Prisión de mujeres Chalet Orue
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| Prisión de mujeres Chalet Orue | ||
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| Localización | ||
| País | España | |
| Ubicación | Bilbao | |
| Coordenadas | 43°15′15″N 2°54′55″O / 43.254082, -2.915197 | |
| Información general | ||
| Inauguración | 1937 | |
| Cierre | febrero de 1942 | |
El Chalet Orue fue una prisión franquista para mujeres entre 1937 y 1942, dependiente de la Prisión Provincial de Bilbao y a cuatrocientos metros de la cárcel de Larrinaga, que fue habilitada como solución de emergencia para paliar la situación de hacinamiento que provocaba la sobrepoblación penitenciaria.[1][2] Por la prisión pasaron alrededor de 3000 mujeres de entre 16 y 86 años.[3]
El 19 de junio de 1937, el ejército franquista ocupó Bilbao. El 20 de julio se declaró el estado de guerra y se investigaron con urgencia todos los delitos cometidos desde el 18 de julio de 1936, lo que se materializó en la represión social y política en Vizcaya. En seis meses, los jueces sentenciaron 15.000 casos, detenido a mil personas y celebrado consejos de guerra contra ellas. En junio de 1937, la Prisión Provincial de Bilbao o cárcel de Larrinaga estaba saturada de presos y se habilitaron otros edificios (el colegio Carmelita, la Tabakalera de Iturribide, el colegio Escolapio y el campo de concentración de Deusto). En el caso de las mujeres, fueron trasladadas al Chalet Orue, en la calle Zabalbide del barrio de Santuchu (antigua calle Santa Clara, perteneciente a Begoña).[4][5]
Historia
El chalet Orue era propidedad de Juan E. Orue, católico y carlista, y partícipe de la vida política local. Uno de sus hijos, Carlos Orue, llegó a ser alcalde de Begoña en varias legislaturas.[6] Fue confiscado por el Gobierno Vasco durante la Guerra civil para albergar a niños, aunque no se ha confirmado su uso.[7] Según Mónica Calvo Ortiz, investigadora social, el primer registro de presas está fechado en noviembre de 1937, por lo que se cree que la prisión se abrió en torno a esa fecha.[6]
Estructura
A partir de un testimonio, que se cree es el informe de un preso, se conoce la estructura de la prisión. Contaba con 7.500 m² distribuidos en cinco plantas y, al menos durante el primer año, estaba dividida de la siguiente manera: en el sótano estaban la cocina y los baños; en la planta baja había una sala de consulta, una oficina, un guardarropa, una sastrería y un almacén, y las plantas restantes, es decir, 3.400 m² utilizables, eran los dormitorios. Además, según el testimonio de Kasilda Aginaga, también había una celda de castigo en la planta superior.[7] La casa estaba diseñada para alojar a unas 30 personas, pero se admitieron 600 o 700 mujeres a la vez, lo que significaba que unas cuarenta mujeres dormían en las habitaciones de 5,5 x 4,5 metros.
Era horrible allí, porque era un hotel privado, propiedad de gente del PNV, que huyó cuando las tropas franquistas entraron en Bilbao. Marcharon a Francia y usaron el hotel como prisión. Había un pequeño jardín, pero no podíamos salir. Solo teníamos una pequeña habitación para 30 personas, una encima de otra, durmiendo y tocando las campanas; no había nadie para dormir. (...) No teníamos nada, solo colchones de lona, blancos con rayas azules, rellenos de esparto, duros, y una manta de rayas. (Nieves Torres).[8]
Presas
La mayoría de las presas eran amas de casa, costureras y labradoras. Aunque gran número de ellas eran vizcaínas, también había mujeres de Madrid, Málaga, Castilla y León y Cantabria. Algunas fueron trasladadas a Orue desde otras cárceles vizcaínas, como la Prisión Central de Saturrarán, las Adoratrices de Algorta, Balmaseda, Burgos y Vitoria-Gasteiz, pero la mayoría fueron detenidas en la calle y posteriormente liberadas o enviadas para cumplir sus penas a Saturrarán.[8] Entre las presas que estuvieron allí figuran Rosario Sánchez Mora (Dinamitera), Flor Cernuda, Carmen Machado y Tomasa Cuevas.[4] Las duras condiciones de vida y el impacto de las enfermedades en el Chalet de Orue han sido documentados a través de testimonios directos, como los diarios de la socialista asturiana Dolores Valdés Fernández. Su experiencia sobre el hacinamiento y la falta de salubridad en este centro ha sido recogida en estudios académicos que analizan la represión femenina en las prisiones de Bizkaia durante la posguerra.[9][10]
La maternidad en prisión
El reglamento penitenciario de 1930 permitía que las mujeres detenidas estuvieran acompañadas de sus hijos o hijas de hasta 4 años (excepcionalmente hasta los 7 años), pero en 1940 se redujo a 3 años. Algunas mujeres estaban embarazadas en el momento de su detención, por lo que los niños nacieron en prisión. Según la investigadora Mónica Calvo Ortiz, entre 1937 y 1938 se registraron 23 nacimientos en las maternidades de Las Arenas y Solokoetxe. Además, en 1940 se registraron 13 niños residentes en el Chalet Orue.[7]
Trabajos forzados
Las presas eran obligadas a realizar trabajos forzados, como ayudar en los hospitales de sangre, donde debían atender a pacientes con tuberculosis.[11] Según el testimonio de Angelita Pérez, realizaban diversas tareas en el taller de costura:
Preciosas labores de costura y crochet, juguetes originales, estuches de papel y pitilleras, cinturones, bolsos, pantuflas, flores de papel y seda y, sobre todo, una profusión de preciosas muñecas.[7]
Fusilamientos
De esta prisión fueron sacadas para posteriormente ser fusiladas once mujeres vizcaínas: María Fernández García, vendedora y afiliada a la Unión General de Trabajadores (UGT), de Baracaldo (53 años); Elvira Martínez Pascual, afiliada al Partido Socialista Obrero Español, de Bilbao (48 años), Teresa Chiches Ledesma, jornalera y afiliada a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), de Bilbao (26 años); Cecilia Idirin Garate, de Basauri (24 años); Ana Naranjo Martín, socialista, de Sestao (54 años); Juana Mir García, periodista y pacifista, de Bilbao (32 años); Berta Peña Parra, trabajadora doméstica y socialista, de Sestao (42 años); Adelina Fernández Pérez, pescadera y afiliada a la CNT, de Bilbao (48 años); Feliciana Echave Artola, trabajadora doméstica, de Bilbao (39 años); Juana Abascal Nicolás, jornalera, de Castro Urdiales (29 años) y Leónides Antruejo Lorenzo, trabajadora doméstica y socialista, de Sestao (35 años).[2][12][13][14][15][16]
Cierre de la prisión
La prisión fue clausurada en febrero de 1942, y las últimas mujeres recluidas allí fueron trasladadas a la cárcel de Larrinaga.[7]
Tras el cierre de la prisión, se convirtió en la clínica Santa Marta, hasta que la casa y el jardín que la rodea se urbanizaron por completo en la década de 1970. Se construyeron numerosas casas en el solar, creando las calles Santuchu Remigio Gandasegi y Fagoaga Tenorea.[17]