Angélica, una ensimismada niña de diez años que no goza del afecto de Benilda Bastidas, su madre, encuentra en la ribera del río Mamoré una piedra ovalada con una imagen de la Virgen María plasmada en ella. La niña lleva la piedra a su casa, donde preparan un altar bajo un alero y se convierte en sitio de culto para pobladores y forasteros. Custodio Triana, el padrastro de Angélica, se aprovecha de la situación para ganar dinero explotando la fe de los peregrinos y la inocencia de la niña. Tras el descubrimiento de la piedra, Angélica empieza a manifestar que escucha voces que le indican ayudar a los vulnerables.[2]