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Pueblo huasteco

pueblo indígena mexicano From Wikipedia, the free encyclopedia

El pueblo huasteco, que se autodenomina tének, es un pueblo indígena de México cuya presencia histórica se concentra en la región de la Huasteca, particularmente en los actuales estados de San Luis Potosí y Veracruz. Su lengua, el tének o huasteco, pertenece a la familia lingüística maya y constituye una de las características que distinguen al pueblo dentro de la diversidad cultural de la región.[2]

Población 226 447[1]
Religión Católica, mezclada con elementos autóctonos; protestantes, testigos de Jehová y múltiples manifestaciones evangélicas
Etnias relacionadas Totonaca, Maya, Nahua, Pame, Tepehua.
Datos rápidos Huastecos (Téenek), Población ...
Huastecos (Téenek)
Población 226 447[1]
Idioma Huasteco y español
Religión Católica, mezclada con elementos autóctonos; protestantes, testigos de Jehová y múltiples manifestaciones evangélicas
Etnias relacionadas Totonaca, Maya, Nahua, Pame, Tepehua.
San Luis Potosí, Veracruz, Hidalgo, Tamaulipas.
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La Huasteca constituye una región cultural más amplia y diversa que el territorio ocupado por el pueblo tének. Históricamente ha sido habitada por distintos pueblos indígenas, entre ellos nahuas, pames, totonacos y tepehuas, además de los propios huastecos. Durante la época prehispánica, los tének ocuparon un territorio que comprendía partes de los actuales estados de Veracruz, Hidalgo, Puebla, Tamaulipas y San Luis Potosí.[3]

La cultura tének se expresa en la lengua, la organización comunitaria, la agricultura, las prácticas rituales, la música, la danza y una tradición textil particularmente desarrollada. Entre sus expresiones culturales se encuentran los bordados y prendas de la indumentaria femenina, así como diversas ceremonias y festividades vinculadas con el ciclo agrícola y la relación con la tierra.[4]

La historia del pueblo huasteco se remonta a la época prehispánica y continuó transformándose con la conquista española, el establecimiento del régimen colonial y los procesos posteriores de despojo y reorganización territorial. A pesar de estas transformaciones, las comunidades tének han conservado elementos fundamentales de su lengua, organización social y cultura, que continúan formando parte de su identidad colectiva.[5]

Los huastecos actuales son descendientes de los portadores de la cultura huasteca precolombina, y desde la época anterior a la llegada de los españoles comparten su territorio étnico con otros grupos, especialmente los nahuas. La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) calculaba que en el año 1995 vivían en México alrededor de 200 mil integrantes del grupo étnico.

El nombre huasteco se deriva del vocablo náhuatl cuextécatl, que tiene dos posibles acepciones: de cuachalolotl, "caracol pequeño o caracolillo", o de huaxitl, "guaje", que es una pequeña leguminosa.

Hablando de este pueblo Fray Bernardino de Sahagún dice: "El nombre de todos estos tómase de la provincia que llaman Cuextlan, donde los que están poblados se llaman "Cuextecas".

Historia

Estatua huasteca.

Los huastecos participaron fervientemente en la guerra de independencia, más como una manera de protestar ante los agravios y despojos de tierras por parte de los españoles. Después de consumada la independencia, se enfrentaron a nuevas leyes agrarias desfavorables para las comunidades y a la expedición de las leyes de desamortización de bienes corporativos. La defensa de sus tierras implicó bastas rebeliones, generalizándose las luchas campesinas durante los últimos 20 años del siglo XIX y en la primera década del siglo XX.[6]

Época prehispánica

La historia del pueblo huasteco se encuentra estrechamente relacionada con el desarrollo de la región cultural conocida como Huasteca, localizada en el noreste de Mesoamérica. El territorio ocupado históricamente por poblaciones huastecas comprendía zonas de los actuales estados de San Luis Potosí, Veracruz, Tamaulipas, Hidalgo, Puebla y Querétaro, aunque sus límites y extensión variaron a lo largo del tiempo.[4]

La Huasteca constituyó un espacio cultural diverso en el que convivieron distintos pueblos y tradiciones. Además de las poblaciones huastecas, en diferentes momentos históricos estuvieron presentes grupos nahuas, pames, totonacos, tepehuas y otros pueblos, por lo que la región no puede considerarse como un territorio culturalmente homogéneo.[2]

La historia antigua de los huastecos también puede estudiarse mediante la lingüística. La lengua tének o huasteca pertenece a la familia maya y constituye una rama geográficamente separada del resto de las lenguas mayenses. Los estudios lingüísticos históricos han utilizado la comparación entre las variantes actuales y registros antiguos para reconstruir procesos de transformación de la lengua y aproximarse a la historia de sus hablantes.[7]

Durante el periodo prehispánico tardío, la región experimentó diversos procesos de interacción y transformación política. Las fuentes del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas señalan la presencia de influencias toltecas y chichimecas y, posteriormente, la expansión de grupos nahuas hacia la Huasteca. Una parte de la región quedó incorporada al dominio de la Triple Alianza, aunque los señoríos locales conservaron estructuras propias de organización política.[4]

Tamtoc
Tamtoc

La arqueología ha documentado numerosos asentamientos y centros ceremoniales que permiten conocer la complejidad de las sociedades que habitaron la región. Entre ellos se encuentra Tamtoc, en la Huasteca potosina, uno de los sitios arqueológicos más importantes de la región, cuya arquitectura, escultura y objetos asociados permiten estudiar el desarrollo de las sociedades huastecas prehispánicas.[8]

Conquista española

La llegada de los españoles produjo una transformación profunda de las estructuras políticas y económicas de la Huasteca. Los primeros contactos ocurrieron a comienzos del siglo XVI y estuvieron acompañados por enfrentamientos entre los conquistadores y las poblaciones indígenas de la región. La conquista española fue seguida por la reorganización territorial y política de los antiguos señoríos.[9]

Durante el periodo colonial se establecieron encomiendas y otras formas de control sobre la población indígena. La introducción de la ganadería y de nuevas actividades económicas transformó el uso de la tierra y modificó las relaciones sociales existentes. Estos procesos estuvieron acompañados por una importante disminución de la población indígena y por cambios en la distribución territorial de las comunidades.[9]

Siglo XX y actualidad

Durante las primeras décadas del siglo XX, las comunidades huastecas continuaron enfrentando conflictos relacionados con la propiedad y el acceso a la tierra. En la región, la Revolución mexicana no modificó de manera inmediata las estructuras agrarias; fue durante la década de 1930 cuando algunas comunidades indígenas recuperaron tierras y obtuvieron ejidos, principalmente en las zonas serranas, mientras que buena parte de las planicies y los valles permaneció bajo control de propietarios no indígenas.[2]

A lo largo del siglo XX, las comunidades tének experimentaron transformaciones económicas y sociales relacionadas con los cambios en la agricultura, el crecimiento de las actividades comerciales y la migración. En San Luis Potosí, la agricultura continuó siendo una de las principales actividades de subsistencia, mientras que los ingresos obtenidos mediante el trabajo asalariado y la migración temporal o permanente adquirieron mayor importancia dentro de la economía familiar.[2]

La migración ha contribuido a ampliar los vínculos de las comunidades tének con otros centros urbanos y regiones agrícolas. Entre los principales destinos de migración se encuentran ciudades como Monterrey, Ciudad de México y Guadalajara, así como zonas productoras de caña y hortalizas de la propia Huasteca y de estados vecinos.[4]

En la actualidad, el pueblo tének mantiene su presencia principalmente en la Huasteca de San Luis Potosí y Veracruz. Las comunidades conservan formas propias de organización social y prácticas de ayuda colectiva, entre ellas la faena, además de expresiones culturales relacionadas con la lengua, la agricultura, las fiestas, la música, la danza y la tradición textil.[3]

La lengua tének continúa siendo uno de los principales elementos de identidad del pueblo. El Atlas de los Pueblos Indígenas de México reconoce tres variantes lingüísticas: tének del occidente, del centro y de oriente, distribuidas principalmente entre San Luis Potosí y Veracruz. La continuidad de la lengua y de otras expresiones culturales se enfrenta, sin embargo, a procesos de transformación social y pérdida de conocimientos tradicionales, entre ellos algunos relacionados con los bordados y su transmisión entre generaciones.[10][11]

Territorio

El territorio del pueblo tének o huasteco se encuentra actualmente principalmente en la región de la Huasteca, en el oriente de San Luis Potosí y el norte de Veracruz. En San Luis Potosí, la población tének se concentra en la parte oriental del estado, dentro de la cuenca del río Pánuco, particularmente en municipios como Aquismón, Tanlajás, Ciudad Valles, Huehuetlán, Tancanhuitz, San Antonio, Tampamolón Corona y San Vicente Tancuayalab. En Veracruz existen dos núcleos principales: uno en torno a Tantoyuca y otro en la sierra de Otontepec.[12]

El territorio muestra una gran variedad ecológica: costas, planicies, llanuras y estribaciones montañosas. Sin duda, los huastecos prefirieron los climas cálidos, a veces extremos, ya que sus asentamientos nunca rebasaron los 1000 m s. n. m. La agricultura, principalmente el cultivo de maíz, fue la base económica fundamental de los huastecos.[13]

El territorio contemporáneo del pueblo tének es más reducido que el espacio ocupado por poblaciones huastecas durante la época prehispánica. Según el Atlas de los Pueblos Indígenas de México, los tének prehispánicos habitaban una franja costera que se extendía desde el río Soto la Marina hasta el río Cazones, abarcando partes de los actuales estados de San Luis Potosí, Querétaro, Veracruz, Hidalgo y posiblemente Puebla. La región, además, estuvo habitada por otros pueblos indígenas, por lo que la presencia histórica huasteca debe entenderse dentro de un espacio cultural diverso. [14]

La distribución territorial actual también refleja la diversidad cultural de la Huasteca. En San Luis Potosí, las comunidades tének comparten el territorio con población nahua, pame y no indígena; en Veracruz conviven principalmente con comunidades nahuas. Esta diversidad explica que la Huasteca sea considerada una región cultural compartida por distintos pueblos y no exclusivamente el territorio de los tének. [12]

Lengua

La lengua del pueblo huasteco, denominada tének, pertenece a la familia lingüística maya y se clasifica dentro de la rama huastecana. Es la única lengua de esta familia que se encuentra geográficamente separada del resto de las lenguas mayas, localizadas principalmente en la península de Yucatán y otras regiones de Mesoamérica.[5]

El tének se habla actualmente en los estados de San Luis Potosí y Veracruz. En San Luis Potosí se encuentra en municipios de la Huasteca como Aquismón, Ciudad Valles, Coxcatlán, Huehuetlán, San Antonio, San Vicente Tancuayalab, Tampamolón Corona, Tamuín, Tancanhuitz de Santos, Tanlajás, Tanquián de Escobedo y Xilitla. En Veracruz tiene presencia, entre otros municipios, en Tantoyuca, Platón Sánchez, Tempoal, Chicontepec, Chontla y Tepetzintla.[5]

De acuerdo con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), el tének cuenta con tres variantes lingüísticas: tének del centro, tének de oriente y tének de occidente. Las variantes del centro y de oriente se hablan en Veracruz, mientras que la variante de occidente corresponde a San Luis Potosí[5]

Según el Censo de Población y Vivienda 2020, citado por el INALI, en México había 168 729 hablantes de tének. La misma institución señala diferencias en el grado de riesgo entre sus variantes: la occidental y la central se encuentran en riesgo no inmediato de desaparición, mientras que la variante oriental está considerada en alto riesgo. El INALI destaca la importancia de su transmisión, fortalecimiento y revitalización.[7]

La documentación contemporánea de la lengua incluye una Norma de escritura de la lengua Tének (huasteco) y materiales para su alfabetización y enseñanza. Estos recursos forman parte de las acciones institucionales orientadas a fortalecer el uso escrito y la transmisión de la lengua.[7]

Cultura y cosmovisión

La cultura del pueblo tének mantiene una estrecha relación con el territorio, la agricultura y los ciclos naturales. El maíz ocupa un lugar central en la vida comunitaria y en las concepciones sobre el origen y reproducción de la vida. Estas relaciones se expresan en prácticas rituales, ceremonias y formas de organización comunitaria que articulan las actividades agrícolas con una concepción particular del mundo.[9]

La cosmovisión tének reconoce una relación estrecha entre los seres humanos, la naturaleza y diversas entidades vinculadas con el territorio. Dentro de esta concepción destaca Dhipak, personaje asociado con el maíz y considerado una figura fundamental para explicar su origen y su importancia para la vida de las comunidades. Las narraciones relacionadas con Dhipak forman parte de la tradición oral y se transmiten entre generaciones.[9]

Las prácticas rituales relacionadas con la agricultura expresan esta relación entre comunidad, territorio y naturaleza. Las ceremonias vinculadas con la siembra y la cosecha incluyen ofrendas y acciones destinadas a mantener el equilibrio entre las personas y las fuerzas que intervienen en la reproducción de la vida. Estas prácticas coexisten con elementos incorporados a partir del cristianismo durante el periodo colonial.

La tradición oral constituye otro componente importante de la cultura tének. Los relatos, mitos y conocimientos transmitidos entre generaciones contribuyen a conservar concepciones sobre el territorio, los seres humanos, los animales, las plantas y el ciclo agrícola. La lengua tének funciona como uno de los principales medios para la transmisión de estos conocimientos y de la memoria cultural de las comunidades.

Fiestas y tradiciones

Las fiestas constituyen una parte importante de la vida comunitaria del pueblo tének. Entre las celebraciones tradicionales se encuentran las fiestas patronales, vinculadas al calendario católico, además de celebraciones relacionadas con el ciclo agrícola y el Día de Muertos. Estas festividades combinan elementos de la tradición indígena con prácticas incorporadas durante el periodo colonial y se acompañan de música, danzas, ofrendas y actividades comunitarias[15]

Entre las principales celebraciones se encuentra el Xantolo, nombre con el que se conoce en la Huasteca a la festividad relacionada con el Día de Muertos. En la Huasteca Potosina participan comunidades tének y nahuas. La celebración comprende la preparación de altares y ofrendas, el uso de flores, música y danzas, así como reuniones familiares y comunitarias. Las comparsas y los personajes enmascarados forman parte de las expresiones dancísticas asociadas con la festividad y contribuyen a mantener la memoria de los antepasados y los vínculos entre las generaciones.[15]

Las celebraciones comunitarias también incluyen danzas tradicionales, música y prácticas rituales relacionadas con la vida agrícola. Entre las danzas documentadas para los tének de San Luis Potosí se encuentran el Tzacanson, Las Varitas, La Malinche y El Rey Colorado. Estas expresiones forman parte de las festividades religiosas y comunitarias y se transmiten mediante la participación de las nuevas generaciones.[2]

Indumentaria, traje típico y textiles

La indumentaria tradicional del pueblo tének constituye una de sus principales expresiones culturales. El vestuario femenino incluye una blusa, una falda de enredo y una prenda superior denominada dhayemlaab, relacionada con el quechquémitl. Las características de estas prendas pueden presentar variaciones entre las comunidades de la Huasteca Potosina.[16]

El dhayemlaab no cumple únicamente una función ornamental. Sus bordados constituyen un medio para conservar y transmitir conocimientos y memoria cultural. Un estudio publicado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México identifica afinidades entre los diseños que actualmente bordan las mujeres tének y elementos figurativos del arte de la Huasteca correspondientes al periodo Posclásico. El análisis relaciona la organización de estas figuras con concepciones tének sobre el mundo, particularmente con la relación entre el Sol y el crecimiento del maíz.[17]

El dhayemlaab es una prenda textil tradicional de las mujeres tének de la Huasteca Potosina. Se trata de una prenda de forma triangular, conocida también en algunos contextos como quechquémitl, que se caracteriza por sus bordados y por la representación de figuras vinculadas con la concepción tének del mundo. Los diseños textiles no cumplen únicamente una función ornamental: sus formas y disposición han servido como un medio para conservar y transmitir conocimientos culturales a través de generaciones. [17]

La investigación de Eduardo Candelaria Ampacún señala además afinidades entre los diseños que actualmente bordan las mujeres tének en el dhayemlaab y elementos figurativos del arte de la Huasteca del periodo Posclásico (900-1521). El estudio interpreta estas relaciones como parte de una continuidad de recursos visuales y de memoria, particularmente en torno a la relación entre el Sol y el crecimiento del maíz.[17]

Entre los diseños del dhayemlaab se encuentran motivos geométricos, vegetales y zoomorfos. Entre ellos destaca la denominada «flor central» (ts'ejel wits), figura que ocupa una posición fundamental dentro de la composición de la prenda. La disposición de esta y otras figuras permite conservar y transmitir conocimientos mediante recursos visuales, por lo que el bordado constituye también una forma de memoria cultural. Otro elemento característico de la indumentaria femenina es el petob, tocado elaborado con madejas de estambre de distintos colores que se disponen alrededor de la cabeza mediante un arreglo particular del cabello. Su uso forma parte de la tradición de indumentaria de las mujeres tének de la Huasteca Potosina.[17]

Los motivos representados en los textiles incluyen elementos vegetales, animales, geométricos y figuras asociadas con el mundo natural. El bordado de punto de cruz de Tamaletón, en Tancanhuitz, está reconocido por el Sistema de Información Cultural como patrimonio cultural inmaterial. La institución señala que los textiles bordados funcionan como un registro de la memoria oral del pueblo tének y reflejan aspectos de su pensamiento y cosmovisión.[18]

La tradición textil se ha transmitido principalmente entre generaciones de mujeres y comprende tanto conocimientos sobre los diseños como técnicas de tejido y bordado. Sin embargo, los materiales y procedimientos han experimentado transformaciones, entre ellas el empleo de fibras sintéticas y materiales industriales en sustitución de algunas materias primas tradicionales. Estos cambios forman parte de los procesos contemporáneos de adaptación de la producción textil tének.[18]

La indumentaria masculina tradicional comprende camisa, pantalón y calzón de manta, ajustados a la cintura mediante un ceñidor. Se complementa tradicionalmente con huaraches, sombrero de palma y morral elaborado con fibras vegetales, entre ellas el zapupe. Su uso se conserva principalmente entre personas mayores y en contextos tradicionales.

Por lo general los huastecos andan descalzos o llevan huaraches, sombrero de palma, así como un imprescindible morral de fibra de "zapupe".

Arte

Fabrican diferentes artesanías como productos de cestería y talabartería en la zona de la sierra de San Carlos, así como productos de gamuza, sillas de montar y artículos de ixtle, lechuguilla y henequén en la zona de la sierra del Suroeste y hierro forjado, vidrio soplado, muebles de madera y palma en la frontera.

En el ámbito musical, los huastecos han contribuido con la creación del son huasteco llamado también huapango, que es el resultado de la fusión de las tradiciones musicales de los huastecos con la instrumentación propia de los españoles. Se destaca por ser una música eufórica, llena de colorido musical, con repetidos requintos de los instrumentos de cuerda, y adornada con falsetes.[19]

Véase también

Referencias

Fuentes

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