Primero estaba el mar
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| Primero estaba el mar | |||||
|---|---|---|---|---|---|
| de Tomás González | |||||
| Género | Novela | ||||
| Subgénero | Novela colombiana | ||||
| Edición original en español | |||||
| Editorial | Los papeles del goce | ||||
| Ciudad | Bogotá | ||||
| País | Colombia | ||||
| Edición traducida al español | |||||
| Título | Primero estaba el mar | ||||
| Fecha de publicación | 1983 | ||||
| Cronología de Tomás González | |||||
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Primero estaba el mar es la primera novela del escritor colombiano Tomás González. Publicada originalmente en 1983 por la editorial Los papeles del goce. La publicación fue auspiciada por el bar de salsa El Goce Pagano, lugar en el que trabajó González durante la primera parte de la década de los ochenta. La obra narra de forma lineal las aventuras de una pareja antioqueña, J. y Elena, quienes viajan hasta una pequeña y modesta casa, entre la selva y el mar, ubicada en el Golfo de Urabá. La búsqueda de los personajes por un lugar tranquilo que les permita alejarse de la ciudad, terminará por llevarlos hacia un destino trágico que se anuncia desde el principio de la novela. Primero estaba el mar tuvo una divulgación muy discreta en sus primeros años y fue editada nuevamente en 1992 por la Gobernación de Antioquia. Más tarde, en 1997, la Universidad Nacional Autónoma de México publicaría una nueva edición. Pero no fue hasta el año 2001, en una publicación de la Editorial Norma, que logró cierta circulación y posterior reconocimiento. Esta ópera prima ha sido destacada, junto con el resto de la obra del escritor antioqueño, por su sencillez y cuidado estético. El crítico literario estadounidense Raymond L. Williams[1] mencionó a González junto a los grandes narradores antioqueños, destacando la nostalgia como un sentimiento transversal en su escritura.
La novela fue escrita a raíz del episodio violento en el que se vio involucrado Juan Emiliano, uno de sus hermanos mayores,[2] y quien fue asesinado en hechos confusos en su finca de Titumate, en el Urabá Antioqueño. Luego de ese asesinato, que ocurrió en 1977, González vivió en Bogotá y tuvo varios trabajos pequeños. El 1980 inició la escritura de la novela que se extendió hasta 1983, cuando llegó a El Goce Pagano, un bar de salsa en el que, además de trabajar como mesero, terminó y publicó su ópera prima. Antes de la impresión y distribución de la novela, Gonzáles viajó a Estados Unidos, en donde viviría hasta el año 2002.
Composición
El libro, en su última edición revisada por el autor en el año 2011, está compuesto por 38 capítulos cortos. Su narración es, principalmente, lineal y desde una voz omnisciente. Eventualmente aparecen pequeños fragmentos de un diario del personaje principal y diálogos muy cortos. En el capítulo 19 aparece un narrador distinto, que cuenta la situación central de la novela a manera de carta. Tomás González utiliza un epígrafe de la cosmología Kogui, que a su vez le sirve como párrafo final:
"Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. El mar estaba en todas partes. El mar era la madre. La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era el espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria".[3]
La novela tiene características propias de la tragedia, pues el destino fatal de J. está claro desde el inicio de la novela. Al respecto de su estructura Tomás Gonzáles resalta:
"La historia de Primero estaba el mar es lineal y aparentemente más sencilla que la de la mayoría de mis otras novelas, lo cual hace que llegue a un público más amplio. También está el hecho de que los acontecimientos reales que dieron origen a la novela fueron muy fuertes, sobrecogedores, por ser quienes eran las personas que los vivieron, por el lugar donde ocurrieron y por la manera como ocurrieron".[4]
Argumento
La novela cuenta la historia de J. y Elena. Esta pareja viaja desde Medellín hasta las costas del Urabá Antioqueño en un intento por alejarse de la ciudad y sus complicaciones
"Las virtudes de la vida tranquila del mar en contraposición a la intoxicante vida <<al pie de las chimeneas de Coltejer>>”.[3]
El plan inicial de J. es vivir del producto natural de su finca. Busca cosechar mangos, cocos y aprovechar los terrenos para tener ganado. Pero las condiciones agrestes del entorno selvático y rural van obligándolo a desestimar sus proyectos. Sumado a esto J. pierde dinero en negocios que ha dejado en Medellín, por lo que recurre primero al comercio de mercancía al por menor en una pequeña tienda improvisada y, finalmente, a un aserradero que va tumbando la selva que, al principio, pretendía defender.
La convivencia armónica de Elena y J. se ve amenazada desde el comienzo de la historia, pero va deteriorándose aún más con el paso de los capítulos. Las convicciones de los personajes no les permiten transar con la realidad que encuentran en el mar, en la gente que allí vive y las condiciones a las que deben enfrentarse a diario. Todo esto genera una constante posición contradictoria, pues por otro lado el escenario, la exuberancia y la inmensidad del lugar hace difícil identificar una toma de posición radical frente a la situación de los personajes.
Esta situación de desorientación hace imposible que prosperen las relaciones de los personajes principales con los habitantes del lugar. Gilberto, el mayordomo; Mercedes, su esposa; Salomón, el pescador; Julio, el lanchero; todos van y vienen pero no logran establecer un vínculo estrecho con los dos protagonistas de la narración. Finalmente, y por esta misma situación de inconexión, aparece Octavio, el capataz que se pone al mando del aserradero. La aparición de Octavio se presenta como una sombra maligna, como una presencia amenazadora que desemboca en el destino trágico de J.
Elena finalmente abandona a J., quien después de un tiempo decide también regresar a Medellín para empezar de nuevo. Pero antes de poder viajar quiere arreglar asuntos precisos en la finca y ordenar algunos detalles que le permitan sacar un futuro rédito. En ese momento reaparece la figura de Octavio, que termina matando al personaje principal en medio de una discusión en la que se le reprocha a J. su desprecio e indiferencia por la vida de quienes habitan esa selva.