Propaganda (libro)
libro de Edward Bernays
From Wikipedia, the free encyclopedia
Propaganda es un libro escrito por Edward Bernays en 1928. La obra incorpora aportes de las ciencias sociales y de la manipulación psicológica en un análisis de las técnicas de la comunicación pública. Bernays escribió el libro como respuesta al éxito de algunos de sus trabajos anteriores, como Crystallizing Public Opinion (1923) y A Public Relations Counsel (1927).
| Propaganda | |||||
|---|---|---|---|---|---|
| de Edward Bernays | |||||
|
| |||||
| Tema(s) | Relaciones públicas y propaganda | ||||
| Idioma | Inglés | ||||
| Texto original | Propaganda en Wikisource | ||||
| País | Estados Unidos | ||||
| Fecha de publicación | 1928 | ||||
| Páginas | 159 | ||||
| Serie | |||||
| |||||
Propaganda explora la psicología que subyace a la manipulación de las masas y la capacidad de utilizar la acción simbólica y la propaganda para influir en la política y provocar cambios sociales.[1] Walter Lippmann fue el mentor estadounidense no reconocido de Bernays y su obra The Phantom Public influyó de manera significativa en las ideas expuestas en Propaganda un año después.[2] Este libro consolidó la visión de los historiadores de los medios que consideran a Bernays como el "padre de las relaciones públicas ".[3]
Sinopsis
Los capítulos del uno al seis abordan la compleja relación entre la psicología humana, la democracia y las corporaciones. La tesis de Edward Bernays sostiene que las personas "invisibles" encargadas de producir conocimiento y propaganda, gobiernan a las masas al monopolizar el poder de moldear pensamientos, valores y respuestas ciudadanas.[4] La "Ingeniería del consentimiento" de las masas sería vital para la supervivencia de la democracia.[5] Bernays explicó:[6] " La manipulación consciente e inteligente de los hábitos organizados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo invisible de la sociedad constituyen un gobierno invisible, que es el verdadero poder gobernante de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes son moldeadas, nuestros gustos formados y nuestras ideas sugeridas, en gran medida, por hombres de los que nunca hemos oído hablar" Bernays amplía este argumento al ámbito económico, al valorar el impacto positivo de la propaganda al servicio del capitalismo.[7][8] "Una sola fábrica, potencialmente capaz de abastecer a todo un continente con su producto específico, no puede permitirse esperar a que el público solicite dicho producto; debe mantener un contacto constante, mediante la publicidad y la propaganda, con el vasto público, a fin de asegurarse una demanda continua que sea la única capaz de hacer rentable su costosa planta" Edward Bernays concede gran importancia a la capacidad del productor de propaganda, tal como él mismo se concibe, para desentrañar los motivos que subyacen a los deseos de los individuos, y no limitarse únicamente a las razones que estos puedan expresar de manera explícita. Sostiene que "Los pensamientos y las acciones del ser humano son sustitutos compensatorios de deseos que se ha visto obligado a reprimir".[9]
Bernays sugiere que la propaganda puede volverse cada vez más eficaz e influyente mediante el descubrimiento de los motivos ocultos de las audiencias. Afirma que la respuesta emocional inherente a la propaganda limita las opciones del público al generar una mentalidad binaria, lo que puede dar lugar a respuestas más rápidas y entusiastas.[10]
Los cinco capítulos finales reiteran en gran medida los conceptos expuestos anteriormente en el libro y presentan estudios de caso sobre el uso de la propaganda para promover de manera efectiva los derechos de las mujeres, la educación y los servicios sociales.[11]
Recepción
| Video externo | ||
|---|---|---|
|
| ||
Atención: este archivo está alojado en un sitio externo, fuera del control de la Fundación Wikimedia. |
A pesar de la relevancia de Propaganda en la historia de los medios del siglo XX y en el desarrollo de las relaciones públicas modernas, existe, sorprendentemente, poca crítica de la obra. El académico de relaciones públicas Curt Olsen sostiene que el público aceptó en gran medida la visión "optimista" de la propaganda propuesta por Edward Bernays, aceptación que se vio erosionada por el auge del fascismo durante la Segunda Guerra Mundial.[12]
Olsen también argumenta que la habilidad de Bernays con el lenguaje permitió que términos como "educación" sustituyeran de forma sutil conceptos más problemáticos como "adoctrinamiento".[12] Finalmente, Olsen critica a Bernays por promover la "comodidad psíquica", al liberar al individuo promedio de la responsabilidad de responder por sus propias acciones frente a mensajes poderosos.[12]
Por otro lado, autores como Marvin Olasky justifican a Bernays al sostener que habría sido necesario "matar la democracia para salvarla."[12] De esta perspectiva, la existencia de una persuasión elitista y sin rostro constituiría el único medio plausible para prevenir el control autoritario.[12]
Los conceptos expuestos en Propaganda de Edward Bernays y otras obras posibilitaron el desarrollo del primer "modelo bidireccional" de las relaciones públicas, que incorpora elementos de las ciencias sociales para formular de manera más eficaz la opinión pública.[3] Bernays justificó las relaciones públicas como profesión al subrayar que ningún individuo ni grupo posee un monopolio sobre la comprensión verdadera del mundo.[3]
Según el especialista en relaciones públicas Stuart Ewen, "Lo que Walter Lippmann planteó en términos generales y teóricos, Bernays lo desarrolló en términos prácticos y operativos".[13] Sus técnicas se han convertido en elementos fundamentales para la creación de imagen pública y de las campañas políticas.[14]