La clave de la prevención de la violencia de género, se encuentra en una socialización y una educación basada en la igualdad con tal de desempeñar una labor de prevención. La socialización es el proceso en el cual asumimos las reglas y normas de comportamiento según la familia, la escuela, los amigos, etc. Somos educados de forma diferente y por este motivo nos comportamos de forma diferente.
Por este motivo la prevención debe de comenzar en las primeras etapas de la vida, mediante la educación de los niños y niñas en un ambiente de respeto e igualdad, y que trabaje de una forma inclusiva, de manera que tiene en cuenta a cada uno de los sujetos sin discriminar ni marginar a nadie por razones de cultura, lengua, sexo o discapacidades.
Además, según Jürgen Habermas[8] y su teoría de la acción comunicativa, debemos de plantearnos una relación basada en la comunicación, con tal de que se de la interacción entre los sujetos de forma igualitaria. Así, entraremos en el proceso de colaboración social incluyendo la integración social y el desarrollo de la identidad y la personalidad.
Las causas de la violencia contra las mujeres se encuentran en la discriminación de género, las normas sociales y los estereotipos de género que la perpetúan. Dados los efectos devastadores que la violencia tiene en las mujeres, los esfuerzos se han concentrado principalmente en las respuestas y servicios para las sobrevivientes. Sin embargo, la mejor manera de contrarrestar la violencia de género es prevenirla tratando sus orígenes y causas estructurales.[9]
Los jóvenes son un sector de la población en el cual la violencia de género está presente, por lo que resulta importante enfocarse en la prevención. Se debe procurar fortalecer la autoestima, educar en la igualdad, enseñar a identificar las señales de las relaciones abusivas, que las relaciones de pareja deben basarse en el respeto mutuo y que, aunque las discusiones son normales en las relaciones, no es aceptable la agresión de ningún tipo.[10]
Los jóvenes deben aprender a temprana edad acerca del ciclo de la violencia de género, el cual fue elaborado por Leonore Ed Walker e indica tres fases:
- Fase de acumulación de tensión. Aumenta la tensión en la pareja, el hombre se muestra cada vez más enfadado con la mujer sin motivo aparente y se incrementa la violencia de tipo verbal. Estos ataques los suele tomar la mujer como episodios aislados que puede controlar y que acabarán por desaparecer.
- Fase de explosión o agresión. La situación estalla en forma de agresiones físicas, psicológicas o sexuales.
- Fase de calma, reconciliación o luna de miel. El agresor pide perdón a la mujer, le dice que está muy arrepentido y que no volverá a pasar. Utiliza estrategias de manipulación afectiva para intentar que la relación no se rompa, como dándole regalos, invitándola a cenar o a ir al cine, haciéndole promesas, mostrándose cariñoso, etc. Muchas veces la mujer cree que el agresor realmente quiere cambiar y le perdona, sin saber que esto refuerza la posición de él.
Además, existen algunos elementos que diferencian la violencia de género de otros tipos de violencia interpersonal:[11]
- El agresor y la víctima mantienen o han mantenido una relación afectiva, es decir, el agresor es alguien conocido.
- De manera temprana comienzan las agresiones.
- Cuando las agresiones se vuelven crónicas en la relación, las mujeres comienzan a cuestionarse dichos episodios.
- Los episodios de agresiones se vuelven repetitivos, siguiendo las fases de Leonore Ed Walker anteriormente mencionadas.
- La víctima intenta cambiar la conducta del agresor, lo cual no es posible.
- Esta violencia tiene consecuencias como la indefensión aprehendida o síndrome de estrés postraumático. Además, también puede tener repercusión en las salud de los hijos o hijas de la pareja en el caso de que presencien dichas agresiones.
Según Marina J. Muñoz-Rivas:[12]
Una intervención en jóvenes es prioritaria, ya que la evidencia demuestra que, una vez aprendidos y establecidos un tipo de comportamientos disfuncionales a edades tempranas, hace que en el futuro permanezcan, o incluso se agraven estas agresiones. Lo que puede llegar a establecer relaciones de pareja disfuncionales y poco saludables durante la vida adulta.
Podemos ver que la violencia en las relaciones afectivas o íntimas se presenta una incidencia dos a tres veces superior en los jóvenes a la registrada en adultos. Además, la propensión a analizar solo la violencia como agresiones físicas no teniendo en cuenta otras violencias, (psicoemocionales) dificultan su detección y denuncia.[13]
A la hora de conceptuar y organizar las intervenciones preventivas, es necesario distinguir tres niveles de actuación en función de la etapa en que se encuentra el fenómeno que se quiere evitar y la población a la que se dirige:
- La prevención primaria (actuaciones implementadas antes de que se pueda identificar cualquier proceso prodromal).
- La prevención secundaria (intervenciones llevadas a cabo después de que se han identificado la presencia de marcadores de riesgo en la población).
- La prevención terciaria (intervenciones dirigidas a detener la propagación y evaluación del problema y sus consecuencias).
En el caso de la prevención de la violencia de género en parejas jóvenes, sabemos que aparecen generalmente durante la adolescencia, momento en el que comienzan a adquirir mayor relevancia las interacciones con el otro sexo y cuando se establecen las primeras relaciones de noviazgo. Por lo tanto, las intervenciones preventivas deberían realizarse, tanto para hombres como para mujeres, preferiblemente durante la adolescencia temprana (alrededor de los 13-14 años).[14]
Una herramienta para destacar es el Programa PREVIO (Programa de Prevención de la Violencia en las Relaciones de Noviazgo de Jóvenes y Adolescentes). Y está dirigido a a jóvenes de ambos sexos con edades comprendidas entre los 14 y 16 años. Y pretende:
- Incrementar los conocimientos de los jóvenes sobre la violencia en las relaciones interpersonales y de pareja.
- Evitar el desarrollo de comportamientos agresivos en sus relaciones o reducir su presencia en aquellos jóvenes que ya han comenzado a desarrollarlos.
- Dotar a los jóvenes de recursos, habilidades y competencias que les ayuden a la construcción de relaciones respetuosas e igualitarias.
En el ámbito de la prevención secundaria, nuevas investigaciones plantean el uso de la inteligencia artificial y procesamiento de lenguaje natural para detectar indicios de violencia de género en testimonios escritos. La tecnología resultante, que se puede alojar en collares y pulseras, analiza patrones lingüísticos para identificar niveles de riesgo y tipos de abuso que podrían pasar desapercibidos en análisis convencionales. Al automatizar la detección temprana en entornos digitales y servicios de asistencia se protege la privacidad de la víctima, se graban pruebas de cara a procesos judiciales y se aceleran los tiempos de respuesta institucional.[15][16]