Principio de normalización

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El principio de normalización es un principio educativo nacido en la década de los 50s del siglo XX en Dinamarca, que se extiende por los países escandinavos a raíz de la declaración de las Naciones Unidas de 1971, y seguidamente por toda Europa y América del norte. Wolfensberger lo definió en 1972 como "la utilización de medios, culturalmente tan normativos como es posible, en orden a establecer y/o mantener conductas y características personales que son tan culturalmente normativas como es posible".[1] La formulación de este principio partió de la intención de favorecer la vida de las personas con deficiencia mental, por lo que desde entonces ha sido adoptado como principio de las políticas de igualdad para la ciudadanía en diversidad de países, extendiéndose a otros colectivos en riesgo de marginación. Sin embargo, con el paso de los años ha demostrado su insuficiencia, dejando paso a otros principios como el de inclusión o los paradigmas de apoyos y de calidad de vida.[2]

En 1955, Niels Bank-Mikkelsen, Director del Servicio Danés para el Retraso Mental, propuso un nuevo principio al que denominó "normalización", definiéndolo como "La posibilidad de que los deficientes mentales lleven una existencia tan próxima a lo normal como sea posible".[3] Este principio sería adoptado por la normativa danesa en 1959. Más tarde, en 1969, el director de la Asociación Sueca para Niños Retrasados B. Nirje lo reformuló de la siguiente manera: "Hacer accesibles a los deficientes mentales las pautas y condiciones de la vida cotidiana que sean tan próximos como sea posible a las normas y pautas del cuerpo principal de la sociedad".

En 1971, una declaración de las Naciones Unidas propuso que los sujetos deficientes se habían de integrar en la sociedad "gozando en la medida que sea posible de los mismos derechos que los otros seres humanos". Esta propuesta fue secundada en seguida por los países escandinavos de acuerdo con el principio de Bank-Mikkelsen. En 1972, Wolfensberger definió la normalización como "la utilización de medios, culturalmente tan normativos como es posible, en orden a establecer y/o mantener conductas y características personales que son tan culturalmente normativas como es posible".[1] Así formulado, buscaba proporcionar a las personas devaluadas socialmente la dignidad completa que les corresponde por derecho propio.[4]

De esta manera, el principio de normalización ha ido desempeñando en occidente un papel fundamental en el desarrollo de políticas educativas y sociales conducentes a la integración. En concreto, se introdujo como principio rector para suprimir los efectos colaterales negativos que en su momento tenía la educación especial desde el punto de vista social.[5][6]

Sin embargo, se estableció una dicotomía entre educación especial y normalización que no tenía en cuenta los beneficios de aquella, debate que de algún modo continúa hasta nuestros días.[2]

Limitaciones

Nuevas formulaciones

Referencias

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