Pronunciamiento de Espoz y Mina

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El pronunciamiento de Espoz y Mina fue un pronunciamiento contra Fernando VII, encabezado por el general Francisco Espoz y Mina en la noche del 25 al 26 de septiembre de 1814, desde la localidad navarra de Puente la Reina, cerca de Pamplona, la capital provincial.

Siendo una iniciativa esencialmente individual, fracasó debido a su carácter improvisado y a la falta de lealtad hacia su líder de las tropas sublevadas.[1]

Suele considerarse el primer pronunciamiento de la historia[2][3][4][5]por parte de quienes niegan tal calificativo al levantamiento de Elío, que restauró la monarquía absoluta en abril del mismo año.[6]

Se trata de un pronunciamiento atípico, y aunque ha sido escasamente estudiado —se desconocen su propósito y sus pretensiones reales—, se reconoce que sí pudiera haber tenido importantes repercusiones.[5][7]

Espoz y Mina adquirió su experiencia militar en la guerra de guerrillas contra la Francia napoleónica durante la Guerra de la Independencia, donde sobresalió, pero con poca preparación teórica: era prácticamente analfabeto.[8] Fue durante el conflicto el comandante en jefe de la guerrilla navarra.[7]

Finalizado el conflicto, el general solicitó y obtuvo a principios de junio de 1814 una audiencia con el rey Fernando VII, con el propósito de solicitar la integración al ejército regular de sus tropas, que seguían enfrentando importantes dificultades de subsistencia y remuneración. También pretendía ser nombrado virrey de Navarra. Se desconocen las condiciones exactas de dicha entrevista y el ambiente que la presidió, pero el rey eligió al general Ezpeleta para ocupar el cargo de virrey, lo cual desagradó sumamente a Espoz y Mina.[8]

Dos decretos emitidos durante el verano, que claramente iban en contra de sus peticiones, aumentaron aún más su descontento. El primero, del 25 de junio, concedía a los soldados no regulares un permiso temporal para regresar a sus hogares, lo cual resultó en numerosas deserciones, y el segundo, del 28 de julio, ordenaba la disolución de todas las unidades no regulares (originando tensos intercambios entre el virrey y Espoz Mina, que se negó a aplicarlo en totalidad), dejando abierta a quiénes así lo solicitaran la posibilidad de reincorporarse al Ejército con posterioridad.[8][2][9]

Finalmente, un tercer decreto, publicado el 23 de septiembre, ordenaba su traslado a Pamplona — relegándolo a un cargo burocrático — y el paso de sus tropas bajo el mando del capitán general de Aragón.[10][2][11]

Desarrollo y repercusiones

Referencias

Bibliografía

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