Privaditos
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«Privaditos» es el nombre que se le da en el Perú al fenómeno social de desobediencia civil a la prohibición de realizar celebraciones, reuniones y a violar el toque de queda impuesto por la pandemia de COVID-19 en Perú.[1][2]
Se diferencian de las fiestas COVID-19 originarias de Estados Unidos, en que el contagio de la enfermedad no es el fin mismo de la celebración[3] y no se limita a una determinada edad, pues también se registraron fiestas infantiles como privaditos.[4] Aun así, se le suele atribuir a celebraciones de este tipo con ese nombre.[5][6][7][8]
Las celebraciones clandestinas existían desde el inicio del Estado de emergencia e inmovilización social,[3] aunque estas aumentaron con las primeras políticas de levantamiento y reapertura prolongada,[9] los privaditos fueron prácticamente ignorados hasta la Tragedia de la discoteca Thomas Restobar, que se encontraba en funcionamiento en horario prohibido y de forma secreta, en donde fallecieron 13 personas.[10]
Los privaditos son promocionados principalmente por redes sociales como Facebook y Youtube por productoras de evento,[11][9] en las celebraciones los asistentes no respetan el distanciamiento social ni portan mascarillas.[11]
Ojo Público registra un aumento de las fiestas clandestinas desde junio de 2020.[9] En diario Trome un productor informó que los privaditos se desarrollan dependiendo del nivel presencial de la autoridad, la venta de entradas se realizan por el WhatsApp, los organizadores de las fiestas invierten entre 5 o 6 mil soles y ganan un aproximado de 12 mil soles.[12]
