pescadores porque los delfines y calderones que poblaban de forma masiva la ría de Perán, rompían sus redes y se comían la pesca.
La Universidad de Oviedo asignó un abogado defensor y un fiscal. En el juicio también participaron un clérigo de la Inquisición, un notario y varios testigos. Los participantes se embarcaron y realizaron el juicio en la zona del mar donde ocurrían los problemas.
El abogado defensor utilizó como argumentos en su defensa que los delfines eran criaturas de Dios, tenían derecho a alimentarse y poblaban la zona antes que los habitantes de Candás. El fiscal defendió que aquella era zona de pesca de los marineros y tenían mayor derecho que los delfines.
El clérigo dictó sentencia y ordenó al notario su lectura en voz alta como notificación a los delfines, ordenándoles acabar con los ataques y abandonar aquellas aguas. Si no cumplían la sentencia, la condena sería el infierno.