Prueba de realidad
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La prueba de realidad es el ejercicio psicoterapéutico mediante el cual el observador refleja y evalúa el mundo real percibido por el paciente y la relación del paciente con esa percepción. Este proceso de distinguir el mundo interno (pensamientos y sentimientos) del mundo externo es una técnica generalmente utilizada en psicoanálisis y terapia de la conducta. Sigmund Freud[1] fue el primero que la empleó.
En entornos de psicoterapia y tratamientos, los terapeutas utilizan la prueba de realidad para persuadir al paciente de que reconozca sus pensamientos negativos, para que evalúe sus pensamientos más lógica que emocionalmente, y para que entonces determine si esos pensamientos son válidos (es decir, internamente coherentes y basados en la realidad).
La prueba de realidad no se centra necesariamente en la fuente del comportamiento o del pensamiento, sino más bien en el hecho de que los pensamientos actuales están influyendo en el comportamiento aquí y ahora. Después de que se le aplique esta técnica, el paciente a menudo es capaz de ver que los pensamientos que ha estado teniendo no son válidos, porque no se basan en la realidad, y por tanto no debería utilizarlos para guiar sus decisiones cotidianas.[2]
La prueba de realidad puede utilizarse de esta manera para facilitar experiencias emocionales correctivas, demostrando que son incorrectas determinadas expectativas negativas o poco realistas, y favoreciendo pensamientos y comportamientos más adaptativos.[3]
Métodos psicoterapéuticos como la terapia racional emotiva conductual o las terapias cognitivo-conductuales confían intensamente en la capacidad del paciente para autoexaminar frecuentemente sus pensamientos internos y evaluar cómo influyen en sus percepciones, juicios y comportamientos (la misma realidad puede ser percibida de modo diferente según los pensamientos que se tengan: el optimista ve el vaso medio lleno, y el pesimista, medio vacío).
Pruebas de realidad continuas y dirigidas por los terapeutas pueden enseñar a los pacientes cómo examinar luego por sí mismos sus propios pensamientos y comportamientos sin la ayuda del profesional. La exposición constante y prolongada a una multitud de experiencias correctivas puede conducir a los pacientes a conseguir cambios duraderos en sus pensamientos, expectativas, sentimientos y comportamientos.[4]
La prueba de realidad también ha sido identificada como un factor curativo cuando se emplea en terapia de grupo: cada paciente puede utilizar las perspectivas de otros miembros de grupo como la base de la prueba de realidad, y recibir retroalimentación en el momento a través de discusiones grupales, juegos de rol y otras actividades de grupo.[5]