Pueblo moré

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Los morés, itenes o muris son un pueblo indígena que vive en el área del río Guaporé, en la frontera entre Brasil (en Rondonia) y Bolivia (en Beni). Viven en las comunidades de Monte Azul y Vuelta Grande en el municipio de Puerto Siles.

El idioma itene o moré es una lengua de la familia chapacura-wañam. Desde la promulgación del decreto supremo n.º 25894 el 11 de septiembre de 2000 el moré es una de las lenguas indígenas oficiales de Bolivia,[1] lo que fue incluido en la Constitución Política al ser promulgada el 7 de febrero de 2009.[2]

Historia

Los moré eran una etnia distinta pero relacionada con la de los baures.

En 1742 parte de ellos se trasladó a la misión jesuita de Santa Rosa de Moxos, fundada por Atanasio Teodoro en el río Guaporé.

En 1743 se publicó un informe de João Gonçalves Pereira que decía que este grupo vivía a orillas del río Guaporé (que corre de este a oeste) al oeste del territorio habitado por los urumus y aricorones, al este del territorio ocupado por los misiones jesuitas de los moxos y al norte del territorio ocupado por las misiones jesuitas entre los baures.

Según Pereira, ese pueblo:

  • Se dedicaba a la agricultura, plantando maíz pururuca, que es una variedad más suave que la más utilizada en Mato Grosso en ese momento, plátanos, papayas, maní, papas y tabaco;
  • Tenían crianzas de patos, patos silvestres, pollos y otras aves y pájaros salvajes;
  • Usaban canoas de buriti y otras de madera, muy pequeñas, pero no usaban remos, navegaban en aguas poco profundas, impulsando el bote con palos que tocaban el suelo sumergido;
  • Usaban un idioma diferente al de las tribus vecinas (guaraiutás y urumus), pero podían comunicarse con ellos;
  • Eran enemigos de las tribus vecinas.
  • Usaban flechas envenenadas;
  • Muchos de ellos vivían en la reducción jesuita de San Miguel, a donde muchos fueron bautizados y civilizados;
  • Llevaban camisas de corteza de madera.

En el siglo XVIII muchos miembros de este grupo étnico vivían en las misiones jesuitas de San Simón, San Judas y San Miguel, que luego fueron destruidas. La mayoría de los 4000 habitantes de la misión San Miguel (ubicada cerca de la desembocadura del río Blanco, que desemboca en el río Guaporé) eran morés. Algunos habitantes de la reducción de Santa Rosa de Itenes (destruida en 1742) también eran morés.

En las márgenes del río Mamoré estaban situados cerca de la misión de Exaltación y, en 1884, muchas familias cruzaron el río y se unieron al grupo de chácobos y sinabos.[3]

En 1935, Heinrich Snethlage hizo contacto con los morés, que se llamaban a sí mismos itoreauhip.[4]

Lengua

El moré es el último vestigio vivo de la familia lingüística Chapacura, un grupo sudamericano que llegó a incluir lenguas hoy desaparecidas como el wanyam y el pauserna. Actualmente, su supervivencia es crítica debido al escaso número de hablantes. Esta lengua destaca por su complejidad, con sonidos poco comunes, verbos aglutinantes y categorías de clasificación de objetos ajenas al español. Ante este panorama, es fundamental acelerar las investigaciones lingüísticas para documentar su estructura antes de que se pierda definitivamente.[5]

Religión y Cosmovisión

La espiritualidad moré se basa en un sistema animista donde el entorno natural —ríos, bosques y clima— está imbuido de fuerzas espirituales. Históricamente, la figura del chamán era central, actuando como un puente espiritual para asegurar la salud y el sustento de la comunidad mediante la caza y la pesca. Tras el contacto misional, surgió un sincretismo religioso: el catolicismo se fusionó con las tradiciones ancestrales. Esto es evidente en las fiestas patronales, donde la identidad del grupo se manifiesta a través de una mezcla de ritos cristianos y danzas indígenas. A día de hoy, el respeto por las entidades acuáticas, como los "dueños del agua", persiste en su cultura diaria.[5]

Actividad Económica

La economía de los Moré se fundamenta en un modelo de subsistencia y producción artesanal. Su agricultura se basa en el cultivo de alimentos básicos como arroz, maíz, fréjol y plátano, destacando la yuca como elemento central para el consumo directo y la elaboración de derivados tradicionales (chicha y chivé). Complementan su sustento con una artesanía especializada, transformando recursos del entorno —como cortezas, plumas y algodón— en herramientas y objetos culturales que sirven para el intercambio.[6]

No obstante, este equilibrio está en riesgo debido a la presión extractivista (ganadería y tala), que limita su acceso a recursos vitales. Ante esto, el pueblo Moré se encuentra en un proceso de resistencia y adaptación, intentando proteger sus formas de vida ancestrales frente a las amenazas ambientales y económicas modernas.

Ubicación

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Referencias

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