Queratitis punteada superficial de Thygeson
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Durante la época de 1950, Phillips Thygeson (oftalmólogo de la universidad de California), describió por primera vez una queratitis punteada superficial que se caracterizaba por múltiples opacidades corneales gruesas que no alcanzaban la conjuntiva.[2] A nivel microscópico se puede vislumbrar que dichas opacidades se deben a un aumento de las células de Langerhans en las capas basales de la córnea y, en la membrana de Bowman.[3] La enfermedad produce una afectación bilateral, transitoria y con múltiples recurrencias.[4]
Su causa no está del todo clara,[4] sin embargo se la ha relacionado con el gen HLA - DR3 el cual se ha visto afectado sobre todo en enfermedades de carácter auto inmune, aunque también se encuentra presente en la diabetes mellitus tipo 1,[5] por otro lado Braley y Alexander encontraron relación de la enfermedad con una sobre infección del Herpes Zóster y el Varicela Zóster, en un individuo inmuno-deficiente. Los cuales causarían cicatrices a nivel del tejido corneal y, debido a la pobre vascularización que tiene este tejido, la cicatriz al formarse dejaría una pequeña opacidad que se vislumbrarían al examen oftalmológico;[6] dicho estudio se respalda con el estudio de Lemp en donde se pudo aislar de forma satisfactoria el virus en la córnea de un niño de diez años.[7]
A pesar de esto, estudios más recientes propuestos por Connel y O'Reilly, realizados sobre una reacción en cadena de polimerasa (PCR) no fueron capaces de aislar ninguno de los virus antes mencionados por lo que su relación con la enfermedad no parece ser directa sino, más bien consecuencia.[8]
Diagnóstico
Para esta patología aún no existe un diagnóstico específico, se basa principalmente en la evaluación médica de los signos y síntomas. Sin embargo, existen exámenes complementarios que son de gran ayuda para asegurar de que se trata de una Queratitis punteada superficial de Thygeson. Existen estudios de laboratorio microbiológico que examinan la flora de la córnea, mientras hay inflamación activa, no obstante, este método de diagnóstico no es necesario porque no se trata de una enfermedad infecciosa.[9]
Manifestaciones clínicas
Al ser una enfermedad crónica de la córnea que se caracteriza por la formación de pequeñas lesiones a nivel focal y un aspecto turbio, los principales síntomas que presentan son la irritación, fotofobia, desgarro y molestias oculares en general, además otras afectaciones como ardor y la sensación de cuerpos extraños.[10] De igual forma aunque menos frecuente puede manifestarse una inyección conjuntival e hipoestesia corneal leve o sensibilidad corneal disminuida.[11]