Ramón Silveyra
From Wikipedia, the free encyclopedia
| Ramón Silveyra | ||
|---|---|---|
|
| ||
| Información personal | ||
| Nacimiento |
1896 Orense, España | |
| Fallecimiento | Siglo XX | |
| Nacionalidad | Español | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Carnicero, carrero, panadero, obrero | |
| Conocido por | Activismo anarquista en Argentina, participación en la Semana Trágica, doble fuga de la Penitenciaría Nacional | |
| Conflictos | Semana Trágica | |
Ramón Silveyra (Orense, España, 1896 – ¿?) fue un inmigrante gallego, obrero y militante anarquista en Argentina durante las primeras décadas del siglo XX. Su vida estuvo marcada por su participación en conflictos laborales, su condena por un atentado con bomba en 1921 y dos fugas de prisión que lo convirtieron en una figura legendaria dentro del movimiento ácrata rioplatense.[1][2]
Primeros años e inmigración
Silveyra emigró desde Galicia a Buenos Aires en 1916, en plena Primera Guerra Mundial y durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen.[1] En Argentina trabajó en diversos oficios: carnicero, carrero, obrero en los talleres Vasena, repartidor del café Paulista y panadero.[2]
Activismo y condena
Adhirió tempranamente a las luchas proletarias. Durante la Semana Trágica de enero de 1919, intentó detener un carro con alimentos custodiado por la policía y resultó herido en una pierna.[2]
El 5 de abril de 1921 colocó una bomba en la fábrica de fideos Agustín Allende, ubicada en la calle Estados Unidos al 1840, en apoyo a una huelga del Sindicato de Fideeros. La explosión causó la muerte accidental de Modesta D. de Calvo, una vecina de 24 años que se encontraba en la vereda de enfrente.[3][1] Fue condenado como autor material a 20 años de prisión.[4]
Primera fuga y huida a Uruguay
El 11 de marzo de 1923 se fugó de la Penitenciaría Nacional de Sierra Chica. La operación fue organizada por el destacado militante anarquista y Secretario del Comité Pro Presos Sociales, Miguel Arcángel Roscigna, quien “preparó los medios de la primera fuga del panadero Ramón Silveyra, condenado a 20 años de prisión, y también los de la segunda”, en lo que el historiador Osvaldo Bayer calificó como “dos sucesos verdaderamente espectaculares” que revelaban “un verdadero talento organizativo”.[5]
Sobre el método de su primera fuga existen al menos dos versiones. Según Fernando Quesada.[3] Silveyra logró escapar disfrazado con ropa civil que le habían introducido en la cárcel, aprovechando el bullicio de las visitas para salir por la puerta principal tras presentar una tarjeta de control. Otra versión, narrada por la militante anarquista Salvadora Medina Honrubia en su libro Mil claveles colorados, sostiene que Silveyra salió del brazo de una compañera, vestido con un sobretodo y anteojos negros, aprovechando un momento de distracción de los guardiacárceles[1] Más allá de esas pequeñas diferencias, ambas versiones coinciden en que Silveyra se fugó saliendo por la puerta principal.
El Semanario anarquista La Antorcha, festejaba el suceso con estas palabras:
“Toda vez que nos es dado contemplar, ante una jaula vacía, la irritada sorpresa del burlado poseedor, nos sentimos alegrados, como si el libre aleteo del pájaro y sus gorjeos alegres tocaran nuestro corazón. (…)
Y cuando no es la puerta de una jaula, sino la de la celda de una cárcel la que se abre, y no un pájaro, sino un hombre el que alienta libre fuera de sus rejas, desborda de gozos nuestro corazón. Así estamos ahora, porque este es el caso. Ramón Silveyra, un compañero nuestro, condenado a 20 años de prisión por la Ley Social, se ha evadido de la cárcel el domingo último. La celda que lo retuvo prisionero está vacía; y sobre la mentada seguridad de la cárcel muequea la burla hiriente de la huida. (…)
Jaulas vacías, celdas abiertas, alegría del corazón”.[6]
El director de investigaciones, comisario Eduardo Santiago —definido por Osvaldo Bayer como un "gran amigo de Yrigoyen y viejo enemigo de los anarquistas"[7]—, ordenó al jefe de Orden Social, una división especializada en la lucha contra el anarquismo, que se encargara de la persecución de Silveyra. El auxiliar Fidel Zavala sería enviado por la Policía de la Capital Federal a Uruguay, en búsqueda del prófugo.
Recaptura y protestas contra su extradición
Silveyra fue recapturado en Carmelo, Uruguay, diez días después de haberse fugado. La posibilidad de su extradición hacia Argentina generó polémicas en torno a si los delitos por los cuales se lo acusaba eran delitos "comunes" o "políticos". Distintos grupos anarquistas de Argentina y Uruguay —así como de otros países— realizaron protestas[8][9] oponiéndose a su extradición. El periódico anarquista Trabajo, editado en Montevideo, advertía en su edición del 14 de abril de 1923:
“La justicia histórica, al servicio de los bastardos intereses de los capitalistas, tiene en sus velludas manos de fiera, la libertad de uno de nuestros mejores camaradas, Ramón Silveyra.
(...) ¿No está en el ánimo de los propios jueces que han de entregar a Silveyra a sus enemigos la certidumbre casi de que se sacrifica un inocente? ¿No conocen la falta absoluta de pruebas contra el acusado?
(...) Y aun admitiendo que los encargados de administrar la ‘justicia’ en este país, ignoraran todo esto, ¿no salta a la vista del más miope, que el hecho que motivó la condena de nuestro compañero Silveyra es de aquellos que, por su naturaleza, no pueden menos que clasificarse entre los hechos políticos y sociales, ya que ellos son determinados no por móviles particulares del individuo que los ejecuta, sino por móviles colectivos, en la lucha encarnizada sostenida por interés antagónicos dentro de la sociedad en que vivimos?” [10]
Tuvieron que pasar varios meses hasta que Uruguay aceptó el pedido de extradición del Estado argentino.[11] Esto finalmente sucedió el 5 de junio de 1923, cuando el Tribunal de Apelaciones de Uruguay, presidido por Alfredo Furriol, falló a favor de la extradición. Una semana después, un buque de guerra de la Armada Argentina atracó en el puerto de Montevideo y, en el marco de un operativo con medidas excepcionales de seguridad, Silveyra fue llevado a Argentina.[2][11]

Tras su regreso, fue trasladado a la Penitenciaría Nacional de la Avenida Las Heras en la ciudad de Buenos Aires, donde compartió celda con el bandido rural puntano Marcos Vallejos a partir de fines de junio de 1923.[12]

Segunda fuga y desaparición
El 23 de agosto de ese mismo año, Silveyra se fugó por segunda vez junto con trece compañeros de prisión a través de un túnel excavado desde el taller de escobería.
Algunas fuentes señalan que el plan de escape se había puesto en marcha meses antes de la llegada de Silveyra a la Penitenciaría Nacional, mientras que otras fuentes lo atribuyen a Silveyra y a Marcos Vallejos,[13] destacando la participación en la planificación de Miguel Arcángel Roscigna.[5]

Desde el Semanario anarquista La Antorcha, celebraron la noticia de esta forma:[14]
¿Qué hemos de decir, a las tres semanas de su segunda evasión, que no sea a destiempo? ¿Y para qué subrayar, con nuestras palabras, la ironía de la huída que muequea sobre la cárcel, si tan cruda la hace ya su repetición en tan corto tiempo? Sólo queremos saber que nuestro compañero está otra vez en libertad; sólo deseamos poder decir esta semana y la otra, este mes y el que le sigue, este año y el que vendrá, ahora y siempre, que Silveyra sigue en libertad. Y esto no necesita ser cantado en letras; le basta con alegrar los corazones.[14]
Antes de desaparecer, envió su gorro de presidiario al diario Crítica, con instrucciones de entregarlo al inspector Santiago, jefe de Investigaciones, en un gesto simbólico de desafío.[2]
Se cree que tras esta fuga se refugió en la Patagonia, donde permaneció varios meses antes de esfumarse definitivamente del registro histórico.[11]
La fuga de los 14 fue un golpe a nivel institucional que derivó en la remoción de los directores de la Penitenciaría Nacional de Avenida Las Heras y la intervención de otras Penitenciarías. [11]
Legado
Silveyra es recordado como una figura emblemática del anarquismo obrero gallego en Argentina. Su historia, vinculada a redes de solidaridad ácrata transnacionales y a figuras como Roscigna, ha sido recuperada en relatos periodísticos, pódcast y estudios históricos sobre la represión y la resistencia en el Río de la Plata.[12]