La actividad textil basada en la lana fue el motor económico de la ciudad de Béjar desde finales del siglo XIII. Las principales razones fueron el fácil acceso a la materia prima, por la propia cabaña ganadera, y por encontrarse en una zona próxima a acañdas de trashumancia, y la abundancia de agua, su buena calidad para el lavado y la fuerza de la corriente, que permitía la instalación de máquinas hidráulicas[1] En un inicio comienza a desarrollarse en pequeños obradores ubicados dentro del casco urbano de la ciudad, desde ese momento hasta la actualidad no ha cesado dicha actividad en el municipio pese al declive que sufre actualmente (2018).
La industria textil ha experimentado un crecimiento potenciado por diferentes agentes sociales en distintos momentos de si historia, en primer lugar el impulso dado por los duques desde el siglo XVI llegando a construir el tinte del duque por petición popular (edificio del que por desgracia solo se conservan algunas piezas de cantería) y por otro lado el auge surgido durante lo que consideraremos la Revolución Industrial en la ciudad, construyendo durante este periodo las grandes fábricas textiles en torno al río Cuerpo de Hombre para aprovechar la fuerza de sus aguas en la producción de energía y los procesos de fabricación.
Es el primer periodo, de influencia ducal el que nos interesa para el caso particular de la Real Fábrica. Durante estos siglos los Duques monopolizaban la actividad textil en la ciudad lo que provocaba una dependencia entre los fabricantes y la casa ducal.