Puellae doctae
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Puellae doctae (en latín, "chicas doctas") es un latinismo renacentista referido a un conjunto de mujeres de élite, cultivadas en las artes y las letras, que formaron parte de las cortes europeas y virreinales en los siglos XV y XIV, entroncando con el paraje del humanismo renacentista y el Siglo de Oro Español. Se las relaciona especialmente con la órbita castellano-aragonesa de los monarcas Isabel la Católica y Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, además de sus coetáneos portugueses.[1][2]

Historia
Un precedente peninsular se encuentra durante la misma reconquista, en las que varias reinas y aristócratas se hicieron famosas por su culura, como María de Molina, Constanza y María de Portugal, Juana Manuel de Villena y Leonor López de Córdoba y Carrillo.[3] Sin embargo, es con el Renacimiento, imbuido del ideal humanista de la mujer laica y culta, que el interés por las letras se expandió pronto a la educación femenina, ocasionando que las mujeres de clase social elevada, generalmente hijas y parientes de aristócratas, intelectuales, médicos y abogados, pudieran acceder a una profunda educación humanista merced a tutores particulares y bibliotecas privadas, opciones prohibitivas para el resto del sexo femenino de la época.[1][3] La invención de la imprenta en Europa facilitó en cualquier caso el acceso a la lectoescritura de mujeres de toda condición.[3] Este fenómeno se expandió por toda Italia, Francia e Inglaterra, pero alcanzó su máximo esplendor con la reina Isabel I de Castilla.[1]
Círculo de Isabel I
El interés de Isabel I por las letras y las artes le llevó a aprender latín tan pronto como pudo y a acoger en su corte a grandes representantes del humanismo español e italiano, como Antonio de Nebrija, Alfonso de Palencia, Juan Luis Vives, Lucio Marineo Sículo y Pedro Mártir de Anglería. Al calor de estas figuras, y animadas por la monarca, se desarrolló un círculo cortesano de mujeres dedicadas a la investigación y al estudio de las culturas y lenguas clásicas. Otro tanto sucedió en algo más tardíamente en la corte valenciana por influencia del virrey Enrique de Aragón y la reina Juana de Nápoles.[1]
La reina, que contaba entre sus referentes predilectos la filósofa y poetisa Christine de Pizan, "proveyó de preceptores y maestros a todos los de su palacio, así doncellas como pajes, porque todos aprendiesen", en palabras de Marineo Sículo. Integrantes de esta cámara fueron Beatriz Galindo, conocida como "La Latina" por su dominio de la lengua romana, Beatriz de Bobadilla, camarera mayor y consejera de Estado, y las propias hijas de la reina, Isabel, Juana, María y Catalina, además de nombres como las místicas Teresa de Cartagena y Santa Beatriz de Silva y las escritoras Isabel de Villena y Florencia Pinar. Algunas entre ellas, como Luisa de Medrano y Juana Contreras, llegaron a impartir saber de alguna manera en la universidad de Salamanca,[1] hasta el punto de llevar a la creencia popular, aunque equivocada, de que Medrano llegó a ser catedrática.[3]
Era de Carlos I y V
Fallecida Isabel y ya en la época de Carlos I de España y V del Sacro Imperio, fue infanta de Portugal la sobrina nieta del emperador, la infanta María de Portugal. De ella, cuyas literatas predilectas eran las hermanas castellanas Luisa y Ángela Sigea, se escribió que hizo de su palacio "una verdadera universidad de mujeres ilustres en todo género de ciencias y artes", contando nombres como Joana Vaz, Paula Vicente, Leonor de Noronha y Públia Hortênsia de Castro. El cronista portugués João de Barros habla de otras autoras fuera del círculo de la infanta, como Izabel de Castro Andrade, de las que por desgracia se ha conservado poco.[1]
La corte valenciana fue presidida por Germana de Foix, nueva esposa de Fernando el Católico a la muerte de Isabel, que tras enviudar ella misma fue instalada como virreina de Valencia por el emperador. Germana y sus sucesivos esposos, especialmente Fernando de Aragón, duque de Calabria, dieron a la corte un ambiente festivo a causa de sus respectivas extracciones italianas y francesas, pero igualmente embebido de crecimiento intelectual, en el que destacaron como mujeres Ana Cervatón y Mencía de Mendoza. Otras mujeres españolas de menor talla real, aunque de similar prestigio, fueron la castellanas Juana Vergara, hermana del humanista Juan de Vergara,[3] y la homónima no emparentada Isabel de Vergara, traductora ésta de las obras de Erasmo, además de Catalina de Paz, así como la catalana Juliana Morell y la valenciana Tecla de Borja.[1]
Posterioridad
El fallecimiento de estas generaciones de mecenas hizo debilitarse sus respectivos campos de cultura,[1] con lo que, avanzando el siglo XVI, el espacio cortesano dio paso al ámbito religioso como principal foco de la cultura entre las mujeres, convirtiéndose los conventos en espacios intelectuales de gran auge social. Juana Inés de la Cruz podría ser la mayor exponente.[3] Sin embargo, el Siglo de Oro, con un renacimiento ya moribundo, todavía produciría intelectuales laicas como la poetisa Cristobalina Fernández de Alarcón, María de Zayas y Ana Caro de Mallén,[3] además de la dramaturga Feliciana Enríquez de Guzmán.[1]