El estallido se originó en la confluencia del paro activo realizado el 21 de junio por el Frente Estatal que agrupaba a los sindicatos del sector público y una movilización estudiantil contra la falta de plazas en el comedor universitario. Ese primer día las fuerzas policiales disolvieron a los manifestantes.
El 22 de junio las protestas se repitieron y la represión policial generó un gran descontento en la población y particularmente entre los estudiantes, cuando la policía irrumpió en el comedor universitario para reprimir y detener a los jóvenes que se hallaban allí. Los estudiantes respondieron tirando piedras y botellas y construyendo barricadas para instalarse en la Quinta Agronómica, nombre con que se conocía la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Tucumán, que sería en epicentro del movimiento y daría nombre a la insurrección.
El día viernes 23 los enfrentamientos continuaron, los vecinos de la Quinta Agronómica apoyaron activamente a los estudiantes y numerosos trabajadores se sumaron a las protestas.[1][2]
El día sábado 24 el gobierno endureció la represión, cerró las fronteras de la provincia y asesinó al estudiante Víctor Villalba, de 20 años, disparándole a la cabeza a corta distancia una cápsula de gas lacrimógeno. El asesinato de Villalba generó indignación entre el estudiantado y la población en general, provocando que miles de estudiantes se instalaran en la Quinta, donde llegaron a construir una honda de dos metros de altura, que no llegó a ser usada.[2] Esa noche la dictadura al mando del general Alejandro Agustín Lanusse dispuso la preparación del Regimiento 20 de Infantería y del Grupo de Artillería de Alta Montaña del Ejército, para una eventual militarización de la provincia. Ese mismo día la CGT local decretó la huelga general para el día 27 y declaró una jornada de duelo por el crimen de Villalba.
El día domingo 25 tres integrantes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, los padres Amado Dip, Juan Ferrante y René Nieva, realizaron una multitudinaria misa por Villalba, en la calle frente a la Quinta. Por la tarde la Gendarmería Nacional comenzó a participar en la represión.[1]
El lunes 26 de junio el Ejército intervino en la represión y se hizo cargo de la ciudad, cerrando todos los accesos y desalojando las facultades del centro. Los estudiantes se concentraron en la Quinta.
Por la mañana del martes 27, el Ejército rodeó la misma, intimando a los estudiantes a rendirse, con la promesa de que si así lo hacían podían retirarse a sus casa. Luego de una asamblea, los estudiantes decidieron rendirse, pero el Ejército procedió a detenerlos y encarcelarlos en el Club Atlético Central Córdoba, donde se instaló un campo de concentración bajo régimen militar. Recuperada la Quinta, el Ejército dispuso allanar las viviendas vecinas para detener a quienes hubieran participado o apoyado la insurrección. El hecho produjo un nuevo brote insurreccional de los vecinos, que procedieron a ocupar unas cincuenta manzanas del barrio La Ciudadela. La ciudad se encontraba además paralizada por la huelga de la CGT. La insurrección se extendió asimismo a otras ciudades tucumanas, como Monteros donde cortaron la Ruta Nacional 38, Tafí Viejo donde los obreros ferroviarios obstruyeron el acceso a la ciudad, y Concepción.[1]
Al día siguiente, retomado el control de la ciudad por el Ejército, renunciaron el rector de la Universidad de Tucumán y todos los decanos de facultades.[1] El homicidio de Víctor Villalba fue investigado por la justicia local que en 1977 dispuso archivar la causa concluyendo que había sido cometido por "autores desconocidos", pese a las pruebas existentes en el expediente.[3]